martes, 23 de febrero de 2021

                    


colección de medicamentos indígenas y sus aplicaciones (extraídos de los reinos vegetal, mineral y animal)

1. Abejas: si se toman tres de estos insectos y se secan y se pulverizan, poniendo luego los polvos en un poco de vino blanco, servirán para la supresión de orina, tomado por cucharadas.

2. Avispones: las casuchas que forman estos insectos en los árboles o en las paredes y techos de las casas, etc., son de una tierra muy escogida y bastante eficaz para curar las erisipelas y toda suerte de hinchazones, disolviendo aquella en agua (véase greda).

3. Abrojo: esta planta es astringente y su cocimiento se receta para la blenorrea, para las oftalmías y para las afecciones del pecho. En las hinchazones de las piernas es eficaz en baños. El zumo asociado con miel de abejas se usa para las úlceras de la boca. En cataplasmas se aplica para las inflamaciones, especialmente del hígado. La semilla jojota, molida y diluida en agua de raíz de espárrago, se toma para la piedra en la vejiga.

4. Acelga: tomado el zumo de las hojas de esta planta, se hacen con él absorciones para descargar la cabeza de la pituita. El cocimiento simple se toma para corregir la sangre. El zumo con un poco de sal es un laxante suave para los males del hígado: para este órgano se aplican también las hojas en cataplasmas, y se comen con mostaza y vinagre.

5. Aceite de palo o sea bálsamo de copaiba: sirve para curar las úlceras o heridas aplicándolo tibio en unas hilas. Interiormente, es un buen purgante estomacal y nervino, para lo cual se aplica en las apoplejías y convulsiones: aprovecha en los reumatismos, dolores cólicos y de ijada; cura la gonorrea y flores blancas, tomando desde media hasta una cucharilla de las de café; mueve los menstruos, limpia los riñones, uretra y vejiga de los humores crasos y arenosos que se relajan y ulceran, purifica los pulmones y cura el empiema, asma y tisis. En estas afecciones del pecho se da en dosis desde ocho gotas hasta veinte, disuelto en vino blanco, en el cual se incorporará una yema de huevo. El cocimiento de la corteza del árbol sirve para baños en el reumatismo crónico, parálisis y tétano, así interior como exteriormente. Para las heridas y úlceras se confecciona un emplasto con partes iguales de aceite de palo, cera blanca, aceite de olivas y jabón de Castilla: la cera y el jabón se ponen primero en una vasija vidriada a fuego lento; cuando estén derretidos se les agregan los aceites; luego que dé el primer hervor, habiéndose removido antes los ingredientes, se aparta del fuego la vasija y se guarda para el uso. Este emplasto lo llaman zaraza, porque el general de este nombre lo aplicaba en nuestras llanuras a los soldados de su mando en la Guerra de la Independencia, y se ha tenido por una invención suya. El precioso árbol de que hablamos se creía en abundancia en nuestra República, y esencialmente en el Orinoco. En las ulceraciones del recto se aplican inyecciones compuestas de la yema y clara de un huevo de gallina con una cucharadita de aceite de palo, todo bien batido, cada veinticuatro horas y al acostarse. Por la mañana se aplicará otra del cocimiento de un cogollo de algodón con palo de campeche (véase cuerno de ciervo).

6. Acero: es el hierro refinado, muy puro y quebradizo, cuyas limallas se aplican a los mismos usos que el común (véase hierro); además, es preferible para expeler las lombrices, para disecar la matriz y tener las flores blancas. Al efecto, se toman limaduras sin preparación en dosis de cuatro onzas y de canela  quebrantada media onza, puesto todo en dos botellas de vino dulce por tres días en sitio cálido, se remueve de tiempo en tiempo y se toman tres o cuatro horas antes de comer, tres o cuatro onzas, paseándose después. 

7. Achote (llámese también onoto): las hojas se aplican para los dolores de cabeza y de la cara, nerviosos o de irritación; el cocimiento de las mismas se toma en buches para las inflamaciones o escoriaciones de la boca, y en lavativas en las enfermedades del recto.

Poniéndose las semillas en buena cantidad de agua caliente por algunas horas, y restregadas después hasta que se desprenda la tinta que ellas contienen, se encontrará a poco tiempo cubierto el fondo de la vasija de una masa o sedimento rojo, el cual, después de decantada el agua, se pondrá a secar al Sol. De estos polvos se disolverán dos dracmas en una copa de cocimiento fuerte de raíz de brusca, la cual se tomará por la mañana y a la noche después de endulzada, como un eficaz remedio para el menstruo. La misma dosis en agua de lechuga o de saúco se toma para el asma, pleuresías y disneas, y con muy poca agua de modo que quede espesa, se pone con unas plumas en las erisipelas y en cualquier otra irritación. Incorporado el polvo con aceite de olivas, cura las quemaduras, impidiendo que se levanten ampollas. Para la insolación de los animales basta ponerlos a la sombra del árbol de achote, o untarles la disolución de los polvos en la frente y detrás de las orejas. Los gargarismos compuestos de agua de arroz con una cucharada de vinagre y los polvos expresados, son muy celebrados en las anginas, y en buches para los chancros de la boca; también se toma esta poción en las fuertes caídas. Para el ahogo de los niños y aun para el asma en general, se ponen las semillas en un lienzo no muy tupido y bien atado se coloca en la vasija en que por la noche se ponga el agua natural suficiente para beber al siguiente día. En las fiebres tifoideas y de insolación, se tomará una copa de agua de cebada en la cual se haya hecho un carato, con las semillas mojadas, el cual debe estar bien caliente, aplicando al mismo tiempo unciones compuestas del sedimento que dejan dichas semillas al ponerlas en el agua hirviendo, al cual se añadirá aceite de coco. Las unciones se darán en la frente, sienes y en toda la médula espinal. Para estos remedios se escogerá la hora en que no haya recargo. El cocimiento de las semillas, endulzado, se tomará dos veces al día para la ictericia y también las diarreas hepáticas, poniéndose al mismo tiempo inyecciones del mismo cocimiento con almidón o carbón de coco.

8. Agallas: es un eficaz astringente. El ungüento que se confecciona con la fruta se aplica con éxito a las hemorroides. También se hace uso para estas y otras enfermedades, del cocimiento fuerte aplicado exteriormente. Con la fruta machacada se hace una buena tinta para escribir. Para las flores blancas, se aplican inyecciones al útero de la infusión de una onza de las frutas machacadas en una botella de agua hirviendo. Deben ponerse dos veces al día, y en cada vez, cuatro o cinco, siempre frías.

9. Ajenjo: esta planta es un amargo aromático muy estomacal y antihelmíntico: un tónico de los más eficaces que se conocen. El cocimiento de ella tomado por algunas mañanas en ayunas, basta para expeler las lombrices, aun la llamada solitaria: pero en este caso vale más tomar el zumo de dosis de dos o tres cucharadas, o una de tomar café, de los polvos en agua de yerbabuena.

Para contener los vómitos atónicos o espasmódicos, es muy recomendable el cocimiento, y mucho más la sal que se extrae de esta planta y con la cual se confecciona la mistura salina. El cocimiento en forma de té es esencialísimo en los cólicos espasmódicos y flatosidades intestinales, en las diarreas y disenterías, al fin de los períodos inflamatorios y en las obstrucciones atónicas en las vísceras abdominales. También se aconseja en las hidropesías y para la gota. En las hidropesías, se toman todas las mañanas veinte gramos de sal de ajenjo en un caldo sin sal, lo cual se continúa hasta que sane el enfermo. La dosis puede disminuirse según las circunstancias. El aceite que se compone de esta planta se unta en el vientre para confortarlo, disipar flatos y para matar las lombrices, y se usa también para los calambres y dolores nerviosos en fricciones a los brazos, muslos y piernas. Para la flaqueza del estómago o de cualquier otra parte, se toman dos botellas de buen vino blanco, en el cual se incorpora una nuez moscada en pedazos y un manojito de ajenjo; se tapa bien la vasija y se pone al Sol y al sereno por nueve días; cuélese entonces y se toma de él una copita en ayunas. Esto es igual a las gotas amargas que se venden en la botica.

10. Agua natural: el agua fría es tónica y refrigerante. Se aconseja tomarla dos o tres veces al día para que se haga buena digestión y para aflojar las irritaciones; úsase también en los casos de estreñimiento. Para sudar no hay remedio mejor que tomar una copa de agua bien fría y guardar cama arropándose con una frazada. Se repetirá la dosis si no se suda con la primera. El agua serenada se toma en las diarreas recientes y en los pujos, y es mucho mejor si se pone en ella unos pedazos de penca de tuna pelada; también es buena para lavatorios en las hemorroides. Los baños cortos de agua fría fortalecen los nervios y los de la tibia calman las irritaciones, favorecen los constipados y aflojan las fiebres ardientes: lo mismo acontece con las lociones hechas con una esponja. El agua tibia sobre caliente se pone en una vasija, y al acostarse se recibe el vaho en el ojo cuando baila a causa de un mal aire. También se usa para la erisipela poniéndola a menudo sin aplicar la mano. Las absorciones de agua tibia son buenas en los catarros, y la misma en pediluvios, para calmar los dolores de cabeza y de los callos. El agua, aunque sea mala o corrompida, se purifica cociéndola a fuego lento. Grandes son los beneficios reportados de algunos años a esta parte del sistema hidropático, muy especialmente en la terrible enfermedad del cólera asiático. Él consiste en la aplicación de los lienzos embebidos en agua fría, bien sea a todo el cuerpo, bien a la parte que padece, cubriéndolos luego con una manta de lana. Al mismo tiempo se hace tomar al enfermo una o más copas de agua fría, lo cual ha de producir un sudor copioso; en cuyo estado, si la aplicación de los lienzos es a todo el cuerpo, así sudado se pondrá en un baño general de agua fría, del cual se sacará a los cinco minutos, envolviéndolo otra vez en las mantas o telas de lana, siempre aplicándosele algunos vasos de agua. Si la fomentación ha sido parcial, se repetirá el fomento, aun cuando esté sudado, poniéndose siempre lana sobre él y bebiendo agua fría en cada acto. Cuando hay diarreas, se ponen inyecciones de agua fría y baños de cadera, también fríos. Cuando es un reumatismo incipiente lo que se pretende curar, se limita el procedimiento a lociones de agua fría en las articulaciones y ejercicio de seguida, tomándose en una hora y media tres o cuatro vasos de agua a todo andar. Esto último se hace también con muy buen éxito para las enfermedades del estómago y el asma ya en un estado crónico. Siempre que sea posible, ha de encomendarse a un facultativo la dirección de la cura.

11. Aguacate: la pepa o semilla de esta fruta cortada en pedacitos y estos tostados y pulverizados, sirve para las diarreas y disenterías, poniéndose diez o doce granos de polvos en un vaso de agua de chirca o de llantén, cuya dosis se repetirá tres veces al día. El cocimiento de las hojas excita y arregla los menstruos, tomándola dos veces al día; también se receta para las vómicas o apostemas internas, resultivas de fuertes caídas y contusiones. La cataplasma de las mismas hojas destruye las equimosis que causan los golpes. Para curar la epilepsia, se toma una dracma de los polvos dichos en agua de toronjil. El aceite que se extrae de esta fruta es excelente para las comidas, da una hermosa luz y se aplica para el pelo con mejor éxito que cuantos se conocen y usan al efecto.

12. Aguardiente de caña: se usa comúnmente para baños, unciones y fomentaciones en todos los casos de irritación. El aguardiente quemado hasta que se apague por sí, conteniendo en la vasija dos onzas de azúcar pulverizado y poniéndole luego agua bien caliente de flores de saúco, es un excelente pectoral para el resfriado y toses rebeldes. Agregado en dosis como de dos cucharadas a un vaso de cualquier acción sudorífica, la hace más eficaz. Mezclado con el zumo de pazote o yerbabuena, mata las lombrices. Untado tibio, de la garganta a la boca del estómago, repetidas veces, hace calmar la tos. El aguardiente quemado, y así caliente puesto en un lienzo en la vasija de modo que quede bien embebido, se usa para sentarse en él la persona que padezca de hemorroides llamadas ciegas, y sanará. Entra también el aguardiente en las cataplasmas frescas y en los ponches de huevo y zábila, que se toman ya para el pecho, ya para ayudar a provocar la gonorrea. Con el aguardiente confeccionan los farmacéuticos las tinturas y otros medicamentos; especialmente los antivenéreos (véase arroz). Puestas fomentaciones de aguardiente de 36º al pubis, tres veces al día, y tomándose al mismo tiempo los caratos de maíz cariaco con un polvo de nuez moscada, se cura en poco tiempo la impotencia.

13. Ajonjolí: la emulsión que se hace de las semillas, además de ser alimenticia, es muy buena para calmar la tos en los resfriados o catarros del pecho, tostándolas un poco antes de molerlas. También se extrae de las semillas un exquisito aceite que se aplica con éxito para las afecciones pulmonares, y al pelo de las señoritas para hermosearlo y abundarlo. Los caratos de ajonjolí se toman también para excitar o aumentar la leche de las criadoras, refregando al mismo tiempo las espaldas con el bagazo, y para detener los flujos uterinos y los abortos: al efecto debe tostarse bien la semilla (véase cocuiza).

14. Ajos: de la cabeza que contiene toda la simiente de esta planta, se hace uso para sazonar nuestras comidas; sirve también, machacándola entera y cociéndola en leche, para expeler las lombrices y como un excitativo de las mucosas gástricas e intestinales. Molida y mezclada con sebo, se usa por las gentes pobres, o donde no se tiene a mano la mostaza, para sinapismos. Para las ventosidades e indigestiones se traga entero un diente de ajo; para las lombrices que ocupan las vías altas, se cuelan al cuello varios dientes ensartados en un hilo; y para expelerlas, se toma en ayunas un vaso de leche en que se haya hervido una cabeza de ajos machacada. Esto se toma por seis días. A unos ajos molidos se les mezcla un poco de sangre de cresta de gallo, y todo se pone en medio vaso de vino blanco, para beberlo cuando sea necesario arrojar el veneno tomado. La cutícula de la cabeza se aplica en las pequeñas heridas o rompeduras que hayan cogido frío. Las hojas de la planta, secas y quemadas, ahuyentan a los animales ponzoñosos.

15. Albahaca: es a propósito para las fluxiones de ojos, poniéndola en vino blanco al sereno con unas rosas, o bien en agua natural endulzada con azúcar y agregándole como para un vaso, una cucharada de aguardiente de caña. El zumo instilado en los ojos en pocas gotas, cura las nubes y opacidades de la córnea; y disuelto en vino en que se hayan cocido unas hojas de cancanapire, sirve para el reumatismo y la perlesía. También se toma el zumo como diurético y para la ictericia. La cataplasma de las hojas se usa como resolutiva o madurativa de varios tumores: aplicada a la frente, hace expeler los gusanos de la nariz; y para curar los porrazos o contusiones, se pondrá en ellos, agregándole un polvo de sal amoníaco. Cortada la planta a distancia de cuatro dedos de la tierra, se arranca de raíz y, bien lavada esta, se ata en el muslo de la mujer de parto cuando hay dificultades para el éxito. El emplasto compuesto por hojas, flor de harina, aceite rosado y vinagre, se pone en los pulmones en sus enfermedades. La albahaca contiene mucho alcanfor y, por tanto, es contra la satiriasis, priapismo, ninfomanía, etc.; sus semillas despelusadas (restregándolas) se introducen en los ojos con nubes, y a la tercera cura desaparecen estas.La albahaca silvestre es preferible para el reumatismo crónico y contracción de nervios, en baños calientes.

16. Alcornoque: es un poderoso astringente. El cocimiento de la corteza se toma mezclado con vinagre y sal en las caídas y contusiones, y solo, con miel de abejas o azúcar cande, para la tisis ulcerosa o vómicas internas. También se usa el cocimiento para lavatorios en las úlceras cancerosas.

17. Algalias: las semillas en cocimiento o pulverizadas se toman para los espasmos y en el tétanos, produciendo brevemente los efectos más sorprendentes. También se confecciona a los mimos fines un aceite de vino tinto catalán por una noche, y se aplica este remedio en un migajón de pan de trigo a las almorranas, que sanarán prontamente, y mucho más si se agrega un pedacito de tabaco curado a la infusión.

18. garrobo: la resina, que es odorífica y semejante al incienso, se usa como medicina a propósito en las afecciones catarrales del pulmón y para el asma crónica. El cocimiento de la corteza se aconseja en baños, como corroborantes del sistema nervioso, en las perlesías, parálisis, etc., y conviene también tomarlo interiormente para la curación de estas enfermedades. El fruto verde, majado, se pone como bizma en las quemaduras recientes, y las cura dentro de ocho días. La corteza de la pieza que contiene el fruto se quema en los lugares en que haya cucarachas y otros insectos para destruirlos.

19. Algodón: son maravillosos los efectos que produce la aplicación del algodón bien desmotado a la garganta al principio de las anginas, tomando al mismo tiempo algunos refrigerantes apropiados y haciendo gargarismos de limonada o vinagradas. Aplicado de la misma manera a una quemadura reciente, la cura sin que levante ampolla. Los cogollos, machacados con un polvo de sal, matan los ardores en la sarna. El cocimiento de las hojas sirve para el reumatismo, el tétanos y las convulsiones. El zumo, tomado en dosis de una cucharada, cura las cámaras de los niños, sirve para el dolor de oídos, instilando en ellos algunas gotas. El algodón quemado y pulverizado se toma en dosis de un escrúpulo por quince días, todas las mañanas, en la menguante de la Luna, y con esto se destruyen los coctos o paperas; dichos polvos se toman sin ningún líquido. Las semillas pulverizadas se ponen en cantidad de un dedal en una yema de huevo tibia, y se toma esta medicina en ayunas para curar las cámaras de sangre. Las hojas, puestas en los dolores de reuma, los quita prontamente. El algodón, puesto en los corrimientos, interiormente los madura y los revienta. Las semillas tostadas se toman en forma de té para curar la diarrea. Del algodón denominado pajarito, se ponen las hojas calientes en el pubis para la retención de la orina. Se ha aplicado con éxito en la del cólera.

20. Almáciga: el árbol que produce esta preciosa resina abunda en las márgenes del Orinoco y en todos los lugares cálidos (véase indio desnudo). Ella es muy medicinal y se aplica en dosis de media onza en cocimiento de dos botellas de agua, para la blenorrea, las flores blancas y la diarrea, tomándola por agua común. Esta resina entra en algunos jarabes y se receta para muchas otras enfermedades. El emplasto de almáciga aplicado a las sienes cura los dolores de muelas provenientes del reuma. El aceite, untado caliente en el estómago y lomos, detiene los abortos, ayuda a la retención de las diarreas, ablanda los tumores, conforta el cerebro y los nervios, y quita las manchas de la cara.

21. Almidón: el que se extrae de la yuca sirve para lavativas en las afecciones intestinales, poniéndolo en un vehículo conveniente de modo que quede bien incorporado. También se toma interiormente en las inflamaciones de la mucosa gástrica y en las diarreas y pujos, poniendo una cucharada en un vaso de agua de azúcar o papelón con una corteza de limón ácido; igualmente se receta para gargarismos en las anginas; y puesto en aguardiente de caña, sirve para tomar buches en los dolores de muelas de irritación, en cuyos casos se unta también exteriormente. Espolvoreado en el cuerpo con la agregación de polvos de canela, detiene los síncopes (véase escoba amarga); y puesto en las erisipelas, ayuda a su curación. Puesto en vino blanco y agregándole el zumo de llantén o ruda, se instila en los ojos para curarlos. El almidón que se extrae del apio y de la papa, que son los mejores, y el que produce la planta llamada aquí impropiamente sulup, son alimenticios, con preferencia el del apio, y sirven, lo mismo que el de la yuca, para los males arriba anotados.

22. Alhucema: esta planta aromática es de las más celebradas por sus virtudes medicinales. Puesta en infusión en vino blanco, en botella o vasija tapada y expuesta al Sol por tres días, cura los dolores que produce el reuma untándolo en la cabeza y la cara, cubriéndose luego con una franela o pañuelo. Esta misma medicina sirve para cualquier otra dolencia proveniente del frío, aire, humedad, etc. Pulverizadas las hojas, se usan para los niños recién nacidos en quienes se nota algún entorpecimiento nasal, aplicándolas a la mollera, que se cubrirá luego con lana o algodón. Úsase también para sahumerios en las piezas de la casa que los necesitan, tanto por su buen olor como porque entre los desinfectantes es este el más conveniente a los enfermos, si son estos los que motivan la desinfección. 
Puede hacerse también la infusión arriba anotada en aguardiente de uvas y agregársele otros aromáticos, en cuyo caso se hace más eficaz el remedio.

23. Amargosa (llámase también santamaría): esta planta lleva las hojas semejantes a la de la yerbabuena, pero mucho más grandes, y produce unas flores encarnadas. Parece indudable que esta planta es la misma de nuestro guaco, puesto que tiene sus propiedades y produce iguales resultados en sus aplicaciones. La amargosa es eficaz remedio para hacer supurar las llagas y curar el cáncer. En cataplasmas, se aplica a las úlceras cancerosas y las modifica, preservándolas de putrefacción. El cocimiento fuerte de la raíz se ha aplicado con éxito en el cólera asiático agregándole la manzanilla. Para muchas otras enfermedades debe servir esta yerba preciosa, que con el tiempo será más estimada, en proporción que sean mejor examinadas y reconocidas todas sus virtudes y propiedades medicinales.

24. Amapola: este árbol es lacticinoso. Florea extremadamente y sus flores exhalan un olor agradable. De los cogollos se extrae un líquido lechoso glutinante, que se usa para bizmas en las quemaduras y dislocaciones de los huesos. También se aplica este remedio para curar la tiña y para otras afecciones de la epidermis con buen resultado. El té ligero de las flores es un excelente pectoral por sus cualidades calmantes, sudoríficas y mucilaginosas; se usa especialmente en las ronqueras. El cocimiento fuerte de las mismas es un calmante eficaz y suple al de las adormideras; se toma también caliente en el dolor de costado.

25. Amores secos: el cocimiento de las flores o semillas de las hojas se usa para lavatorio en las úlceras y escoriaciones, y para lavativas en los pujos y enfermedades intestinales. Las hojas machacadas se aplican para frotaciones en las afecciones cutáneas, y el cocimiento de la raíz para los catarros pulmonares y de la vejiga. Los cogollos mascados y puestos en una úlcera o escaldadura la sanan brevemente.

26. Angelón: el cocimiento de las flores en forma de té es un excelente pectoral. También se confecciona con ellas un jarabe en el cual entran otras flores, como las de violeta, borraja, saúco, etc., y el azúcar cande; tómase de él mañana y noche en dosis de tres cucharadas para curar los catarros crónicos, toses rebeldes y otras afecciones del pecho, obrando sus efectos por la transpiración. El angelón es uno de los mejores sudoríficos.

27. Anís: se usa con éxito para expeler los flatos y curar las enfermedades del estómago de causa fría, tomado en forma de té. También se aplica en fomentaciones a los mismos fines y en unciones grasosas. En los jarabes antivenéreos y opíatas, entra también el anís como un aromático muy apropiado para la combinación de los demás medicamentos. En los retorcijones de las recién paridas (llamados vulgarmente entuertos), se dan polvos compuestos de anís, nuez moscada y canela, de cada cosa ocho granos en un poco de vino, y pronto desaparecen. Para los vahídos, se pone el anís en vino blanco por un cuarto de hora; se le agregan unas pasas sin las semillas y se comen en clase de desayuno. También es eficaz beber el agua de cardosanto. Para el zumbido de los oídos, se instila en ellos el zumo bien caliente y se tapan con algodón.

28. Añil: es preferido el silvestre, y se usa para curar la sarna machacando las hojas y poniéndoles un polvo de sal común; de esta composición se dan fricciones después de haberse bañado y restregado con jabón negro. Debe el enfermo refrescarse al mismo tiempo y evacuarse. En forma de cataplasma se aplica también el añil para curar las heridas y úlceras, las cuales se cicatrizan prontamente, si no existen humores malignos que lo impidan y deban evacuarse previamente.

29. Apio: el suco de la raíz, tomado en dosis de cuatro a seis cucharadas con polvo de sal común, es un excelente purgante suave. Para lavativas, se usa se usa el cocimiento de la parte de la cabeza; ellas son muy eficaces para excitar el menstruo, agregándoseles raíces de perejil, mastuerzo, brusca y otras apropiadas. El cocimiento de los cogollos se aconseja como eficaz diurético. La raíz entra en los jarabes antivenéreos asociada con la escorzonera, la zarzaparrilla, etc. El cocimiento de las semillas se receta para matar las lombrices. El zumo de la raíz mezclado con vino se toma para extraer el frío del estómago; y se usa, en dosis de dos a cuatro cucharadas en cocimiento de cardosanto, en las tercianas o cuartanas antes de entrar el acceso, no habiéndose comido sino sopas u otra cosa ligera. Para las muelas agujereadas, se toma un buche de aguardiente fuerte y luego se les pone un palito de apio que llene la cavidad de la picadura, o bien una raspadura de la raíz. También es bueno llevar al cuello un pedacito de raíz para los dolores de muelas. El zumo de esta, bien batido con una clara de huevo, se aplica en fomentos a la frente para las enfermedades de los ojos y dolores de cabeza. El mismo zumo con aceite violado(1), untado en la frente, sirve para el insomnio. Los polvos de la raíz con los de almáciga y tabaco se aplican al ano en cataplasma para almorranas. Los polvos de la semilla reunidos con los de la raíz de celedonia y tomados por las narices, provocan el sueño. Los polvos de la semilla de apio en cocimiento fuerte se toman para expeler las lombrices. El zumo de la raíz, embebido en un migajón de pan, se pone en forma de cataplasma en los pechos hinchados de la mujer que cría, y se curan fácilmente.

30. Arañagato (vulgarmente se llama ñaragato): el zumo de las hojas, aplicado a las sienes, alivia los dolores de cabeza, y mezclado con aceite de tártago o ricino, cura el de oídos y las apostemas que en ellos se forman. El cocimiento de las hojas o de la raíz se receta en los pujos disentéricos, y las cataplasmas, de las primeras en las obstrucciones del bazo. Las hojas solas se ponen también en los oídos, en las sorderas, dolores y zumbidos de este órgano.

31. Artemisa: esta planta es antinerviosa y excitativa. Para el reumatismo y dolores ciáticos, se dan baños calientes de su cocimiento y se aplican fomentaciones; es mucho más eficaz que la cocción se haga con orines de niño. Cocida la artemisa en leche y haciendo con ella y la bosta de vaca seca una cataplasma, se pone esta en el lugar del dolor reumático y a poco lo hace desaparecer. Tomándose diariamente medio vaso del zumo de esta yerba, se echará pronto la piedra o arenas de la vejiga. Cocidas las hojas (1) Aceite de color violeta. en vino y bebiendo este diariamente en cantidad de medio vaso, cura la matriz. El zumo mezclado en buen vino y tomado caliente, acelera el parto. El zumo de la raíz tomado en vino sirve para las palpitaciones del corazón. Puesta en este una bolita que contenga hojas de artemisa, le dará vigor y osadía. Aplicadas al ano las hojas calientes, conducen a la curación de los pujos. Los polvos de las hojas, tomados en dosis de una cucharadita, en vino blanco u otro líquido, surten los mismos efectos que los zumos en los casos arriba indicados. El zumo tomado en vino en ayunas es un contraveneno muy eficaz.

32. Arroz: se hace con él una emulsión refrigerante muy agradable y a la vez alimenticia. Esta misma se compone con el arroz tostado y se aplica para las diarreas y pujos; también se toma el simple cocimiento hecho en agua acerada, o comer el arroz cocido en ella. En las anginas, se hacen gargarismos con el agua de arroz y rosas, poniéndole a cada vaso una cucharada de buen vinagre. Los polvos de arroz bien cernidos se ponen con una pequeña parte de piedra lipis en algunas úlceras; y tostados y cernidos se aplican en dosis de media cucharada con otro tanto de polvos de grama para curar las diarreas y los pujos, endulzando antes el líquido que contenga aquellos, que puede ser de pan quemado. Los mismos, en cantidad de dos onzas, puestos en una botella de aguardiente de caña y agregándole una clara de huevo, se remueven bien, y a las veinticuatro horas puede untarse en el cutis para hermosearlo y quitar las manchas. El cocimiento de arroz, anís y vinagre, todo en muy poco agua sirve, en forma de cataplasma y bien caliente, para ponerla en el bajo vientre en las cámaras de sangre. El agua de arroz tostado contiene los flujos excesivos del menstruo, aplicándose al mismo tiempo a la cintura una madeja de cocuiza embebida en aguardiente de caña, cuya madeja se humedecerá cuando se seque.

33. Astroloja: se encuentra regularmente en los lugares húmedos y a orillas de los ríos; las hojas son grandes y redondas; cocidas estas en vino y aplicadas a las irritaciones, las hace desaparecer. En cataplasmas se usan para el reumatismo y para hinchazones de los hidrópicos, quienes deberán tomar también su cocimiento dos o tres veces al día. Es de creerse que esta planta tenga muchas otras virtudes, no descubiertas hasta ahora por la falta que se nota en este país de los conocimientos científicos en el importante ramo de la Botánica. Paréceme que el verdadero nombre de esta planta es el de austeroloquia, tan conocida en la Medicina y que se corrompido con el uso vulgar.

34. Auyama: sirve toda la fruta para cataplasmas refrigerantes, particularmente cuando está jojota; las tripas son preferibles al intento. Las semillas se usan para emulsiones, así como las de los melones y patillas, y se aplican como refrigerantes pectorales en las afecciones del pecho y otras irritaciones. Las hojas, machacadas con un polvo de sal común, matan la sarna y el arestín de las bestias, después de bien enjabonada y restregada la parte que padece. El tronco que está adherido a la fruta se seca y se cuelga en el cuello a los niños en pequeñas fracciones para facilitarles la dentición. El cocimiento de las hojas se toma para curar las diarreas. La horchata de la semilla se receta para expulsar la tenia o solitaria, así como las de calabaza (véase).

35. Azafrán: en las afecciones orgánicas de las partes genitales, por debilidad, se aplican los polvos de seis a veinticuatro gramos en infusión de buen vino blanco, y exteriormente una pulgarada en cocimiento de quino y romero que ocupe una botella. También se incorpora el azafrán en las cataplasmas que se aplican en las irritaciones y tumores. La persona que lo lleve consigo en un saquito no se mareará cuando navegue.

36. Azahares: el agua destilada por alambique se usa para moderar la aspereza de algunos medicamentos, y como sudorífica, antiventosa y antinerviosa, poniéndola en un vehículo conveniente. La manteca que se prepara con las mismas flores se aplica en los dolores cólicos, las irritaciones cutáneas y en los dolores y contracciones nerviosas. Además, sirve para confrontar el corazón, así como el agua destilada de sus flores en vino o cocimiento de cardosanto; las fricciones tibias de dicha manteca en las rodillas, pies y brazos, se usan para excitar suavemente el sudor.

37. Azajarito: el cocimiento de las hojas es un eficaz emenagogo y se toma también para el mal de orina. Para lo primero, se aplica en baños calientes a las piernas y pies, con lo cual se excita regularmente el menstruo de un modo maravilloso.

38. Azogue: este mineral es sumamente apreciado por sus cualidades medicinales. Prepáranlo los farmacéuticos bajo diferentes formas, aplicadas a varias enfermedades, especialmente las venéreas, por lo cual me limitaré a expresar aquí el uso de él en algunos casos simples, pues ha de saberse que en otros graves se hace necesaria la intervención de los profesores, quienes hacen en el día milagrosas curaciones con este mineral. El azogue, puesto en dosis de cuatro onzas en agua natural y tomada esta por común, cura las diarreas y pujos y hace expeler las lombrices. La misma dosis de que se hace uso en la primera vez puede servir por mucho tiempo, bastará reemplazar el agua que se bebe. Un poquito de azogue mezclado con manteca o unto y removidos en un mortero o almirez hasta que se unan, sirve para embeber unos cordoncitos que, atados luego en la cintura, piernas, brazos, etc. (según convenga), matarán la sarna por inveterada que sea, teniéndose cuidado de hacer hervir las sábanas y vestidos que se usen cada tres días a lo más. El mismo ungüento con un poco de trementina, aceite de ruda, ceniza de sarmiento y una parte de incienso pulverizado, todo bien unido por medio del mortero, se aplica para curar los empeines rebeldes, aun los que vulgarmente se denominan caballudos. Esto mismo sirve para unciones en las enfermedades venéreas.

39. Azúcar: es un buen atenuante y refrigerante de la sangre, disuelta en agua natural, y sirve, además, para modificar el mal sabor de algunos medicamentos. El agua de azúcar calma muchas veces la inflamación de los ojos bañándolos con ella. Los polvos, bien molidos, se aplican a las heridas y roturas, muy particularmente las de la boca; y puesto en aguardiente de caña, se quema este hasta que se apague, y en el melado que resulta se incorpora agua de flores de saúco bien caliente y se toma para la tos proveniente de catarro y otra causa fría; también se toma el melado solo, en cucharadas, particularmente al acostarse. El azúcar cande es un exquisito pectoral y se asocia a todos los medicamentos de este género y a los colirios para las enfermedades de los ojos. Si a una onza de los polvos de este azúcar, bien cernida, se añade media de flores de azufre y con esta mezcla se pulveriza y se come una tostada embebida en vino dulce, se aliviarán los accesos del asma y falta de respiración. El azúcar rosada se aconseja para el catarro en dosis de una cucharada al levantarse, tomando encima una taza de té con agua de azahares, y quedándose recogido una hora por lo menos.

40. Azucena: el té de estas flores es un recomendado sudorífico que equivale al de saúco, borraja, etc., y tiene la tonicidad y demás cualidades de la manzanilla, obrando como estomacal. Las hojas de la planta, puestas en las sienes, alivian los dolores de cabeza; al mismo fin de calmar las irritaciones, pueden ponerse en cualquier otra parte. La cebolla que sirve de raíz a esta planta, después de seca y pulverizada, se da en las hidropesías asociadas a otros medicamentos.

41. Azufre: es un eficaz antiespasmódico y un excitativo de las vísceras abdominales. La flor, con doble cantidad de crémor tártaro, tomada en dosis de una cucharada tres veces al día, cura las hemorroides. Una dracma de la misma flor con un poco de grasa de cerdo y zumo de naranjas agrias, se pone al Sol y cuando esté todo bien incorporado se aplica en unciones al pecho y garganta para curar la ronquera. Al mismo fin, se asegura que bastará dormir con un pedazo de azufre atado en la mano. Para matar la sarna, se pone media onza de flor de azufre en dos de manteca de cerdo y se agregan dos dracmas de amoníaco y una cucharada de limón agrio. Con esta untura se darán fricciones después de haberse lavado con jabón negro. Para el asma, se mezclan dos cucharadas de flor de azufre con ocho de azúcar rosada; y bien incorporados, se tomará una cucharada mañana y noche, por tres días. Para el mismo mal, se toma el azufre en la forma prescrita en el artículo azúcar (véase). Pónese también el azufre en el agua de beber con el fin de quitarle la crudeza, y en polvos en el baño de los que padecen sarna. El humo de azufre quemado ahuyenta los murciélagos y demás animales dañinos. Para mitigar la sed en las fiebres intermitentes, se da agua fría en un vaso con cuatro o cinco gotas de espíritu de azufre, batiéndolo bien antes de tomarlo.

42. Azúcar: es un buen atenuantey refrigerante de la sangre, disuelta en agua natural, y sirve, además, para modificar el mal sabor de algunos medicamentos. El agua de azúcar calma muchas veces la inflamación de los ojos bañándolos con ella. Los polvos, bien molidos, se aplican a las heridas y roturas, muy particularmente las de la boca; y puesto en aguardiente de caña, se quema este hasta que se apague, y en el melado que resulta se incorpora agua de flores de saúco bien caliente y se toma para la tos proveniente de catarro y otra causa fría; también se toma el melado solo, en cucharadas, particularmente al acostarse. El azúcar cande es un exquisito pectoral y se asocia a todos los medicamentos de este género y a los colirios para las enfermedades de los ojos. Si a una onza de los polvos de este azúcar, bien cernida, se añade media de flores de azufre y con esta mezcla se pulveriza y se come una tostada embebida en vino dulce, se aliviarán los accesos del asma y falta de respiración. El azúcar rosada se aconseja para el catarro en dosis de una cucharada al levantarse, tomando encima una taza de té con agua de azahares, y quedándose recogido una hora por lo menos.

43. Azucena: el té de estas flores es un recomendado sudorífico que equivale alde saúco, borraja, etc., y tiene la tonicidad y demás cualidades de la manzanilla, obrando como estomacal. Las hojas de la planta, puestas en las sienes, alivian los dolores de cabeza; al mismo fin de calmar las irritaciones, pueden ponerse en cualquier otra parte. La cebolla que sirve de raíz a esta planta, después de seca y pulverizada, se da en las hidropesías asociadas a otros medicamentos.

44. Azufre: es un eficaz antiespasmódico y un excitativo de las vísceras abdominales. La flor, con doble cantidad de crémor tártaro, tomada en dosis de una cucharada tres veces al día, cura las hemorroides. Una dracma de la misma flor con un poco de grasa de cerdo y zumo de naranjas agrias, se pone al Sol y cuando esté todo bien incorporado se aplica en unciones al pecho y garganta para curar la ronquera. Al mismo fin, se asegura que bastará dormir con un pedazo de azufre atado en la mano. Para matar la sarna, se pone media onza de flor de azufre en dos de manteca de cerdo y se agregan dos dracmas de amoníaco y una cucharada de limón agrio. Con esta untura se darán fricciones después de haberse lavado con jabón negro. Para el asma, se mezclan dos cucharadas de flor de azufre con ocho de azúcar rosada; y bien incorporados, se tomará una cucharada mañana y noche, por tres días. Para el mismo mal, se toma el azufre en la forma prescrita en el artículo azúcar (véase). Pónese también el azufre en el agua de beber con el fin de quitarle la crudeza, y en polvos en el baño de los que padecen sarna. El humo de azufre quemado ahuyenta los murciélagos y demás animales dañinos. Para mitigar la sed en las fiebres intermitentes, se da agua fría en un vaso con cuatro o cinco gotas de espíritu de azufre, batiéndolo bien antes de tomarlo.


45. Bálsamo: es un árbol sumamente sudorífico, cuya corteza en cocimiento sirve para lavatorios en las enfermedades de la vista. Tomado interiormente, es un excitativo de la orina y cura las apostemas del pulmón, el dolor ciático, la epilepsia, el asma y el tétanos. El bálsamo que destila el tronco es un buen confortativo para el estómago. En el tétanos se pone un algodón en el ombligo y, mezclado con aceite de olivas, se usa para fricciones en el vientre y caderas en los partos difíciles. A ellas se aplica también mezclado con sebo y puesto en una bandana para curar la leucorrea o flores blancas.

46. Bandolera (véase galicosa).

47. Barbasco: esta yerba, machacada y aplicada en fricciones, cura prontamente la sarna, la tiña, los empeines rebeldes y otras enfermedades cutáneas. La raíz, majada y puesta en infusión por doce horas en media botella de vino blanco, y además unas hojas de suelda-con-suelda, cura radicalmente los cólicos, diarreas crónicas y heridas de nervios, tomando por tres mañanas consecutivas media cucharada. Puede también tomarse a cualquier hora en que el paciente se vea invadido por el dolor. El cocimiento de la misma en agua se toma para la retención de orina, cálculos y catarro crónico de la vejiga, y también en buches para los dolores de muelas. El zumo con vino se da en los accesos del frío y en las calenturas intermitentes. La cataplasma de las hojas se aplica a los dolores reumáticos y de la gota.

48. Batata: cocida la raíz, se aplica en forma de cataplasma a las quemaduras, erisipelas y demás partes inflamadas, mezclándose en el primer caso un tanto de aceite de olivas. También se usa para las úlceras, asociándole un poco de vino y unas gotas de aceite de palo.

49. Batatilla: es propiamente la pazaña o mechoacán; esta raíz es muy común en este país, especialmente en los llanos, donde se encuentra a cada paso; regularmente es gruesa en su medianía y piramidal en los extremos, naciendo de ella un prolongado bejuco de color rojo que lleva las hojas en figura de corazón. La raíz hecha ruedas se pone a secar, se pulveriza y se toma de ella una dracma y media para purgarse suavemente; al efecto, se pondrán los polvos en vino blanco o en cualquier otro vehículo apropiado. El mismo efecto produce el almidón extraído de dicha raíz, el cual se administra en doble o triple cantidad, en proporción de la robustez del sujeto que ha de purgarse. Para la tisis, véase melón.

50. Bejuco de cadena: el cocimiento fuerte del bejuco o de la raíz con tres cucharadas de miel rosada, se da para curar los pujos y la disentería. También es excelente remedio para las hemorragias agregando al cocimiento unas hojas de llantén y de rosas. El bejuco, cortado a lo largo en fracciones delgadas, sirve para las fracturas y dislocaciones de los huesos atándolos a ellos, y para el reumatismo aplicándolo del mismo modo a las partes doloridas. Puesto un manojito en el agua de beber en dosis como para tres días, se tomará aquella por nueve para curar el mal venéreo, pues, si no al primero, al segundo novenario de dicha agua desaparecerán los tumores, úlceras, purgaciones, dolores, etc. Se comenzará a tomar el agua al segundo día de estar en infusión el bejuco en dosis de tres vasos al día: uno en ayunas, otro antes del almuerzo y el tercero al acostarse. Dieta, la regular. Este bejuco es mucho más eficaz que la zarzaparrilla para todos los males venéreos.

51. Bejuco del diablo: es una planta sarmentosa de hojas puntiagudas y opuestas que producen unas flores blancas. Las hojas se aplican en fricciones tibias para el reumatismo, y el cocimiento fuerte para baños en la misma enfermedad. El bejuco lo atan las gentes del campo en las partes doloridas para curarse.

52. Bejuco estrella: la raíz se aplica como un tónico de los más celebrados para las fiebres, diarreas crónicas, etc., sea en polvo o en infusión de vino. Se asegura que ella es la misma o muy semejante a la de Colombo.

53. Bejuco moreno: tiene su interior de un color amarillo subido. Se aplica para curar el mal venéreo poniéndose una onza con dos botellas de agua al fuego en cada día hasta que se reduzca a la mitad, que se tomará como se indica para el bejuco de cadena.

54. Berenjena: la cataplasma del fruto maduro se aplica con aceite de coco a los tumores y apostemas; del mismo modo se pone en las hemorroides, aunque es mejor el ungüento que de él confeccionan los boticarios, o bien el que sigue: en vasija apropiada, se pone al fuego media libra de aceite de Castilla con una berenjena regular hecha pedazos y un puño de recortes de cascos de bestias; y luego que esté muy bien hervido y se haya consumido la parte acuosa de la fruta, se cuela y así caliente se le incorporan dos dracmas de cardenillo bien molido y unos pedacitos de cera nueva hasta que se forme la pomada. Esta última se aplica solo en las almorranas fluyentes, siempre fría.

55. Berros: el zumo solo o el jarabe de esta planta se aplica para curar el escorbuto y también en las afecciones escrofulosas. En el primer caso se dan todas las mañanas de cuatro a seis onzas del zumo fresco. El jarabe se prepara para los niños, y se les da una cucharada mañana y noche. El zumo terciado con leche de vacas o de cabras se toma para las enfermedades del pecho, y para otras en que sea conducente corregir el estado de la sangre. Los berros comidos a la hora de cenar y al acostarse beber agua tibia, es remedio probado para el estreñimiento. Tomado el zumo en dosis de cuatro cucharadas en infusión fría de unas cortezas de guásimo, dos o tres veces al día, se aplica con éxito para el hígado, dándose al mismo tiempo baños abombados.

56. Biznaga: esta planta, muy parecida a la de eneldo, es todavía más eficaz que esta y la del hinojo para curar los cólicos y demás afecciones estomacales. Al intento basta tomar una palmita de las que contienen flores o semillas y ponerla en agua hirviendo en forma de té para tomar un vaso endulzado.

57. Bola de ganado: raspado hasta obtener una cucharada de polvos, se ponen estos en una botella de aguardiente de la cual se tomarán ocho cucharadas al entrar el frío en las fiebres que anuncian con este síntoma. Ha de removerse bien la botella antes de tomar la dosis expresada. Sirve también este remedio para las mujeres que padecen de la matriz.

58. Boro: nace a orillas de las lagunas y lugares pantanosos; es semejante a la col, pero las hojas son más grandes. El vástago es el que se usa carbonizado para aplicar los polvos a las úlceras inmundas, a fin de limpiarlas y encarnarlas, o para atajar o impedir su canceración.

59. Borraja: es un excelente sudorífico tomándose la infusión de sus flores en forma de té. Las hojas y la raíz en cocimiento se aplican en las diarreas y en las fiebres graves para combatirlas, prefiriéndose al efecto la planta seca. El zumo en cantidad de medio vaso endulzado con azúcar se toma como aperitivo. Esta planta entra en algunos jarabes compuestos de varios ingredientes y aun se hace de solo sus flores para curar las afecciones pulmonares. Al cocimiento de las hojas de borraja y romero se le agregará la raíz de este y se tomará dos veces al día en dosis de un vaso para los flatos y opresión del corazón. El zumo se pone con unas plumas en las abocaciones del sieso para curarlo, espolvoreándolo luego con pez rubia bien pulverizada y cernida.

60. Borrajón (llámase también rabo de alacrán; véase).

61. Bosta de vaca: son muy celebradas las importantes curaciones que se han alcanzado con este inocente y fácil medicamento. Describiré las más notables: De la bosta seca, puesta en corta cantidad de leche o de vino, se forma una cataplasma aplicable a los dolores reumáticos, con especialidad el ciático, a las hinchazones y a las demás enfermedades en que sea necesario el uso de un anodino (véase artemisa). También se aplica la bosta fresca, puesta al fuego con vino tinto hasta que se espese, para curar las hinchazones. Una cucharada de los polvos de bosta bien molidos y cernidos se da en un vaso de agua pectoral como de lechugas, té, saúco, borraja, etc., por la mañana y noche para el asma y para el ahogo de los niños, a los cuales se les disminuyen las dosis a una cuarta parte; acostúmbrase también poner a estos, en el lugar vulgarmente llamado ollita, un saquito atado al cuello que contenga los polvos expresados. También se ponen estos en un saquito, el cual se coloca en una vasija que contenga el cocimiento de saúco y lechuga fría, para tomar varias veces al día. 
Tomada la bosta fresca y puesta en un lienzo para que se destile el líquido que contiene y exprimida luego suavemente, se toma medio vaso por la mañana y otro a la noche, incorporándose a cada toma media dracma de polvos de castor. Esta medicina es eficacísima para el asma, las vómicas y demás enfermedades del pecho, y exteriormente para la erisipela y el hígado. Aplícase también la bosta fresca o humedecida con el cocimiento de brusca en las úlceras malignas y en todas las irritaciones.

62. Bosúa: tomada la corteza de este árbol y puesta en agua natural hasta que coloree de amarillo, sirve para instilarla en los ojos inflamados o fluyentes y para las oftalmías. En el caso de no conseguirse el éxito a los tres días, será necesario antes de repetirlo tomar un vomitivo y un purgante.

63. Botonera: planta pequeña que produce muchas flores semejantes a las de la siempreviva blanca. El cocimiento de la raíz es muy celebrado para el menstruo y para el mal de orina; el de las hojas y flores se aplica en baños a los pies en las mismas enfermedades. La cataplasma se receta para el cáncer y para las úlceras malignas. La infusión de las hojas es un buen pectoral y mucho más si se le asocian el saúco violeta, borrajas, etc. Y, por último, el zumo de aquellas tomado dos veces al día en dosis de medio vaso cura la gonorrea.

64. Bretónicas: se toma su cocimiento como refrigerante. Los polvos de las hojas se absorben por las narices a manera de rapé, y sirven para descargar la cabeza del humor pituitoso y para los catarros; regularmente se mezclan estos polvos con los de tabaco a efectos indicados. Mojadas las hojas y puestas en cataplasmas sobre las fístulas, las cura prontamente. El zumo mezclado con leche de cabras y tomado en ayunas por tres días, cura los esputos de sangre. La raíz machacada y puesta en el agua de beber promueve el menstruo retenido. El cocimiento de las hojas y raíces sirve para curar las enfermedades de los ojos lavándolos con él. También es eficaz medicamento para el mismo mal, el zumo puesto en una clara de huevo y aplicado en un lienzo a la frente. Se asegura que, comidas crudas y en ayunas, las hojas de esta planta aclaran la vista y la confortan. Para la fiebre continua se toman cuatro cucharadas del zumo y otras tantas del de llantén antes del acceso. Para deshinchar los testos se unta en ellos el vino en que se hayan puesto las hojas machacadas por una noche o bien en cocimiento. Del mismo modo se aplica a las partes genitales cuando haya en ellas hinchazones, escaldaduras, etc. Bebiendo el zumo quita el dolor del hígado.

65. Brusca: es esta una de las más preciosas plantas para la Medicina: ella es purgativa y sudorífica. El cocimiento de las hojas se aplica en lavativas en las flatosidades que acompañan regularmente las afecciones de los intestinos. Se receta igualmente para los cólicos y dolor de ijada, anteponiendo otras lavativas laxantes y anodinas. La raíz cocida después de ajada hasta que se reduzca el agua a las dos terceras partes, es excelente remedio para excitar o corregir el menstruo, para la supresión de los loquios y para los que padecen afecciones venéreas o reumáticas, tomando tres onzas por mañana y noche en nueve días, a las cuales se agregarán dos cucharadas de miel de abeja. Muchos tullidos se han curado radicalmente con este medicamento. Para el menstruo se prepara también un guarapo, poniendo en una vasija que contenga ocho botellas de agua, una raíz grande o tres pequeñas machacadas, una penca de zábila mondada y lavada varias veces, cuatro onzas de escorzonera y el papelón suficiente para endulzarlo. Para el histérico se usa poner un cogollito desmenuzado en un atol o mazamorra y tomarlo en ayunas, o bien la infusión teiforme hecha con cuatro o seis flores. Cúranse algunas úlceras lavándolas con el cocimiento de las hojas y aplicándoles estas. El mismo cocimiento se aconseja en forma de lavativas en los cólicos uterinos, ventosos o ilíacos. Las semillas que contiene la fruta, tostadas y pulverizadas, se toman en forma de café y sirve este remedio para el mal de orina, piedra de la vejiga, eficaz tónico para el estómago y para las calenturas de frío. El cocimiento de los cogollos es un excelente sudorífico.


66. Cabro: pulverizada la vejiga, se tomarán los polvos en vino para destruir la piedra de la vejiga; también es eficaz este medicamento para los que se orinan sin sentir. La orina que se encuentran en la vejiga de los cabritos sacados de las madres cuando mueren estas o de pocos días de nacidos, no solo se toma para las piedras de la vejiga, sino también en la retención de la orina.

67. Cacao: la almendra en emulsión caliente es un eficaz corroborante y sudorífico; se usa en el término de las enfermedades laboriosas en forma de chocolate para fortificar el estómago, en la tisis y en otras afecciones sostenidas por la debilidad. El cocimiento de la misma almendra es oleaginoso y pectoral, y se aplica para calmar las toses, gastritis, enteritis, nefritis, disuria y blenorragia. Los granos molidos se aplican en forma de cataplasma en las irritaciones, mezclado con aceite de almendras o de coco. La manteca que se extrae de las almendras es sumamente fresca y se pone en las quemaduras, erupciones, rasgaduras de los labios, mamas y partes genitales; también se introduce en el recto en el estreñimiento e inflamación de las hemorroides internas, y en la vagina en sus irritaciones. El chocolate tomado sobre cualquier purga por desagradable que sea, impide volverla y ayuda a las deposiciones. Tómase el aceite o manteca de cacao en dosis de cuatro cucharadas, con otras tantas de aceite de ajonjolí o de almendras y lo que baste de cera blanca para hacer una pomada, se le agrega de esencia de canela un escrúpulo y ocho gotas de la de clavos. Con esta pomada se unta el pelo diariamente y crecerá de un modo muy notable.

68. Cacha de cuchillo: es un arbusto que, tomándose del tronco o de cualquiera de sus vástagos una raspadura después de quitada la primera corteza, y aplicándose al oído, cura prontamente la sordera, aunque para ello haya de sufrirse un gran trastorno que esta medicina produce en la cabeza.

69. Cachicamo: el último hueso de la cola del cachicamo se aplica al oído y prontamente calma el dolor o los ruidos y latidos de este órgano. Basta colocar la extremidad del dicho hueso dentro del oído para obtener el éxito indicado.

70. Cadillo: la raíz se administra para la diarrea y demás afecciones intestinales. Las hojas puestas en infusión de vino por tres días sirven para las mismas enfermedades, especialmente para los pujos.

71. Cadillo de perro: planta como de vara y media de tamaño, cuyas hojas son parecidas a la de la parra, pero cenizosas por el reverso; las flores o semillas son negras y cubiertas de pequeños garfios con los cuales se pegan a los animales y a la ropa. De la corteza de esta planta forman los indios como unas esteritas que aplican a la región sacrolumbar para detener y curar las hemorragias uterinas, uretrales e intestinales, sin agregar ningún otro medicamento. Para las mordeduras de los perros, se asegura que puesta en ellas la cataplasma de las hojas y semillas quebrantadas, y agregándole sal, se curan prontamente y que el perro se enferma y muere. Por más increíble que esto parezca, lo tiene acreditado la experiencia según la tradición; y por informes de persona fidedigna que hoy existe en esta capital, no hace mucho tiempo que presenció en los Valles del Tuy un hecho conforme a todo lo expuesto. El cocimiento de unos ramitos de esta planta se toma en tres días para las afecciones del hígado y pronto quedarán curadas. El que dude de la eficacia de este remedio, haga la prueba siguiente: ponga en dicho cocimiento un hígado podrido, cualquiera que sea, y a las veinticuatro horas lo hallará fresco y hermoso.

72. Café: es caliente y seco; tiene muchas partes balsámicas y alguna sal volátil. Es un buen corroborante del estómago y cerebro. Tomando el cocimiento del tostado y molido, provoca los menstruos, ayuda a la digestión, es útil en los dolores de cabeza y abate los vapores del vino y demás licores espirituosos; conforta la memoria y alegra el ánimo, pero no se ha de tomar en exceso, ni por las personas irritables. El cocimiento de los granos hasta que el agua se reduzca a la mitad y luego endulzado con papelón, se toma bien caliente en los accesos de mal de orina y prontamente se desahoga el paciente; al mismo tiempo o antes de tomar este remedio, se aplicarán una o dos lavativas de cañafístola endulzada también con papelón. Las personas a quienes por su temperamento no les convenga el café, lo tomarán muy poco cargado o hecho en leche, que es sumamente agradable. La hoja de café puesta en una úlcera o lugar que haya cogido frío, como se dice vulgarmente, lo extraerá en pocas horas. Tomado el café bien hecho con una polvada de carbonato de soda, además de perder la parte oleosa o dañina que contiene, cura el asma, da tonicidad al estómago y previene las indigestiones. Debe quitársele con un algodón el aceite o borra que después de bien molido viene a la superficie.

73. Caimán: este animal horrible y feroz es, no obstante, un depósito de preciosísimas medicinas de que hacen uso los naturales del país, que las conocen y aplican con un éxito admirable. El colmillo se aplica para las mordeduras de culebras, perros rabiosos y otros animales ponzoñosos. Bastará al efecto poner los polvos en la herida y tomarlos interiormente en vino, sulup, caldo, etc., en dosis como la que cojan el pulgar y el índice, tres veces al día por una semana. Para preservarse de estos animales y para cualquier otro veneno, será suficiente llevar el colmillo atado al cuello y a los brazos, o bien construir de él sortijas para llevarlas en los dedos. Para las afecciones intestinales, especialmente la hemorroidal y la diarrea hepática, se cuelgan de la cintura unos pedacitos de la verga, y dentro de ocho días calma y desaparece la fluxión o irritación. Este remedio, además de la multitud de casos que lo han acreditado, ha curado radicalmente al que este escribe de una afección intestinal de once meses. La manteca del caimán cura sordera y el dolor de oídos, instilándola en ellos y untándola en su circunferencia; ella es desobstruyente del bazo y cura a los que comen tierra, tomando una cucharada en agua emoliente en ayunas. Una gota de la hiel instilada para el lagrimal cura las nubes y cataratas, aunque al principio cause mucho ardor. Para curar el asma bastará llevar un pedacito del viril colgado al cuello y tomar los polvos en dosis de una pulgada en una cucharada de manteca de vaca. Puestos los polvos en vino y tomando este en copitas dos o tres veces al día, cura el tétanos. El cocimiento de un pedacito de viril tomado en dosis de medio vaso se aplica para toda clase de espasmos.

74. Caimito: es una fruta dulce, resinosa y astringente, de la familia del níspero. El cocimiento de la cáscara o de las hojas es un exquisito pectoral. El de la corteza del árbol se aplica para las diarreas y pujos, y también para la gonorrea y catarros de vejiga. La fruta comida conduce muchas veces a contener por sí sola la diarrea, y su cocimiento a curar las anginas en gargarismos.

75. Calabaza: la cataplasma de esta fruta molida, añadiéndole aceite de coco o de almendras, es sumamente fresca y se aplica en todos los casos de irritación. El ungüento hecho con ella, lechugas y verdolagas es muy apropiado para calmar las inflamaciones del hígado y otras. La bestia cuya piel se untare con el zumo de las hojas no la molestarán las moscas. Para expulsar la solitaria se da el siguiente remedio: se forma una pasta de las semillas y se come en ayunas en dosis de onza y media; encima se tomará una copita de cocimiento de linaza, y a las dos horas un purgante de dos onzas de aceite de tártago y dos de jarabe de flores de durazno y, en su defecto, el de goma.

76. Cal: lavada varias veces y amasada luego con claras de huevo y aceite de olivas es remedio muy apreciado para sanar las quemaduras. En ciertas cortaduras o heridas acostumbra a poner la cal la gente del campo y se cicatrizan prontamente. El agua de cal, que se encuentra en todas las boticas, es muy apreciada como disecante y repercusiva, y se aplica a muchas enfermedades. Es esencialísima para los intestinos en los pujos rebeldes por ulceración o escoriación; en la disentería, gonorrea y otras enfermedades, se receta, ya interiormente por cucharadas, ya en el exterior, en lavativas o inyecciones. Mezclada en dosis de dos cucharadas a un vaso de leche de vaca o cabras se da en los males indicados con muy buen éxito. La leche de cal es un eficaz remedio en las putrefacciones. Tomada la cal en cantidad como el tamaño de un huevo de gallina y puesta en poca agua como para que tome la consistencia de pomada, se mezcla cuando esté en fermentación el hueso de una avellana de albayalde pulverizado, y todo bien reunido, cuando se quiera aplicar la pomada, se desengrasarán los cabellos con una esponja y se pasará otra vez el peine con aceite de olivas. Con este remedio quedarán perfectamente teñidas las canas. Un poco de cal viva y otro de alcanfor pulverizado se ponen en aceite rosado, y este ungüento se unta todas las noches en los callos y verrugas para curarlos, escarbándolos antes. El cloruro de cal pulverizado es un poderoso específico contra las mordeduras de culebra, para las úlceras acanceradas y en las hemorragias. Con la cal se compone una excelente cola para pegar piezas de madera o barro, agregándole queso añejo rallado y puesto todo en proporcional cantidad de agua caliente. La lejía de cal, con un buen puño de sal, se pone a hervir y cuando se apea se le agrega media botella de aguardiente de caña. En este cocimiento bien caliente se colocan los pies que padecen de callos, clavos, niguas, etc., sacándolos cuando se vaya enfriando y envolviéndolos en una bayeta, todo lo cual es mejor que se haga al acostarse. A la tercera aplicación la cura es indudable.

77. Calahuala: el cocimiento de la raíz se toma en la sífilis, gota y reumatismo. Como diurético se aplica en las hidropesías; y para las caídas, golpes y contusiones es una pócima muy celebrada y de la cual se hace mucho uso entre la gente pobre. Puede tomarse sola o con leche, pero agregándole siempre un poco de sal.

78. Camasa: el interior de esta fruta se aplica a los mismos efectos que la calabaza y la auyama. Lo mismo sucede con las hojas que se ponen en cataplasmas en las irritaciones, y para sarna se dan fricciones con ellas añadiéndole sal. Además resuelve los tumores puesta en cataplasma preparada con las hojas y aceite de coco.

79. Cambures: el agua que tiene el mástil de la planta que los produce es un poderoso astringente. Se extrae haciendo una incisión en aquel y se aplica para las diarreas, pujos y ulceraciones del recto en pequeñas inyecciones. Tocándose con un hisopo embebido en esta agua las úlceras de la boca y de las partes genitales las limpia y sana prontamente. El fruto maduro es afrodisíaco y un eficaz excitativo de las propiedades vitales de los riñones y demás órganos de la generación; asado y mezclado con aceite de almendras se aplica en cataplasmas en las irritaciones y corrimientos; asado y comido es un buen laxante en los casos de estreñimiento. Para excitar o corregir el menstruo se confecciona una cerveza del modo siguiente: se toman seis cambures maduros y se les quita el pico y el pie con su cuchillo; se colocan en una vasija de tierra que contenga ocho botellas de agua, y se les añaden cuatro onzas de zarza rajada, una raíz de brusca machacada, una penca de zábila bien lavada en varias aguas, unos clavos de hierro y se pone al Sol bien tapada la vasija con un lienzo. Desde el tercer día puede comenzarse a tomar un vaso por la mañana y otro a la noche hasta que se concluya el licor. En caso necesario se repetirá esta medicina, la cual sirve también para el mal de orina y enfermedades venéreas. 
La corteza del fruto verde carbonizada es un precioso astringente para las úlceras cancerosas y otras, y también para poner una cucharadita en lavativas para el recto en las diarreas y pujos; también se aplican para el mismo mal inyecciones del cocimiento de dicha corteza que esté jojota o madura. El fruto jojoto y cocido sirve para la diarrea tomándose interiormente. De los cambures maduros se hace un excelente vinagre, que debe ser también medicinal. Los cogollos se aplican para la curación de los vejigatorios y quemaduras. Para curar los cólicos se come esta fruta madura espolvoreada de anís y azúcar, tomándose encima agua quebrantada. Puede tomarse a cualquier hora, pero en ayunas será mejor. Para destruir el comején se unta de cambures maduros el camino que llevan hasta la morada del insecto y lo destruyen.

80. Campeche: el cocimiento de la corteza y leño de este árbol es un astringente muy usado en las diarreas crónicas en dosis de una dracma a una onza para una libra de agua. También se aplican los polvos para el mismo mal y en la disentería. Del campeche se extrae una hermosa tinta morada o negra.

81. Cancanapire: la corteza del tronco en cocimiento se aplica en los baños calientes a los tullidos y perláticos y a los demás enfermos de los nervios. La infusión de las hojas en aguardiente de caña, puesta al Sol tres días, sirve para unciones en los dolores de la reuma y para cualquier otra indisposición por causa fría; también usan este licor los que padecen de los nervios. La decocción de la corteza y hojas es un poderoso tónico en las fiebres intermitentes, para lo cual compite con la quina; también se toma en las diarreas rebeldes y disenterías crónicas.

82. Cangrejos: tomados los de río y tostados vivos en vasija vidriada, se pulverizan luego y se toman de los polvos una cucharada por día rociada con agua común para curar a los recién mordidos de culebra u otro animal ponzoñoso. Si hace ya algún tiempo de la mordedura, se tomarán dos cucharadas, una por la mañana y otra a la noche, aplicando a la herida una porción de dichos polvos, mezclados con cerato y vinagre fuerte.

83. Caña dulce: es refrigerante y diurética. El zumo de la caña en dosis de dos vasos por día mitiga las irritaciones del hígado y desata la orina retenida. El mismo zumo hervido y el cocimiento de unos pedacitos de la fruta con flores de saúco, o la fruta asada en brasas y comida, son excelentes pectorales. De la caña se extrae el aguardiente, el azúcar común y cande, la miel y el papelón. En cualquiera de estas formas ella es utilísima en la Medicina.

84. Caña amarga: la raíz molida se aplica para extraer las espinas y otros cuerpos extraños que hayan penetrado en alguna parte del cuerpo, y también para curar los callos y clavos, amasados con sebo o incorporada con cerato; mezclada con vinagre se usa para las dislocaciones de los huesos y para el lumbago. El zumo de los cogollos es eficaz remedio para la retención de la orina y como un contraveneno de culebras. Las cataplasmas de las hojas se ponen en las inflamaciones, erisipelas, tumores, dolores y úlceras de los elefanciacos. La ceniza de las conchas, en vinagre, cura la tiña, y la del bohordo o espiga mezclada con zumo de naranjas agrias, se aconseja en la ulceración escorbútica de las encías (tomado en su mayor parte de la obra del señor licenciado Benítez, ya citada).

85. Caña de malojo: tomado un pedazo como de tres pulgadas (si es grueso el canuto) o más en proporción y rajado en cruz, se hierve hasta obtener un cocimiento fuerte, el cual se toma en el mal de orina, repitiéndolo si fuere necesario; la morada es mejor que la blanca.

86. Caña de la India: es sudorífica, antipútrida, diurética y antilechosa. El zumo endulzado y tomado a cualquier hora del día, calma las irritaciones o insolaciones; administrado bien caliente en las fiebres ardientes o tabardillos, se curan solo con repetir este remedio. El cocimiento de un pedazo, tomado dos veces al día con goma arábica, cura las gonorreas, blenorragias y también el mal de orina. La raíz en cocimiento excita ligeramente la transpiración cutánea, y se da para disminuir o agotar la leche en las paridas.

87. Cañafístola fructífera: la médula que se extrae del fruto disuelto en agua tibia, es un purgante suave para las enfermedades biliosas, al mismo fin y para atenuar cualquier otra inflamación, se administra en lavativas sola o con otros ingredientes. Mezclada con polvos de trementina en dosis de una dracma, se aplica para las blenorragias y flores blancas. El cocimiento simple de un pedazo de la fruta machacado es un buen refrigerante y un excelente diurético. El cocimiento de la médula en corta dosis se usa en las afecciones pulmonares y se asegura que promueve el sueño. La pulpa disuelta en agua tibia se aplica sola o en fomentaciones a la erisipela e inflamaciones del cutis.

88. Cañafístola macho (llámese también cimarrón): es de la misma especie que la anterior, a diferencia que solo produce unas vainas achatadas y sin ninguna sustancia. Este árbol echa muchas flores amarillas y se cría en las montañas o en los lugares húmedos y pantanosos. La raíz machacada y puesta en infusión caliente por veinticuatro horas, en dosis de cuatro onzas, y tomado medio vaso en ayunas, es un eficaz vomipurgativo, el cual ha sido aplicado para varias enfermedades con éxito admirable. Con él se han curado fiebres, cólicos, hidropesías, colores pálidos, gonorreas, flores blancas, menstruos, herpes y otras diversas afecciones venéreas; pero sobre todo es esencialísimo este medicamento para la orina. En un caso desesperado, para el cual se habían apurado ya todos los recursos del arte, produjo este remedio, administrado por un indio, los efectos más maravillosos. La persona que lo tomó vive aún y, después de muchos años, no ha vuelto a padecer más de la orina, mientras que antes de tomarlo tenía que sufrir horriblemente con los ataques periódicos que experimentaba y que siempre lo amenazaban con la muerte. Confeccionado y arreglado este medicamento por los facultativos, así para esta como para otras muchas enfermedades, debe producir notables bienes a la humanidad.


89. Capacho: la hoja del morado se usa para las irritaciones, especialmente las del hígado, con alguna grasa fresca también se aplica para los dolores de cabeza. A falta del moraambas son refrigerantes y astringentes. El cocimiento de la raíz y de las hojas, según lo expresa el licenciado señor J. M. Benítez en su obra titulada Principios para la materia médica, se da en la blenorrea, flujo uterinodo, puede hacerse uso del blanco; estas dos especies se distinguen por el color de las hojas y flores, , para contener el aborto y, en baños, en las irritaciones internas y del cutis.

90. Caraña: esta resina se aplica en emplasto en las partes que sufren por espasmos, por malos aires u otra cosa fría. Es esencial en las ronqueras poniéndola en el lugar llamado la ollita.

91. Carbón: es antipútrido y desecativo. Bien pulverizado y cernido el vegetal, que es el del que hablo, se usa en las úlceras sucias y cancerosas, solo o asociado con los polvos de quina; también se usa, y es más eficaz, agregando a dichos polvos los de linaza y un poco de trementina, puesto todo en una badana, lo cual, si el caso lo requiere, se refrenda dos veces al día. En las escoriaciones del recto se ponen pequeñas inyecciones de leche o cocimiento de llantén con una dracma, en cada una, de carbón preparado. También se toma en buches para las escoriaciones o úlceras de la boca, e interiormente para corregir el mal aliento o cuando lo requieran las afecciones gangrenosas de la mucosa gástrica. El carbón es un eficaz absorbente, por cuya propiedad se pone en las vasijas que contienen el agua potable, en pedazos o carbones enteros. El carbón de las conchas de plátanos o cambures es preferible para las inyecciones que se recetan en los pujos y demás afecciones del recto. Cuando se crea conveniente atajar las diarreas que tanto aniquilan a los niños, se les dará el cocimiento de llantén y rosas con una polvada de carbón de cambures verdes (la corteza) bien cernida; y a falta de este, del coco. Aplicando uno u otro en dosis de media cucharada en una taza de infusión de manzanilla o de corteza de limón, cidra o jengibre, ataja las diarreas, repitiendo las tomas si fuere necesario. El carbón mineral pulverizado se usa para curar la tiña, puesto en cerato o asociado a alguna grasa.

92. Cardosanto: el cocimiento de las hojas es un eficacísimo sudorífico, y como tal se aplica en todos los casos en que se hace necesaria la excitación de la piel y para la perlesía de la lengua; en las calenturas intermitentes no hay remedio mejor, administrado después de los vomitivos del modo siguiente: al entrar el frío se da inmediatamente una unción general de naranjas soasadas; ella debe extenderse desde el cerebro hasta las piernas y pies. De seguida se da un cocimiento bien caliente de hojas de cardosanto, con unas flores de manzanilla y un pedacito o rueda de naranja agria con la corteza. Tomado este remedio, el sudor será copioso y hará desaparecer el frío y poco después la fiebre. Este medicamento se volverá a aplicar siempre que reaparezcan los síntomas del acceso, tomándose entre tanto por agua ordinaria la infusión del cardosanto. El que esto escribe se curó con este medicamento en Turbaco, provincia de Cartagena, y después de un año de calenturas en el cual se habían ya aplicado todos los remedios adecuados por los mejores facultativos, sin haberse conseguido el éxito deseado. También se aplica para el mismo mal la semilla de cardosanto en dosis de una dracma, puesta en infusión de vino blanco (como media copa) por doce horas y, después de colado, lo tomará el enfermo como dos horas antes del acceso, paseándose luego o poniéndose en la cama con una franela calentada al vientre. Para excitar el menstruo se toma una docena de cogollos y se pone por la noche en infusión fría, por la mañana se cuecen en cuatro escudillas de agua, se endulzan con azúcar y se toman en tres horas, repitiendo este remedio por tres mañanas consecutivas. El zumo de las hojas sirve para toda clase de heridas. El de la raíz sana el cáncer y también el cangro. Poniéndose una botella de aguardiente con media onza de hojas picadas y secas a la sombra, y luego expuesta aquella al Sol por tres días, se cuela y se toma en copitas para curar los empeines y demás afecciones de la piel, las úlceras, el cangro, la melancolía y otras muchas enfermedades (véase anís). ara evacuar los humores suavemente, con especialidad los de la cabeza y partes genitales, se compone la siguiente purga: en tres vasos de agua puestos al fuego se echarán una raíz, flores de borraja y, además, un adarme de semillas de cardosanto; luego que se haya disminuido en una tercera parte, se apea y se cuela, añadiéndole de miel rosada lo que baste para endulzar la bebida; de esta se tomará la mitad en ayunas, y si a las tres horas no hubiese hecho efecto, se tomará la otra. El cocimiento debe hacerse por la noche para componer la purga al siguiente día. Para la piedra de la vejiga se tomará con frecuencia una taza de cocimiento bien caliente de cardosanto, al cual se añadirá una cucharada de polvos de cáscaras de nueces bien cernidos y una media cucharada de excremento de perro también pulverizado. Al mismo tiempo es conducente ponerse en la cintura una faja de cuero de león. Como vomitivo se tomarán tres cucharadas de las semillas de cardosanto y bien pulverizadas se ponen en un vaso de agua caliente por la noche. De esta infusión se tomarán como dos dedos cada media hora, sin el asiento, hasta que se haga el primer vómito; en cuyo caso no se seguirá tomando. Con este remedio no solo se evacúan los humores de la cabeza y del estómago, sino que se cura la epilepsia, repitiéndose semanalmente el vomitivo y untándose el aguardiente arriba anotado, añadiéndole del saúco las hojas o bejuco y una cucharada de aceite esencial de sasafrás. Para curar el asma se tomará el té hecho con cuatro o seis flores dos veces al día; la una, al despertarse, quedándose dos horas más en la cama y la otra al acostarse. Para hacer orinar a los hidrópicos y en la retención de la orina, se tomará la infusión de la raíz con las del espárrago y perejil por agua ordinaria. También se aplica para el asma o ahogo, el carato hecho con una cucharada de las semillas en agua de borraja bien caliente. Si se vomitase, el éxito será más pronto y eficaz.

93. Cariaquito: hay tres clases: el encarnado, el blanco y el morado, llamados así por el color de sus flores. Las del primero estrujadas en agua fría y después, colada esta y endulzada, se toma como un excelente refrigerante; tómase también en infusión teiforme y conducen al mismo fin; de uno u otro modo se aplican para las fiebres biliosas o de insolación y en los males de orina. El zumo de las mismas flores se toma para los flujos de sangre o reglas inmoderadas, y el cocimiento de la raíz para curar la blenorrea. La cataplasma de aquellas, bien machacadas, se aconseja en las pleuresías. Hay otra especie de cariaquito, llamado de sábana, que produce una frutita encarnada y dulce que gusta mucho a los niños; de ella no tengo yo ningún conocimiento como planta medicinal, aunque no puede menos de serlo. La fruta del cariaquito morado experimentada en los ojos, en sus inflamaciones o heridas internas, cura prontamente estos males. El cocimiento teiforme de las hojas es un eficaz sudorífico, y también se aplica en fomentaciones en los miembros que sufran por el reumatismo.

94. Caricarito: esta resina tiene las mismas aplicaciones que la de caraña (véase), aunque se tiene por mejor para los malos aires y ataques perláticos, en cuyos casos se aplica detrás de las orejas y a las sienes.

95. Carnero: el redaño se pone en el vientre en sus inflamaciones, colocado antes en vino tibio. El corazón asado se exprime en los oídos en la sordera y se tapan luego con un pedazo del mismo corazón; esto se hace al acostarse, por nueve noches. Los testículos comidos y bebiéndose agua de ruda provocan vomitar y curan la apoplejía. El cuerno quemado y pulverizado se pone en agua tibia con azúcar y se toma para la hemorragia nasal. La lana blanca se aplica a los oídos en sus ruidos y sorderas, y la negra sin lavar, embebida en miel, se pone caliente en los tumores o apostemas. Este remedio hace sudar copiosamente y se repetirá hasta la desaparición del mal. Para la dentición de los niños se les cuelga al cuello un diente de carnero negro.

96. Carnestolendo: el cocimiento de las hojas se apropia para lavatorios de ciertas úlceras; y las mismas, pulverizadas, para curarlas. El zumo de las hojas se toma como aperitivo y es también un eficaz remedio para la ictericia. El fruto que produce el árbol contiene un preciosísimo algodón de color blanco, cuyo brillo se asemeja al de la seda. Es indubitable que en el porvenir se saquen grandes ventajas de un fruto que hoy es desconocido, pero que está llamado a figurar en nuestros mercados con grandes provechos del país.

97. Caro: de las hojas de este bejuco se forma una cataplasma emoliente y resolutiva, aplicable a los tumores inflamatorios. Las hojas se usan también para ponerlas en las fuentes, y bejuco para atar las coyunturas en sus dolores y para las dislocaciones de los huesos.

98. Caroca: esta pequeña planta, que crece del tamaño de un palmo más o menos, es un eficaz remedio en las retenciones del menstruo, tomándose el zumo o cocimiento fuerte de las hojas en dosis de un vaso al acostarse; pero ha de tenerse mucha precaución, porque puede ocasionar aborto. Conveniente sería, si se puede, la consulta de un médico.

99. Castigüire (en algunas partes lo llaman cabeza de negro): la fruta que produce este árbol tiene alguna semejanza a la guanábana o catuche, a cuya familia pertenece con la diferencia de que la carne es amarilla. Se aplica esta para los mismos males que aquella (véase guanábano), y en especial para la ictericia, tomado el zumo. Se asegura que la emulsión hecha de sus semillas y regada en la pieza o casa en que haya muchas pulgas, las destruye.

100. Caturhe (véase guanábano): ambos son nombres puramente indígenas.

101. Caujuro: las frutas que produce este árbol son mucilaginosas y se toman en cocimiento en las diarreas y para corregir la sangre. El de las hojas, en lavativas, se aplica para curar la hidropesía. Se da también el cocimiento para esta enfermedad.

102. Casabe: los atoles hechos de este pan elaborado con la raíz de yuca, a la vez que alimenticios, se administran para curar los pujos, poniéndoles antes de apearlos del fuego con una cascarita de limón agrio; si está verde es mucho mejor. Para cataplasmas en las partes inflamadas, especialmente el hígado, se aplica pulverizado y humedecido con aguardiente de caña y una cucharada de vinagre.

103. Cazabizo: las hojas de esta planta, humedecidas con vino o en cataplasmas con aceite de coco, se aplican para resolver los tumores e hinchazones, y para las irritaciones del hígado y males de cabeza; es muy celebrado este remedio de los dolores de muelas, aplicándose la hoja con aceite de coco o de almendras y unas gotas de vinagre.

104. Cebada: el cocimiento de esta semilla hasta que ella reviente es refrigerante, se hace más eficaz añadiéndole goma arábiga. Se hace también de ella una emulsión fresca y alimenticia, y si se tostase antes se obtendría un buen astringente aplicable a la curación de las diarreas y pujos, y en otras afecciones de las mucosas gástricas e intestinales; úsase también en lavativas y para gargarismos con miel y vinagre en las anginas. Con la cebada se hace una excelente sopa. El cocimiento de cuatro onzas de cebada en tres botellas de agua hasta que esta se reduzca a la mitad, poniéndole, al apearlo del fuego, dos onzas de crémor y colocándolo luego que se enfríe, se toma para el hígado. Se beberá un vaso por la mañana, otro después del mediodía y otro al acostarse, untando en aquel órgano al mismo tiempo la pomada de manzana que está anotada en el artículo sobre esta fruta.

105. Cebadilla: la semilla es un específico para matar o extraer los gusanos que se introducen o crían en el cuerpo del hombre y de irracionales, aplicándola en cocimiento fuerte o en polvos. Los que se sitúen en el conducto nasal o en la cabeza son muy peligrosos y ocasionan fuertes fiebres y otros diversos males; pero se curan fácilmente introduciendo los polvos por la nariz. Asociados estos con alguna grasa, el ungüento que resulta se aplica para la extinción de los herpes, tiña, sarna y demás afecciones cutáneas. También sirve para matar los insectos dañosos, como los piojos, chinches, etc. Para los gusanos que se crían en el intestino recto se administran los polvos en dosis de dos gramos en miel de abejas, aumentando diariamente la dosis en un gramo hasta diez. Se asegura que para la hidrofobia se administran con éxito los polvos en dosis más fuertes.

106. Cebolla: el zumo de la cebolla roja se aplica para las sorderas y zumbidos de los oídos, poniendo dos o tres gotas dentro del oído y tapándolo con un algodón embebido en aceite de ruda. Para extraer el zumo de la cebolla se pone esta a remojar en aguardiente de uvas por una noche, luego se envuelve en un papel y se pone a cocer al rescoldo. Para expeler las lombrices bastará tomar en ayunas cuatro o seis cucharadas o más, según la edad, del agua en que por la noche se haya puesto una cebolla en pedazos.

107. Cebollín: úsase la raíz para condimentar las comidas; pero machacada con medio puño de excremento de caballo, y colado, se instila en los oídos para curar la sordera. También se aplica en todos los casos de la cebolla (véase).

108. Cedro: Este árbol corpulento que se cría en nuestras montañas primitivas, es muy apreciado, no solo por las bellas y durables maderas que produce, y son un objeto mercantil, sino por sus aplicaciones medicinales. Con las rasuras de su corteza se hace un cocimiento que se aplica en lavatorios para las úlceras; y tomado interiormente cura las apostemas y vómicas. En buches, sirve para quitar los dolores de muelas provenientes de causa fría o reuma. Lo mismo acontece aplicando a la muela o diente careado la resina que destila el tronco, terminando por destruirse aquéllos con la continuación del remedio. Disuelta la resina en agua, es buena para los ojos, cuyas nubes y manchas hace desaparecer; y si no las hay, sirve para aclarar la vista. También cura los zumbidos de los oídos y mata los gusanos que se crían en ellos, instilándoles unas gotas de vinagre en que se haya disuelto la expresada goma. Se asegura que en forma de lavativas hace arrojar el feto muerto; que tomado el lamedor hecho con su cocimiento y azúcar, haciendo a la vez de las fricciones en todo el cuerpo, de la disolución de la resina en aguardiente de caña, cura la elefancia y las úlceras del pulmón [de la obra del señor licenciado J. M. Benítez].

109. Ceibo: árbol grande cuyas espigas se labran en forma de cuentas grandes o canutillos, y taladradas y luego se forman sartales para colocarlos en el cuello de los niños en la época de la dentición. Está experimentado que con este remedio no padecen de las diferentes enfermedades inherentes a tan funesto y delicado período. Para muchas otras enfermedades debe servir la corteza del ceibo.

110. Celedonia: planta aromática de la familia del cariaquito, que es muy benéfica para varias enfermedades. Para las de los ojos se aplican el zumo, o simplemente estrujada la hoja en las manos, pasándolas por ellos. También se confecciona para los mismos males el remedio así: al zumo de las hojas se agrega la hiel de un gallo y un poquito de miel, y bien reunido todo, se instila en los ojos en gotas tres veces al día. La raíz majada y puesta en vino se cuece y se hacen gargarismos para curar las anginas. Para todas las irritaciones e hinchazones, se ponen las cataplasmas con aguardiente de caña. Lavada la raíz en vino, se pica menudamente, se pone en un saquillo, en el que se echará un poco de agua rosada, la suficiente para que se embeba, y después de dos horas se exprime y el líquido se aplica gota a gota en las nubes y otras enfermedades de los ojos. Machacadas las hojas agregándolas en polvo de azufre, se restriega con ello la sarna y en tres días quedará curada. Para el mismo mal se aplican las unciones del cocimiento de la raíz, poniéndole aceite encima, luego que se seque.

111. Cenicera o cenicienta: es una planta que no excede de media vara de altura y cuyas hojas cenizosas, especialmente por el reverso, huelen a ceniza. El cocimiento de ellas, tomado interiormente dos o tres veces al día, cura las diarreas y disenterías recientes; también se administran en lavativas. Es también muy conducente este remedio, por su propiedad astringente, para las hemorragias. Instiladas algunas gotas del zumo en los ojos, cura la gota serena y las cataratas.

112. Ceniza: la vegetal se aplica en las heridas leves con muy buen éxito, añadiéndole, si se quiere, papel. Con ellas se hace lejía, que tanto se usa para pediluvios en las retenciones del menstruo y demás casos en que es necesario derivar la irritación de las partes altas. En los bubones venéreos se ponen cataplasmas de migajón de pan con lejía para resolverlos. Para los calambres, afecciones nerviosas e hinchazones, se aplica en friegas bien calientes a la parte que sufre. Pónese también la ceniza con aceite y miel de caña en algunas heridas para sanarlas pronto. En las quemaduras, después de aplicarles inmediatamente aceite, se pone sobre este ceniza bien cernida y se cubre con una venda, que no se quitará hasta los tres días.

113. Cera: derretida con aceite de Castilla, se pone en las úlceras o heridas para sacar el frío. Amasada con sebo y unas gotas de aceite esencial de sasafrás, quita el dolor de los callos. De la negra se hace uso para curar los uñeros o panadizos, pero ha de estar recién sacada, o por lo menos sin cocimiento. La amarilla es la que regularmente se usa para la confección de los ungüentos y demás remedios a que ella sirve de base. Cuatro onzas de esta, derretida a fuego lento con otras cuatro de albayalde y ocho de aceite de oliva, forman un eficaz ungüento para toda clase de heridas, úlceras, escoriaciones, etc. Otro emplasto hay muy exquisito para estas enfermedades, que queda ya apuntado bajo el rubro aceite de palo. Para curar prontamente el catarro, se ponen a derretir dos tantos de cera, uno de pez rubia y un cuarto de sebo, meneándose el ungüento con una paleta de madera hasta que queden los ingredientes bien incorporados. De este remedio se usa untando antes en la frente, huesos de la cara y cerebro, aguardiente de España, brandy o agua florida, que es mejor, y restregando así húmedas dichas partes con el cerote que queda mencionado. Cuando haya tos, el mismo remedio se hace en el pecho y la ollita.

114. Cereza: la fruta del árbol que la produce es ácida y astringente. Tomado el cocimiento de ella o simplemente comida, bebiendo agua encima, cura los pujos y diarreas. El suco con agua y azúcar es un agradable refrigerante. Molidas las semillas y echado el polvo en uno o dos huevos pasados por agua, tomando encima el vino en que se haya puesto la resina del mismo árbol, se curará la apostema del pecho, expeliéndola, y por consiguiente, la tos.

115. Cerraja: puesta la mata entera en agua natural desde por la noche, en vasija apropiada, se toma al día siguiente para corregir la sangre y para excitar o arreglar el menstruo. También se usa el cocimiento en forma de té. Para curar los orzuelos, se aplica a ellos el suco lácteo que produce dicha planta, y prontamente desaparecen.

116. Challota o challote: úsase para cataplasmas en las irritaciones y en los demás casos para los cuales se aplica la calabaza.

117. Chicoria: el cocimiento teiforme de las hojas es un excelente refrigerante en todas las irritaciones. También se aplican las hojas en cataplasmas al mismo fin. El uso de la silvestre para el dolor de costado, ha producido maravillosos efectos usándola así interior como exteriormente. Esta planta es la misma que los indígenas llamaban issocá y los conquistadores amargosa.

118. Chiquichique: las hojas estrujadas en agua natural y después colada esta y endulzada, es un refresco para la sangre de los más eficaces. En las fiebres llamadas de insolación, se administra esta bebida con muy buen suceso, y lo mismo en las biliosas y demás enfermedades inflamatorias. También se usa el chiquichique para cataplasmas en los mismos casos citados, en fricciones, dentro o después del baño, para curar la sarna y otras erupciones. Las lavativas del cocimiento fuerte se usan en las calenturas irritantes.

119. Chirca: del cocimiento de las hojas se ponen lavativas para las afecciones del recto, las cuales han de ser de dos o tres onzas cuando más, añadiéndoles una pulgada de carbón de coco en cada caso. Interiormente se toma también al mismo fin el expresado cocimiento, y se usa en lavatorios para la curación de las úlceras y escoriaciones. Puestas las hojas tibias en cualquier dislocación de los huesos, descomposturas, etc., las sana con prontitud, teniendo cuidado de remudarlas diariamente. Al efecto, también se hace uso del zumo: este es uno de los mejores astringentes. Para curar las hemorroides, se dan baños de cadera de su cocimiento, o locales, frecuentemente. Puede reconocerse esta planta por sus hojas lustrosas y lanceoladas, las cuales contienen después de la orilla unas venas muy marcadas formando con ella misma la figura de aquella.

120. Chirel: produce una fruta picante que algunos usan en las comidas. Ella se aplica en cataplasmas que producen los efectos de un cáustico a las úlceras rebeldes, como igualmente a las acanceradas, para impedir el progreso del mal. Las hojas se ponen con sebo en los tumores para madurarlos prontamente. El cocimiento de una rama con el fruto se aplica para lavatorios en las heridas, poniendo en estas las hojas enseguida, para curarlas.

121. Chivatera (llámase también fistolera): esta yerba es pequeña, de hojas acorazonadas, y echa unas flores amarillas; ella sirve de pasto a los chivos, con preferencia a otras, por cuya razón lleva tal nombre. La hoja, aplicada a cualquier fístula mojada en vino o humedecida con agua tibia, la cura sin necesidad de otro medicamento, teniendo cuidado de renovarla. Aun es mejor para este mal poner los polvos de las hojas bien cernidas, lo cual sirve también para las úlceras cancerosas o sifilíticas, tumores, laceraciones, etc. El cocimiento de las hojas se aplica en inyecciones para curar la gonorrea, cuyo buen éxito es infalible. Para muchas otras dolencias debe ser útil esta benéfica planta, que a mí me parece ser la llamada corazoncillo.

122. Chofita: es una planta que existe en cierto lugar de la isla de Curazao, y que acaso se encuentra también en este país; me ha parecido tan importante su propiedad medicinal, que he creído deberla anotar aquí. Tomado en cocimiento de sus hojas y puesta en el bazo la cataplasma de las mismas, desobstruye inmediatamente aquel órgano por medio de evacuaciones acuosas. Si tomada la primera dosis se sintiere incomodado el paciente y no evacuase, se repetirá. Sirve también este medicamento para la hidropesía. Puede hacerse uso de las hojas, aunque estén secas.

123. Chuspa (véase cusparia).

124. Cidra: la corteza del fruto es muy usada en forma de té, como tónico, para todas las enfermedades del estómago por causa fría o indigestiones, haciéndose más eficaz si se le pone un polvo de carbonato de soda o media cucharada de carbón de coco. El jarabe que se confecciona con la expresada corteza, a más de estomacal, es vehículo muy adecuado para otros medicamentos. Las semillas, molidas e incorporadas al cocimiento de membrillo y zumo de artemisa, sirven para echar el veneno que se haya tomado.

125. Ciprés: el cocimiento de las hojas se aplica para el reumatismo, en fomentaciones. Tomadas en forma de té, promueven el menstruo.

126. Ciruelo: la raspadura del tronco, después de quitada la primera corteza, se aplica a las úlceras viejas para curarlas, lavándolas antes con el cocimiento de brusca. La resina que produce este árbol se da para la ictericia en una emulsión de piña o guanábana.

127. Ciruelo de fraile: los cogollos de este árbol son muy usados para baños en el reumatismo y el reuma. La cataplasma de los mismos en las partes doloridas, calma los abscesos.

128. Claveles: el agua de los encarnados se toma por común en la melancolía o flatos, para lo cual bastará dejarlos en infusión por una noche. Al mismo fin se confecciona con ellos un jarabe, que se toma mañana y noche, en dosis de tres cucharadas, bebiendo encima agua de toronjil.

129. Claveles de muerto: algunos llaman a esta planta flores amarillas. Si se toma una mata con sus raíces y se cuece en agua suficiente para dar un baño bien caliente al atacado del terrible mal del tétanos, se curará prontamente; no pasará del tercer baño, dándole dos por día.

130. Cobalonga: esta pepa o semilla es uno de los tesoros con que en este país cuenta la Medicina. Ella tiene una multitud de aplicaciones, entre las cuales me propongo enumerar las que siguen:

1ª Para toda clase de pasmos, bastando para curarlos el mascar y tragar un pedacito y beber encima unos tragos de agua natural, o tomar los polvos en vino u otro vehículo, en dosis de cinco a ocho granos.

2ª Para las diarreas, pujos y disenterías, tomada del modo expresado.

3ª Para toda clase de dolores de estómago procedentes de frialdades y afecciones histéricas. Ídem.

4ª Para la hidrofobia, mordeduras de culebra y toda clase de venenos. En este caso tomará el

paciente del aceite número 9, dos o tres onzas.

131. a con el zumo del cocuy o de la cocuiza, con otro tanto de sebo de macho o unto sin sal, añejo. Si se quiere mejorar este remedio, se le agregarán dos onzas de litargirio muy cernido y media de trementina, y luego que haya dado un hervor, se le incorporará un poco de cera. También se hace de la raíz fermentada con agua y papelón un excelente guarapo para el menstruo suprimido; para sus excesos, véase arroz.

132. Cocuiza: el cocimiento de la raíz hace evacuar por la orina todo el humor venéreo tomando dos vasos por día. La penca, soasada y puesta en cualquier hinchazón o tumor, los deshace prontamente. Exprimida después de soasada y hervido el zumo hasta darle punto, es excelente remedio, puesto en unas hilas, para curar las úlceras, fístulas y heridas; también se curan estas con la sola aplicación de la hoja soasada y machacada. Para contener los abortos, los flujos menstruales excesivos y cualquier otro del útero, se toma una madeja de cocuiza, se empapa bien en aguardiente de caña y se ata a la cintura, de modo que las puntas caigan hacia adelante, humedeciéndola en el mismo aguardiente cada vez que se seque. Al mismo tiempo se tomarán los caratos de ajonjolí, maní crudo o arroz tostado. También se pone, y es mejor, la cocuiza pelada y exprimida en la cintura y en los muslos; úsase también este remedio para las almorranas y demás enfermedades de los intestinos. Para los calambres se ata una madeja de cocuiza en la parte afecta o en la articulación superior, y cesan prontamente. Se usa, asimismo, la cocuiza para muchas enfermedades de las bestias y para las que expresa el párrafo que trata del cocuy.

133. Col: la hoja, revolcada en ceniza caliente y aplicada al vientre, sirve para calmar el dolor cólico. También se aconseja para la misma enfermedad cocida en vino o frita en aceite de coco o de olivas; se toma el vino en cantidad de dos onzas; el aceite se aplicará con unas plumas, bien una cataplasma de las hojas al vientre o en aquella parte que sufra el dolor. Para curar el empacho, se cuecen las coles en sangre de toro y se aplican en emplasto al vientre, dándose a beber al paciente el cocimiento de raíces de pira y escobilla. Para los dolores de cabeza, se saca el zumo de las hojas y embebido en él un migajón de pan, se aplica a la frente y sienes. Los polvos del tronco, quemados y unidos al unto, se ponen tibios en el dolor de ijada y en el de costado.

134. Colombo: esta raíz, que parece ser la misma de nuestro bejuco estrella, es muy útil para detener los vómitos espasmódicos, las diarreas y las disenterías biliosas, tomando los polvos en dosis de un escrúpulo a una dracma. En cocimiento, puede tomarse una o dos dracmas para una libra de agua. Tómase también en infusión de vino por cucharadas. Esta raíz, que compite con la quina como un tónico de los más celebrados, se toma después de las fiebres graves con el fin de restablecer las fuerzas.

135. Cominos rústicos: el cocimiento se aplica para las enfermedades del estómago por causa fría, ventosidades, indigestiones, para corregir el menstruo y calmar los cólicos uterinos o dolores de ijada, para lo cual se hacen fricciones en el abdomen y pubis con el aceite en que se haya frito la semilla y hojas de dicha planta. También entran estas en los jarabes antivenéreos y en las lavativas para provocar la menstruación. El té de cominos de España, así como el aceite en que estos se hayan frito, son también muy eficaces para los cólicos ventosos o de indigestión. Para las cámaras de sangre, se aconseja comer cominos con pan en ayunas y por la noche, y tomar encima un huevo tibio con polvos de mostaza. El té de los cominos rústicos echado caliente sobre unas ruedas de naranja agridulce y tomado frío dos veces al día, cura las diarreas.

136. Coneja: las hojas de la morada se usan para quitar los dolores de cabeza aplicándolas a las sienes, el zumo de cualquiera de las matas de coneja despojada de las hojas, colado y añadiéndoles sal, es una de las pociones más eficaces para prevenir las resultas de las caídas o porrazos.

137. Conejo: embebida una tela en la sangre de este animal y puesta a secar, se aplica en las erisipelas, sin atarla en la parte que padece, y sanará.

138. Congolocho negro: tomado este insecto o gusano y extraído su interior, que es blanco, se unta en las escrófulas, aun cuando estén supuradas, poniendo encima un papel de seda. La unción se hace dos veces al día.

139. Conopia: esta planta produce una fruta de un olor nauseabundo que a la vez da una tinta finísima, de color morado. Las artes han de obtener con el tiempo grandes ventajas de este precioso producto nacional, que se cosecha en abundancia en la provincia de Guayana u otras de este país. La Medicina celebra esta fruta como un poderoso resolutivo, aplicando su cocimiento en gargarismos y lavativas. Especialmente está acreditada esta medicina para resolver los tumores escrofulosos, los llamados incordios o bubones, los bocios o papera, los cangros, las excrecencias, etc., usando al intento el aceite que se confecciona con ella en unciones tibias. También se pone este en los dolores de la cara, para las sorderas y dolores de oídos.

140. Contrayerba (llámase también tusilla): es un contraveneno coagulante; la figura de la raíz, que es de la que se hace uso, es oblonga, de cuatro pulgadas de largo, nudosa y cubierta de fibras o raicillas que la fijan en la tierra. La matita es semejante a la espinaca. Es febrífuga y diaforética, corrobora el estómago, disuelve los flatos, contiene las fluxiones disentéricas, sirve para los resfriados y espasmos, se administra a los acometidos de viruela y sarampión, y cura las mordeduras de culebras. Con éxito se ha administrado en la epilepsia, el tétanos y el cólera asiático, tomándose en esta última enfermedad una copita de infusión de la raíz machacada en vino y puesta al Sol por tres días. Deben repetirse cada hora las dosis hasta que cese la diarrea.

141. Concha de morrocoy: un pedazo carbonizado, pulverizado y tomado en dosis como de una cucharadita de las de café en medio vaso de vino blanco, caldo o sulup claro, es un remedio muy poderoso para curar la epilepsia o gota coral, que vulgarmente llaman mal de corazón.

142. Copey: de la resina que produce este árbol se forma un emplasto para aplicarlo a las quemaduras y huesos dislocados. La corteza se aconseja, en cocimiento fuerte, para baños en las afecciones reumáticas, y las flores, en decoración teiforme, para las enfermedades del pecho.

143. Coralito: es una planta cuyas flores, arracimadas y de color encarnado, se asemejan a los corales; las hojas son anchas y de un verde oscuro. Se aplican estas a la frente y sienes para quitar los dolores de cabeza. Para muchas otras enfermedades, creo yo que ha de servir esta planta aún poco conocida, la cual es posible que sea la amargosa de que se ha hablado en el lugar respectivo.

144. Corazoncillo (véase chivatera): puesto como cuatro puños de las hojas en infusión de vino blanco por veinticuatro horas, se destila luego por alambique y se guarda bien tapado. La mujer que tome tres dedos de un vaso en ayunas por algún tiempo, sanará de las úlceras de la matriz.


145. Coralito: es una planta cuyas flores, arracimadas y de color encarnado, se asemejan a los corales; las hojas son anchas y de un verde oscuro. Se aplican estas a la frente y sienes para quitar los dolores de cabeza. Para muchas otras enfermedades, creo yo que ha de servir esta planta aún poco conocida, la cual es posible que sea la amargosa de que se ha hablado en el lugar respectivo. Medicamentos indígenas

146. Corazoncillo (véase chivatera): puesto como cuatro puños de las hojas en infusión de vino blanco por veinticuatro horas, se destila luego por alambique y se guarda bien tapado. La mujer que tome tres dedos de un vaso en ayunas por algún tiempo, sanará de las úlceras de la matriz.

147. Cordoncillo negro: para las erupciones crónicas, se usa la infusión interiormente y también en baños. El cocimiento fuerte se toma en las afecciones venéreas solo o asociado con los otros ingredientes que entran en los jarabes que se confeccionan para combatir dichas enfermedades. También es muy eficaz el cocimiento para el menstruo; el de las raíces con azúcar cande se toma en la tisis y también en la supresión de la regla. Esta raíz es un purgante muy apropiado para expulsar los malos humores, y lo mismo el cocimiento de las hojas.

148. Corocillo: la raíz, que es aromática, se toma en cocimiento o pulverizada para el histerismo y otras afecciones del estómago, obrando como un tónico de los mejores; también se aplica para curar las diarreas crónicas, los resfriados o espasmos. 


 

149. Corozo: el vino que produce esta pala, tomando diariamente por quince o más días en dosis de cuatro onzas dos veces al día, una de las cuales ha de ser ayunas, fecundiza las mujeres, mueve sus menstruos y cura maravillosamente la calentura ética. Al mismo tiempo deben darse fricciones en la espalda con el aceite de su nuez, el cual, como fresco y resolutivo, puede aplicarse a otras muchas enfermedades.

150. Cremón: las hojas de este arbusto, que son muy semejantes a las del algodón, se aplican a la frente y sienes para quitar el dolor de cabeza. También sirve para el ictérico cuando ataca las partes altas. Esta planta se produce con abundancia en la provincia de Maracaibo; es muy parecida a la del algodón, con la diferencia de tener flores encarnadas. 

151. Cruceta real (llámase también quipito hediondo): la corteza de este árbol es el 

152. Cruceta blanca: el cocimiento de las hojas puesto caliente en una vasija con un poco de aguardiente de caña, sirve para que reciba el vapor el que padezca de almorranas. Igual aplicación sea margo más fuerte que se conoce y el tónico más eficaz. Aplícase en las disenterías, aun en su último grado, en infusión de vino blanco o en polvos. Del mismo modo se toma para curar las calenturas de frío. hace en las hinchazones y tumores.

153. Cucaracha: este insecto es un poderoso antiespasmódico y se aplica como tal a muchas enfermedades. Para la orina retenida, se toma una dracma de sus polvos y media de los de cáscaras de huevos frescos; se ponen en dos botellas de vino blanco y se les añade una cucharada de zumo de cebolla blanca. De este remedio se da al enfermo medio vaso tibio cada dos horas, hasta que orine. Para la piedra de la vejiga, se ponen dos dracmas de los mismos polvos y una onza de aguardiente ginebra en media botella de cocimiento de garbanzos. Esta bebida se divide en dos tomas, para tomar una en ayunas en dos días consecutivos. Para el asma de los niños, se administra una dracma de dichos polvos en agua de escobilla; para los adultos se toman las cucharadas envueltas en lienzo claro y se pone el lío a remojar en vino, del cual se dará a beber al enfermo. Esta medicina puede administrarse en distintas formas para curar el asma. Para la sordera, zumbidos y dolores de oídos, se toman como treinta cucharadas, se lavan en buen vino blanco y se hierven, luego que se saquen, en dos onzas de aceite de almendras y cuatro de vinagre fuerte hasta la consunción de este. Del licor ya frío y exprimido por un paño, se instilará en el oído una gotita y después se tapará con algodón almizclado.

154. Cuajo: es una pieza contenida en el estómago de las reses, y se aplica cuando está seca en los hatos para cuajar la leche en las queseras. Al mismo tiempo, es un eficaz medicamento para contener los flujos inmoderados y los abortos, tomándose su cocimiento dos veces al día. 

155. Cuerno de ciervo: es un acreditado antiespasmódico. De él se confecciona la llamada piedra oriental, para lo cual, y sus aplicaciones, se hace la siguiente descripción: se toman varios pedacitos del cuerno y se ponen a tostar en crisol o al horno hasta que tomen el color del carbón. De este remedio se hace uso para las mordeduras de culebra sajando estas antes y aplicando a ellas un pedazo de cuerno carbonizado. También sirve para los espasmos aplicándolo humedecido al lugar que se quiera, en el cual se adaptará inmediatamente si en realidad allí existe el mal, y pronto desaparecerá el dolor o la tensión que se experimentaba. El cuerno de ciervo carbonizado se toma en dosis de una o media dracma en agua de yerbabuena para quitar el hipo, matar las lombrices y curar los flujos intestinales; también se da a los niños para los mismos males, poniendo los polvos en pasas después de haberlas despojado de las semillas. Se administra también al intento de expulsar las lombrices, en dosis de media dracma con doce granos de semilla de verdolaga y otras doce de la de pazotes en agua de yerbabuena. Un lienzo sahumado en las rasuras de cuerno ardiente en brasas, corrige los espasmos y malos aires. Los polvos, en vino, sirven para fricciones en los resfriados y dolores de los huesos y coyunturas. El espíritu, que se encuentra en todas las boticas, surte los mismos efectos que los polvos.
Para todos los flujos de vientre, aunque provengan del hígado, se toman dos onzas de rasuras y, puestas en tres botellas de agua, se dejan al rescoldo por cuatro horas; luego se cuecen a fuego lento, hasta que queden en la tercera parte; y después de colado, se le añaden tres onzas de azúcar, dos de agua rosada, una de zumo de granadas agrias y una de sándalo cetrino pulverizado. Vuelto al fuego por un cuarto de hora, se apea, se deja enfriar y se coloca en vasos de vidrio. De la jalea que resulta se tomarán de tiempo en tiempo dos o tres cucharadas y encima un poco de agua de llantén o cenicera. El mismo remedio se confecciona de este otro modo: se ponen al fuego en vasija apropiada dos botellas de agua con una granada ácida hecha pedazos, dos onzas de rasuras de cuerno de ciervo, una dracma de simaruba, una y media onzas de goma arábiga, una mata de llantén entera, un puño de borraja y un cuarto bollo de pan quemado. Se cuece todo hasta que se reduzca a la mitad, se cuela y, cuando esté frío, se tomará por copitas en todo el día hasta que se concluya la botella. Si se quiere poner azúcar, no hay inconveniente. Este cocimiento se hará diariamente lo más pronto posible (véase aceite de palo).
Para las calenturas de frío, tercianas o cuartanas, se toma una dracma de los polvos, otra de acíbar y media de los de pez rubia, mirra, almáciga e incienso, y todo bien mezclado en el mortero, servirá para espolvorear un lienzo doble de tres pulgadas de ancho y nueve de largo, humedeciendo antes en aguardiente de Islas o de uvas, el cual se colocará de la boca del estómago al bajo vientre. Se tendrá el cuidado de remojar este emplasto de tiempo en tiempo con el expresado licor, sin quitarlo. No se necesita ningún otro medicamento. Para curar la epilepsia, se darán los polvos en dosis de una dracma en cocimiento de cardosanto o de saúco en los últimos días de la menguante de la Luna, o bien cuando dé el acceso. Para los dolores de muelas, se aplican a la picadura los polvos, después de cocidos en vino tinto y de haber tomado los buches de este.

156. Cuerno de ganado vacuno: raspado en cantidad como de un medio puño, y puesto a quemar en un brasero, de modo que el paciente absorba el humo, se sahúma luego un pañuelo y se cubre con él la cabeza y oídos, y bastará esto para que desaparezca el mal aire, el resfriado o el espasmo recibido; también pueden perfumarse las sábanas o vestidos. Hecho este remedio, debe resguardarse el enfermo por tres o cuatro horas, en las cuales se mantendrá recogido, a menos que el sahumerio se haga a todo viento. Tostado un pedazo de cuerno y pulverizado, se pone de los polvos como una pulgarada en aguardiente de uvas hervido y se toma para el cólico, que seguramente se curará y retendrá más. Para las cámaras hemorroidales, se aplica el vaho de las rasuras quemadas al ano.

157. Cují: el cocimiento de las vainas se aplica para contener las diarreas crónicas, tomado interiormente y en forma de lavativas. El zumo exprimido de las mismas, después de molidas, se usa como colirio en las oftalmías crónicas, en las nubes y opacidades de la córnea; también en el flujo de sangre y para poner los cabellos negros. En las quemaduras, se aplica la goma de casia disuelta en yemas de huevo para evitar la formación de flictenas. La cataplasma hecha con las hojas la acostumbran en las heridas recientes. El jugo de las vainas condensado al fuego da una sustancia negruzca y sumamente astringente, bastante parecida a la que en el comercio lleva el nombre de catecú. La goma que destila el tronco es la verdadera goma arábiga que nos viene de Egipto. El cocimiento de la raíz de cambur y unas ramas de albahaca silvestre sirve para dar baños calientes a los que padecen de cáncer en el estómago, en cuyo órgano se pone una penca de zábila asada todos los días.

158. Culantrillo: de esta planta se confecciona un jarabe muy eficaz y poderoso para las afecciones del pecho, el asma, las retenciones del menstruo y demás casos en que se trata de purificar la sangre y curar las obstrucciones del bazo. He aquí la receta:
Se toman seis onzas de la yerba sin raíces y, bien lavada y puesta en vasija vidriada, se le echan de agua hirviendo como seis botellas, en cuya infusión quedará por veinticuatro horas; pasadas estas, se pone la vasija al fuego hasta que se consuma la mitad; después se cuela, se le incorpora libra y media de azúcar y vuelve a ponerse al fuego, donde se clarificará con clara de huevo, se espumará y se le dará punto de jarabe. El cocimiento fuerte de culantrillo se toma en las obstrucciones crónicas del hígado y del bazo, en las diarreas, ictericia, nefritis, cálculos y catarros vesicales, para todo lo cual puede hacerse también uso del jarabe que queda anotado. Los polvos de la raíz se dan a los primeros síntomas del frío en las calenturas intermitentes. Las cataplasmas de las hojas se aplican para resolver los tumores escrofulosos y para hacer salir el cabello caído por la tiña.

159. Culantro: las hojas se usan como unos de tantos aromáticos estomacales en infusión teiforme. Para las sorderas, se colocan dentro del oído, y puestas en aguardiente sirven para fricciones en los dolores nerviosos y otros. Tomado verde y majado, se amasa con harina de habas para aplicarlo en emplasto en los lobanillos. Se asegura que mordidos estos por una mujer que esté en su período menstrual, desaparecen. Los que padezcan de insomnio, tomarán los mismos polvos en cocimiento de lechugas o en vino con azúcar. El culantro es una de las especies de que se hace uso para condimentar ciertas comidas.

160. Culebra: se asegura que comiéndola por todo alimento, desechando la cabeza, bebiendo el agua en que se haya colocado de antemano este animal y aun lavándose con ella, se cura la elefancía. Tomada la culebra cazadora y pasada varias veces por un bocio o papera, desaparecerá esta en poco tiempo; también se cura este mal usando una gargantilla de los huesos del espinazo de la culebra. De la grasa de esta, particularmente la denominada tragaveneno, se prepara un poderoso resolutivo, y no pocas medicinas confeccionan con ella los farmacéuticos.
El cascabel de la culebra de este nombre, disecado y envuelto en un algodón, se aplica al oído y hace desaparecer la sordera o calma los dolores de este órgano. Puesto un cascabel en brasas que se hayan colocado en una vasija y sentándose a recibir el vapor, se curan las abocaciones del útero. Debe resguardarse la enferma de todo frío y aun del aire. La piel de la culebra puesta con aceite rosado en los dolores de la cara y otros, desaparecerán prontamente.
Hay culebras que llaman vieja unos, y otros machaquera, cuyo cocimiento se toma para soldar instantáneamente cualquier quebradura, sea de hombre o irracional; una hora después de bebido dicho cocimiento, la quebradura se encontrará perfectamente soldada, procurándose antes que el hueso esté bien ajustado; también se toman los polvos en medio vaso de agua caliente. Dividida una de dichas culebras en pedazos y vueltos a acomodar, quedarán al instante perfectamente adaptados y se pondrá en movimiento como si nada hubiese sucedido. Para el mal de Lázaro, se da a beber el vino en que se haya puesto una culebra a la cual se le haya quitado la cabeza y la cola. De esta misma se dará a comer cada tres días como una dracma de la carne. Las hinchazones o úlceras de los elefancíacos se untarán con aceite en que se haya colocado al Sol una víbora. Todos los días se lavarán la cara y las postillas o úlceras con el agua en que se haya puesto una culebra.

161. Cundiamor: tomada la fruta madura o pintona, se machaca y se pone un buen puño de una botella de aceite de Castilla a fuego lento, hasta que pierda toda la sustancia acuosa; cuélase y se aplica para curar toda clase de heridas, laceraciones, porrazos y quemaduras. También es eficaz para las úlceras. La mata entera machacada y puesta en aguardiente al Sol por tres días o a fuego lento, se aplica para el reumatismo e hinchazones, untándolo varias veces en las partes enfermas.

162. Curara: árbol que se produce en la Sierra, provincia de Maracaibo, y cuya corteza pulverizada cicatriza dentro del tercer día toda especie de úlceras, por antiguas que sean y de mal carácter. Los mismos polvos, disueltos en agua, estancan la sangre de cualquier hemorragia. Si se toma esta agua estando oprimida la respiración, cesa al instante este malestar. La misma corteza se aplica para curar tumores, golpes y dolores reumáticos.

163. Curbinata: la piedra que se encuentra en el hueso de la cabeza de este pez, reducida a polvos y tomados en pequeñas dosis en cocimiento de raíz de espárrago o de perejil, cura el mal de orina.

164. Curía: es uno de los mejores aromáticos; su infusión caliente se aplica como sudorífica y estomacal. La cataplasma de las hojas se usa para los tumores recientes, y para el reumatismo se aconseja el zumo, asociándole otro tanto de aguardiente y un poco de aguarrás. Para la tos y otras enfermedades del pecho, se toma el té hecho con las hojas. Para perfumar la ropa se ponen las hojas en los cofres y escaparates.

165. Currucal: la resina así llamada es un excelente medicamento para las dislocaciones de los huesos o flojedad de las coyunturas. También se aplica para curar los empeines y es un antiespasmódico muy eficaz (véase tacamahaca).

166. Cusparia (llámase también chuspa): la corteza pulverizada se toma como febrífuga en dosis de diez a quince granos en las fiebres intermitentes, y como tónico en las debilidades del estómago, diarreas, disenterías y en la gangrena. Es un eficaz remedio para las calenturas pútridas en que ninguna otra medicina la supera.

167. Danta (llámase también gran bestia): la uña o casco de este cuadrúpedo, rasgada y puesta la raspadura en medio vaso o menos de vino blanco o en otro vehículo apropiado, sirve para curar la epilepsia o mal del corazón. Algunos que padecen de este terrible mal, la llevan colgada al cuello en pedazos.

168. Dátiles: la fruta se da en cocimiento en las irritaciones de la mucosa pulmonar. Regularmente se asocia con los higos y ciruelas pasas. Los huesos de dátiles pulverizados sutilmente, en dosis de tres dracmas y otro tanto de los polvos de corteza de naranja seca, se dan en dos dedos de vino blanco para acelerar al parto detenido, después que la criatura ha coronado.
Para la dificultad de expectorar, se hace un cocimiento con cuatro botellas de agua, seis dátiles, seis higos, veinticuatro pasas, doce ciruelas, dos raíces de borraja y medio puño de cebada, y reducido el líquido a la mitad, se le añade media onza de orosus, se cuela, se le incorpora libra y media de azúcar y vuelve a ponerse al fuego hasta darle punto de jarabe. De él se tomarán dos cucharadas mañana y noche, y encima medio vaso de agua de lechuga y saúco.

169. Deshinchadera: como lo dice el nombre, las hojas de esta planta puestas en cualquier hinchazón la hace desaparecer en poco tiempo. Del mismo modo se aplica para las irritaciones, en forma de cataplasma o bien poniendo solo la hoja con alguna grasa fresca o vinagre.

170. Dividive: la semilla es un poderoso astringente usado para muchas enfermedades; se aplica con especialidad exteriormente, y para curar las hemorroides, en forma de ungüento. Del cocimiento de las hojas y corteza del arbusto majadas, se administran lavativas, añadiéndole un poco de buen vinagre para atajar las diarreas crónicas y pujos.

171. Doradilla: se encuentra en los climas fríos. Es muy solicitada para los jarabes antivenéreos y para tomarla en cocimiento o en sirop, con el fin de excitar o corregir el menstruo. Las hojas, amortiguadas con agua hirviendo, sirven para curar los chancros restregándolos con ellas, y para los de la boca se aplica el zumo puesto en miel rosada con un hisopillo. El cocimiento de las mismas se toma en las obstrucciones del hígado y para confortarlo. Para la hidropesía, se toman todas las mañanas tres vasos del cocimiento de esta yerba.

172. Durazno: el cocimiento de las hojas se aconseja en baños calientes en la perlesía y tullimiento. De las flores se hace una conserva muy acreditada para purgar suavemente el humor bilioso, para purificar la sangre y para las afecciones hepáticas. Los lavatorios del agua de cogollos de durazno se aplican para los herpes y el zumo para la tiña, e interiormente para las lombrices. Los polvos de las hojas, con alguna grasa, se usan también para curar la tiña.

173. Eneldo: el cocimiento de las flores o semillas es muy apreciable para atajar los cólicos ventosos y demás afecciones del estómago provenientes de causa fría, y para facilitar los loquis en las paridas. Para los mismos males se aplican fricciones de aceite de eneldo mezclado con unto o enjudia de gallina. Muchas desazones de este órgano han cedido tan solo con mascar un par de palmitas de las que contienen las flores y tragar la saliva, o bien tomar encima unos tragos de vino. Puesto en el puchero, se toma el caldo por las criadoras para excitar o aumentar la leche.
174. Erizo: tomados los bofes de este marisco y tostados y pulverizados, se administran dos cucharaditas en vino generoso al que padece mal de corazón o epilepsia al tiempo del accidente. También se da para el mismo mal la grasa que contiene dicho marisco, haciéndola comer al enfermo y tomando encima unos tragos de vino.

175. Escoba amarga: el sahumerio de sus flores quemadas en un brasero, hecho en las sábanas y vestidos del que experimente algún síncope, lo hace detener dentro de poco tiempo. Las mismas florecitas fritas en aceite de olivas y compuesto con ellas en emplasto con aguardiente de uvas y polvos de nuez moscada, se pone en el estómago y hace desaparecer las incomodidades y desazones del histérico.

176. Escoba babosa: el cocimiento de las hojas es mucilaginoso: se toma como refresco y como una bebida apropiada en las blenorragias y mal de orina. Estrujadas las hojas en agua natural, sirve para baños en la sarna y otras enfermedades cutáneas, y agregándose a la misma agua un poco de papelón, se aplica en lavativas en las afecciones intestinales. La cataplasma de las hojas con vinagre es excelente para las irritaciones y en particular para aplicarla a la del hígado. La escoba babosa suple a las malvas en todos los casos en que debe aplicarse esta planta.

177. Escobilla: el cocimiento de la raíz de esta yerba se usa con bastante generalidad para detener las diarreas, los pujos, las acedías y los vómitos espasmódicos: él es un eficaz corroborante del estómago, y cura las indigestiones y cólicos ventosos. Como diurético se administra en todas las enfermedades de los órganos genitales, las hidropesías y leucoflegmasías.

178. Escorzonera: el zumo de la raíz endulzado y tomado en dosis de cuatro cucharadas con un polvo de sal común, es un excelente purgante de la bilis u humores venéreos. El cocimiento simple se toma igualmente para corregir dichos humores y para entonar el estómago, quitándole al efecto la corteza; consérvasele esta cuando se aplica en las retenciones del menstruo. Al intento, bastará tomar dos veces al día el cocimiento de dos ruedas con un pedacito de raíz de brusca endulzado con miel de abejas. Una dosis se toma en ayunas y la otra al acostarse. También se confecciona un jarabe de dicha raíz, el cual se ordena para las mismas enfermedades y como vehículo de otras medicinas.

179. Espadilla: el cocimiento de las hojas es un refrigerante eficaz y muy usado para las irritaciones, y es a la vez sudorífico. También se toma el zumo en las fiebres inflamatorias, en las biliosas y en las ardientes o tabardillo. Esta planta se encuentra en casi todas las casas de esta capital, donde se hace de ella un uso muy general para las enfermedades del momento; de modo que cuando el médico llega, regularmente se le dice: “El enfermo ha tomado agua de espadilla.”

180. Espadón (véase issocá).

181. Espárrago: la raíz en cocimiento es un diurético de los más acreditados. Basta tomar cuatro onzas de su cocimiento fuerte tres veces al día, o dos cucharadas del jarabe, para poner la orina expedita. Este remedio conviene mucho a los hidrópicos. También se usa el cocimiento en lavativas, junto con otros ingredientes, en las retenciones del menstruo.

182. Esponja de mar: puesto a cocer un pedacito en agua natural, sirve esta para absorciones purgativas del humor pituitoso o reumático. Pulverizada y tomada diariamente en dosis de media dracma es un vehículo apropiado que cura bocios o paperas. Para las fístulas se pone una mecha acicalada de esponja en ella, la cual se untará de sebo y encima un emplasto de adhesivo.

183. Espino: nace en los llanos húmedos; tiene las hojas en figuras de lancetas y, al pie de cada hoja, una espina. Aplícase a los mismos males que la amargosa o yerba santamaría (véase amargosa). En la provincia de Maracaibo hay una planta llamada también espino, cuyas semillas tomadas en número de cuatro o más, agujereadas y puestas con un cordón a la cintura, curan las almorranas. Algunos dicen que deben echarse en agua, y tomar igual número de las que se van al fondo y de las que sobrenadan. Machacada una de ellas y aplicada la masa en el punto por donde haya entrado una espina, la extrae prontamente.

184. Esponjilla: es la fruta de una planta o bejuco que se cría silvestre cerca de las lagunas y se enreda en los árboles; también se encuentra en las montañas primitivas. Las hojas y ramas se asemejan a las del pepino, y también las flores, aunque más pequeñas. La fruta es del tamaño de un huevo mediano de gallina; en ambas extremidades es puntiaguda y algunas otras puntas tiene en su superficie. Dicha fruta contiene una sustancia fibrosa, esponjosa y tan amarga que de solo tocarla contamina los dedos. Se aplica para evacuar los humores grasosos y serosos, para las enfermedades crónicas de los nervios y articulaciones, para las afecciones intestinales y para la perlesía, asma, cólicos, flatos e hidropesías.
La dosis de este vomipurgativo para un adulto es la octava parte de la fruta, siendo regular, puesta por la noche en infusión de tres o cuatro onzas de agua fría y tomada por la mañana algo tibia. Cuando los vómitos sean violentos y quieran defenderse para que la operación se haga por abajo, se untará el vientre con aceite de olivas tibio.
En la parálisis, tumores fríos, dolor ciático y retención de la orina, se usarán las fricciones del aguardiente en que se haya puesto la fruta en infusión por veinticuatro horas.

185. Estiércol de asno: es astringente y se usa para detener las hemorragias, los esputos de sangre y las flores blancas. Al efecto se toman cuatro puños de él y se ponen en remojo en agua rosada, cuélase esta luego y con el líquido se hace un jarabe con papelón, del cual se tomarán cuatro cucharadas mañana y noche. Este remedio se usará solo para los esputos de sangre y flores blancas; para las hemorragias, se preferirá este otro: tómese un buen puño de estiércol de asno que esté fresco y, si está seco, remójese con zumo de llantén, revuélvase, exprímase para sacarle todo el jugo y después de colado mézclese una cucharada con dos de zumo de ortiga o suelda-con-suelda. Tómase esta bebida tres veces al día hasta que desaparezca el mal. Para el excesivo flujo de menstruo se toma el estiércol seco y, pulverizado en lo posible, se coloca en un saquito de tafetán o lienzo fino de forma larga y se pone en la vulva atado por los extremos y sostenido por delante y por detrás por otra cinta o cordón que rodeará la cintura. Para las apostemas en la garganta, se mezclan los polvos con sesos de golondrinas y puesto todo en vino se hacen frecuentes gárgaras.

186. Estiércol de caballo: aplícase para la retención de la orina tomándose el peso de dos onzas desleídas en vino tibio y después colado. Este remedio producirá su efecto aun cuando el mal provenga de piedra en la vejiga. Para la pleuritis o dolor de costado, se ponen a hervir en dos botellas de vino blanco cuatro boñigas de caballo hasta la disminución del líquido a la mitad: se cuela este, se endulza con azúcar y se le da un vaso al enfermo por la mañana, el cual se quebrará recogido y abrigado porque es este un eficaz sudorífico. Para el mismo mal se aplica también el remedio así: a cuatro onzas de estiércol en infusión de libra y media de cocimiento de cardosanto, se le añaden, pasadas dos horas de aquellas, dos onzas de jarabe de achicoria y una dracma de sal amoníaco. Cocido en vino y añadiéndole un medio puño de orégano, se pone en forma de emplasto en el ombligo de los que orinan sangre. El primer remedio se administra para facilitar el parto. El estiércol tostado y rociado con vino blanco hasta darle la consistencia de emplasto, se aplica al estómago en sus dolores. El jugo del fresco mezclado con igual dosis de vino blanco bebido, es bueno para restañar las venas rotas interiormente. Incorporado el estiércol en cocimiento de saúco caliente y colado, se da a beber para hacer brotar la viruela. Para curar la sordera, véase cebollín.

187. Estiércol de cabra: pulverizado y poniéndole un poco de vinagre fuerte hasta darle consistencia de emplasto, sirve para aplicarlo en las dislocaciones de los huesos y quebraduras recientes en forma de bizma. Esta misma composición desleída en agua de llantén y rosas, es un poderoso astringente, ya para las hemorragias, ya para afirmar la dentadura tomándose buches, ya en lavativas en las diarreas crónicas y pujos, las cuales deberán ponerse en pequeñas dosis. Puestos los polvos expresados en dosis de una dracma para un vaso de leche de vaca recién ordeñada, y tomado tibio por el que sufra del pulmón por vómicas u otras causas, se verá curado prontamente: esto es, si hay la dieta suficiente y si observan los demás preceptos que haya impuesto el médico. Tomado fresco y frito en aceite agregándole vino, se espolvorea con canela y se pone en el empeine para quitar el dolor o ardor en el útero o la uretra. Sin la canela se pone el emplasto en los cánceres y fístulas.  Para los testes hinchados con dolor, se ponen los polvos en vino y se untan dos veces al día con este remedio.

188. Estiércol de cerdo: puesto en una vasija vidriada sobre brasas y agregándole un poco de tacamahaca, se recibe el humo y se abriga la cabeza con un pañuelo también sahumado para curar la jaqueca. Puesto el polvo en la picadura de una muela, hace desaparecer el dolor. Aplicados a la vulva los polvos amasados con zumo de llantén, contiene las hemorragias uterinas.
Echado el estiércol al pie de un granado ácido, lo torna en dulce.

189. Estiércol de gallina: recogido el que resulte amarillo, se deslíe en agua y se unta en la cabeza que tenga empeines de cualquier especie que sean y se sanarán.

190. Estiércol de iguana: desleído o pulverizado y puesto en dosis de media dracma en medio vaso de cocimiento de caña de malojo, cura el mal de orina.

191. Estiércol de paloma: amasado cuando está seco con miel de abejas bastante para que quede con la consistencia de emplasto, se aplica a los tumores, panadizos, etc., a fin de madurarlos y que se evacúe pronto el pus. Para el tullimiento se mezclan los polvos con unto y un poco de miel de abejas y se dan fricciones en la parte enferma. Puesta media dracma de este estiércol en un caldo o en agua de escobilla o amapolas, cura la pleuritis. Remojado en vinagre por veinticuatro horas y dejándolo secar, se reduce a polvos, de los cuales se dará el peso de una dracma con otra de canela pulverizada en un medio vaso de vino para curar el mal de piedra en la vejiga. Para quitar las manchas de la cara, los empeines o cualquier otra erupción como barros, etc., se pone el estiércol en vinagre y bien desleído se unta varias veces. Para el dolor de ijada y el de costado se forma un emplasto del estiércol cocido en vino hasta que se espese, y se aplica a la parte dolorida. Ese estiércol es sumamente cálido y un excitativo poderoso de la piel en cualquier parte del cuerpo en que se ponga.

192. Estiércol de pato: tomado bien seco, puesto al Sol o al fuego y pulverizado, se mezcla con vinagre y se unta con este remedio la cabeza tiñosa y pronta sanará.

193. Estiércol de pavo: desleído en vino o agua de llantén, se toma a menudo para curar el mal epiléptico o de corazón.

194. Estiércol de perro: para la piedra de la vejiga se aplica de la manera que queda explicado en el articulo cardosanto. El estiércol muy blanco que llaman canino se pulveriza y se pone con media cucharada de agua de llantén y rosas para curar la disentería y demás enfermedades de los intestinos.

195. Estiércol de ratón: pulverizado se tomará en ayunas y, al acostarse, como una dracma o pulgada en una taza de zumo de llantén endulzado para curar los esputos de sangre, para los que se orinan en la cama, en la diabetes u orina incontenible. Para quitar el dolor y deshinchar los pechos de las criadoras, se deslíen los polvos en agua natural (poca cantidad) y se unta con unas plumas.

196. Estiércol de vaca (véase bosta de vaca).

197. Feregosa o fregosa: el cocimiento de las hojas tomado dos veces al día cura las diarreas, cólicos ventosos y de indigestión; para los niños es remedio muy eficaz en sus frecuentes desarreglos del vientre. El mismo cocimiento aplicado en lavativas expulsa las lombrices y cura la disentería gangrenosa, en cuyo caso se introducen también las hojas de feregosa y un gajo de limón agrio, y se ponen en el ano para curar la enfermedad vulgarmente llamada bicho. Las hojas calientes aplicadas a los dolores ventosos los quita prontamente.

198. Fistolera (véase chivatera).

199. Floripondio: es un narcótico eficacísimo. Las hojas se aplican como un poderoso calmante en los fuertes dolores de cabeza y otros; la flor, que es sumamente odorífera, colocada debajo de la almohada, conduce al sueño. Esta planta se tiene por peligrosa, pero se cree que el aroma que exhalan sus flores es útil en las épocas de peste.


200. Fresas: el cocimiento del fruto es un refrigerante singular para las irritaciones de todo género, especialmente para las del hígado. Él hace desaparecer los barros, ampollas y cualquier otra afección cutánea originada de irritación, lavándolas dos veces al día con el mismo líquido.
Destilada el agua de fresas por alambique, habiéndolas hecho secar un poco y quebrantarlas de antemano, es eficaz remedio para corregir la sangre, tomando un vaso por mañana y tarde; pero no se ha de hacer uso de esta agua sino después de un mes de destilada, habiéndola conservado entre tanto en botellas o vasijas de vidrio. Esa bebida templa los ardores del pulmón y del hígado, y es un vehículo apropiado para otras medicinas.

201. Fruta de burro (llámase también guarichi): es un contraveneno muy acreditado para la mordedura de culebra y otros animales ponzoñosos, a cuyo efecto se pulveriza s lombrices; por su virtud astringente, afirma la dentadura, restregándola, fresca. y se toma en vino. Ella es también muy estomacal y corroborante, tomando el polvo en vino o chocolate y expulsa la

202. Galápago: la concha de este anfibio tostada y pulverizada se toma en vino en dosis como de una pulgarada para la orina suprimida y en algunos cólicos. La carne, comida diariamente, hace expeler el humor venéreo.

203. Galicosa o bandolera: es una yerba cuyo zumo o el de la raíz se aplica para curar el reumatismo, los dolores nerviosos y las demás enfermedades provenientes de frío. Extractadas las hojas en aguardiente es mucho mejor y puede conservarse. La raíz entra en los jarabes para el mal venéreo con buen éxito. El cocimiento se toma también para evacuar los humores y para otros males de nervios y del estómago.

204. Gallo: del pescuezo tostado al horno y pulverizado se aconseja tomar los polvos en dosis de una pulgarada en vino al acostarse para los que se orinan en la cama. La sangre de la cresta mezclada con miel se aplica para las hinchazones de las encías y para la buena dentición de los niños; agregándole ajos molidos, puesto todo en vino, hará expeler el veneno que se haya tomado. Los granos o testes de este volátil, mojados y disueltos en agua fría, se dan en una sola toma a los epilépticos. No debe tomarse vino en nueve días.

205. Garbanzos: puestos en agua natural y bebida esta por común, es eficaz remedio en la blenorragia y gonorreas. Ha de ponerse de una vez la cantidad suficiente para ocho días y tomarse aun cuando sea desagradable. El carato es también muy apropiado para el mismo mal y para el de la orina. Las fomentaciones del cocimiento de garbanzos en los pezones de los pechos y comer estos granos con frecuencia, hace abundar la leche a las criadoras. Para la evacuación de los loquios en las paridas se aconseja un caldo de garbanzos, en el cual se incorporan diez o doce granos de azafrán. Para detener la sangre de las narices, o sea hemorragia nasal, se pone al fuego una teja nueva y, cuando esté bien caliente, se colocan en ella unos garbanzos y se remueven hasta que se pongan colorados. Entonces se quitan, se pulverizan y, echando en un poco de agua de suelda-consuelda como una cucharada, se hacen absorciones. A falta de la citada yerba, se cuecen rosas y llantén. Para la disentería se tomarán cuatro cucharadas de los polvos, seis de agua rosada y cuatro de aceite de Castilla y, bien reunidos, se le dará todo al enfermo en dos mañanas consecutivas. Con los polvos bien tostados se hace una bebida semejante a la del café, que puede tomarse hasta por gusto; ella sirve para corregir los malos humores y mejorar la sangre; conviene además para las criadoras y para los que padecen del mal venéreo. Para las hemorragias del útero se toma interiormente el remedio arriba anotado para las nasales.

206. Jengibre: es aperitivo y corroborante del estómago. El cocimiento de esta raíz ayuda a la digestión, cura los espasmos y el escorbuto, y detiene los vómitos, para lo cual, aun cuando se vuelva la primera tacita, debe repetirse. En los males que resultan de las mojadas y pantanos, el té hecho con un pedacito de esta raíz machacada los corrige inmediatamente. Mojada y frita en aceite de olivas o de coco, sirve este para unciones en los dolores nerviosos y para los cólicos espasmódicos. Algunas gotas de su infusión en agua hirviendo se aconsejan para aclarar la vista y para curar las nubes y manchas de los ojos. En general, se aplica para todos aquellos males que provengan de resfriado o indigestión, así interior como exteriormente, según queda expresado. Del jengibre se confecciona un jarabe para las enfermedades anotadas y entra también en otros antivenéreos. También se hace uso de él en polvos. Los viajeros harían bien en llevar consigo esta preciosa medicina, lo cual es muy fácil ahora que se encuentra en las boticas la esencia, muy bien sacada.

207. Jengibrillo: las raicillas de esta gramínea tienen muy buen sabor. Las señoritas las usan mucho para limpiarse la dentadura y para dar buen olor a la boca. Ellas son además un buen corroborante del estómago por su propiedad tónica tomadas en cocimiento teiforme.

208. Girasol: el zumo de las flores y semillas puesto en vino blanco es un poderoso específico para curar la perlesía, el cáncer, la hidropesía y las fiebres intermitentes. Tómese al intento medio vaso de esta medicina en ayunas. Este medicamento es también muy bueno para los que padecen de piedra o arenas en los riñones o vejiga.

209. Golondrina: hay una yerba de este nombre cuya aplicación medicinal se encontrará en la letra ‘Y’.
Contrayéndome a las aves denominadas golondrinas, diré que para curar la esquimencia o angina se usaba antiguamente poner al horno en vasija vidria algunas de ellas, especialmente los pichones, y pulverizadas después de bien tostadas se daba una dracma de los polvos en caldo, por mañana y noche.

210. Grama: el cocimiento de esta yerba con sus raíces bien lavadas antes y tomado en abundancia, es un eficaz diurético, muy usado en las enfermedades venéreas y de la orina. Esta raíz entra por lo común en los jarabes que se preparan para curar dichas enfermedades. La cataplasma de la grama majada se aconseja en los males del bazo. Algunos toman la infusión en agua fría de un día para otro, en lugar del cocimiento arriba expresado, el cual produce muy buenos efectos en la opresión de pecho y otras afecciones de este género.

211. Granada: el zumo de los granos endulzado conviene tomarlo en las irritaciones biliosas e intestinales y se aplica también a las úlceras de la boca. El cocimiento de la corteza de esta fruta es un fuerte astringente que se aplica interiormente y en lavativas en las enfermedades de los intestinos. Como bebida, se compone una tisana del modo siguiente: se cuece un pedazo de la corteza y corazón de la fruta en una botella de agua y se le agrega toda la corteza de un limón agrio, un puñado de arroz tostado y media dracma de simaruba. Se cuela luego que se haya hervido bien, se endulza y se tomará tres veces al día. Las balaustes o flores, o sea la corteza y corazón bien secos y pulverizados, se toman en forma de café en las blenorragias, pujos, diarreas crónicas y otros males en que se recetan fuertes astringentes. Para las enfermedades anotadas se hace también uso del cocimiento fuerte de la raíz y de la corteza carbonizada, muy especialmente para ciertas úlceras. Una cucharada de granada ácida y media de aceite de olivas, se mezclan y se dan para expulsar o matar las lombrices. Para estas, especialmente la solitaria, se mascan al día tres dosis de la corteza de la fruta del tamaño de una pieza de medio fuerte, tragando la saliva y después el bagazo, tomando encima unos tragos de salmuera. También se aplica la corteza de la raíz en dosis de una onza, cocida en una botella de agua hasta que se reduzca a la mitad, y se toman dos cucharadas tres o cuatro veces al día. Para los catarros del pecho se mascará la corteza de la fruta como queda expresado arriba. La granada ácida es preferible para las aplicaciones apuntadas.

212. Greda: desleída en poca cantidad de leche tibia y colada se unta con unas plumas en la erisipela o en cualquier otra hinchazón; luego que se seque se vuelve a repetir la unción sin tocar la capa que haya formado la primera, repitiéndose aquella hasta que ceda la afección, en cuyo caso se lavará la parte enferma con agua de flores de saúco tibia. Si este mismo medicamento se hace con aquella greda de que forman los avispones sus casuchas, es más seguro. Yo he tenido una notable hinchazón en la cara en un pueblo de la provincia de Cartagena (Sabana Larga), y un indio, en cuya casa estaba alojado, viéndome molesto porque la enfermedad me retenía en ella, me aplicó el expresado medicamento compuesto de la indicada tierra de avispones y agua, y a las seis horas había ya desaparecido el mal y me encontraba completamente bien. No puedo menos que anotar aquí otro excelente remedio que se confecciona con la greda y está experimentado para muchas enfermedades. Se toma onza y media de greda y se le agrega media de antimonio preparado, todo en polvos y puesto al Sol para que se seque bien, se envuelve en un lienzo doble y se pone en infusión con una botella de buen vino blanco por veinticuatro horas en una vasija de barro; luego se extrae la pasta y se hace uso del líquido, el cual es un vomipurgativo muy eficaz para administrarlo en las fiebres intermitentes y tercianas o cuartanas, dos horas antes del acceso. También se usa este remedio para otras fiebres, pero ha de ser por indicación de algún facultativo. Con este mismo medicamento se curan las apoplejías, el hígado, el bazo, los cólicos, la perlesía, las lombrices y las convulsiones. La dosis será de siete a diez cucharadas para los adultos, y para los demás en proporción. Los niños de uno a dos años solo tomarán una cucharada, la cual puede endulzarse para que les sea grato el remedio. Los que teman vomitar tomarán un caldo antes del medicamento y otras dos horas después, con el cual se convertirá este en un purgante. La pasta puede servir para ponerla en otras diferentes botellas de vino, en los términos ya expresados.

213. Grillo: tostado uno o más y pulverizado, se dan los polvos en peso de seis a diez gramos en cocimiento de raíz de perejil o de espárrago para facilitar la orina retenida, lo cual se efectúa pronta y maravillosamente.

214. Guaco: es un antiespasmódico muy acreditado, tomándose dos a tres cucharadas del zumo. Yo he presentado, entre otros, un caso en que estando una persona entrabada por consecuencia de un espasmo, hubo de introducírsele el zumo de guaco por el hueco de un diente que le faltaba, en dosis como de dos cucharadas; pocos minutos después abrió la boca y, tomando algo más de dicho específico, el mal desapareció prontamente. El mismo zumo se aplica interior y exteriormente para curar las mordeduras de culebra y de otros animales venenosos; también se toma solo o terciado con aguardiente de ginebra para las retenciones del menstruo y las fiebres después de los evacuantes. Está experimentado este remedio como un poderoso discuciente en las caídas y contusiones tomándose tres o cuatro cucharadas en ayunas. Aplícase, asimismo, interior y exteriormente para curar el cólera morbo, la perlesía, el reumatismo, etc. La infusión en vino blanco está probado que cura cierta diarreas y pujos, y hace expeler las lombrices. Inoculado el zumo en varias partes del cuerpo y tomado interiormente por algún tiempo, es incontestable que preserva o hace inútiles las mordeduras de culebra por muchos años. Para curar el hígado, se pone en la cataplasma de hojas rociadas con aguardiente de caña y se toma diariamente una copita del zumo endulzado en jarabe de achicoria o de goma, al levantarse y al irse a la cama. Para todas estas aplicaciones se prefiere siempre el guaco morado al blanco.

215. Guaica: los cogollos y la raíz de este bejuco son muy apreciados por las gentes del campo como un eficaz vermífugo para hacer expeler las lombrices. Esta planta se cría en abundancia en nuestros llanos, donde las señoritas hacen uso del bejuco para limpiarse los dientes.

216. Guajira: la raíz es semejante a una patata. El cocimiento de cuatro o cinco hojas de esta planta, o bien el de un pedacito de dicha raíz, es un purgante muy eficaz. Prodúcese por lo regular en las vegas o en lugares húmedos.

217. Guamacho (llámase también supí): así la fruta, que es agradable, como las hojas estrujadas en agua natural, colada y endulzada, son un buen refrigerante para la sangre. El cocimiento de la corteza de este árbol se usa en lavatorios para las úlceras viejas, las cuales se mundifican y cicatrizan aplicándoles luego el zumo de la cocuiza hervido hasta que tome consistencia y extendido en una planchuela (véase cocuiza).

218. Guanábano: la fruta de este árbol bien madura es grata al paladar y se toma como antibiliosa y refrigerante en algunas enfermedades, especialmente en las fiebres después de los evacuantes. El zumo hervido y endulzado con azúcar es más apropiado para los males expresados, y muy particularmente para el hígado en sus inflamaciones. El cocimiento de la fruta jojota se aconseja para la ictericia, y también es eficaz remedio el carato de la madura, tomado por nueve días, con media onza de maná para cada copa que se tome a la hora del refresco diario. De las hojas se forma una cataplasma astringente de las más eficaces para varias enfermedades. Las del guanábano cimarrón o de monte se aplican con sebo para curar las parótidas. El cocimiento de las hojas se toma en las diarreas, y bastará para curarlas si son recientes.

219. Guapota: es una hoja redonda que, aplicada a cualquier parte del cuerpo, levanta ampolla como lo hiciera un cáustico de cantárida. Los campesinos hacen uso de ella cuando se les receta un vejigatorio.

220. Guapito: es una planta pequeña que produce unas hojas lanceadas y algo ásperas. En cualquier parte del cuerpo que ellas se pongan solas o húmedas, o bien en forma de cataplasma, obran como un poderoso cáustico. El zumo disuelto en aguardiente es un fuerte excitativo de la piel, y como tal, utilísimo en los casos en que convenga la aplicación de un sinapismo o derivativo.

221. Guarataro: las raíces de esta gramínea bien lavadas y puestas como media docena en dos botellas de agua natural desde la noche, y tomada esta al día siguiente, se ordena para la retención de orina. También se usa en cocimiento para este mismo mal y para la ictericia; en buches para los dolores de muela, y para las afecciones del recto en lavativas. Para afirmar y hacer crecer el pelo se peinan con el cocimiento frío las señoras y señoritas. Úsase también al mismo intento machacar toda la planta y ponerla en agua natural por una noche para lavarse la cabeza al día siguiente.

222. Guaritoto (llámase también ortiga): la raíz en infusión de vino por una noche, o los polvos, son eficaz medicamento para la piedra en la vejiga tomando medio vaso dos veces al día. La misma en cocimiento se aplica para las hemorragias, especialmente la del útero; para curar las gonorreas, por inveteradas que sean, y también las flores blancas (véase ortiga).

223. Guarichi (véase fruta de burro).

224. Guásimo: la corteza del blanco un poco machacada y puesta en infusión de agua natural hasta que suelte el mucílago y luego endulzada, o bien el cocimiento, se aplican para desirritar el hígado y para la blenorragia, disentería y flujo. La corteza del colorado se usa también en las flores blancas para los loquios en las paridas, y para arreglar o excitar el menstruo asociado con la escorzonera; tómese por una semana una o dos veces al día, según la complexión de la persona. Para estos últimos casos se endulzará con miel de abejas. La raspadura del palo, quitada la corteza, cura las úlceras aplicándola a estas sin ningún otro mejor medicamento, con especialidad en la hematuria ingrediente. Para las enfermedades de la orina no hay mejor medicamento, con especialidad en la hematuria u orina de sangre.

225. Guatamare: semilla aromática y muy preciosa para toda enfermedad espasmódica. Basta machacarla y ponerla en poca dosis con cualquier vehículo, para que con una o dos fricciones desaparezca el mal. La planta se produce abundantemente en nuestra hermosa Guayana.

226. Guayabita arrayán: esta planta es un astringente muy poderoso, por cuya razón se aplica el cocimiento de sus hojas o cortezas para los flujos de la sangre, para las diarreas y disenterías crónicas, en buches para afirmar la dentadura y en fomentaciones en la procidencia de la matriz, en el flujo uterino, en las fracturas de los huesos, en las inflamaciones de los testes, en la oftalmía y en las escoriaciones y roturas que sobrevienen en los partos. Los polvos de las hojas se ordenan en los desmayos, disueltos en vino. El zumo de la fruta verde mezclado con vino, se pone en las mordeduras del alacrán, y el cocimiento de la misma o de las hojas para ennegrecer, afirmar y prolongar el pelo, para curar los albarazos y manchas, y para instilarlo en los oídos en el catarro crónico de estos órganos o en sus flujos purulentos.

227. Guayabo: el cocimiento de las hojas o del fruto verde es un fuerte astringente y se toma para la diarrea; también se usa al intento comer la citada fruta. Las guayabas ácidas se aconseja tomarlas para la ictericia. La cataplasma de las hojas se aplica en las obstrucciones del bazo y para las hinchazones. Las del guayabo silvestre son todavía mejores para los males indicados. El cocimiento de su raíz sirve para curar la hidropesía bebiéndolo dos veces al día.

228. Guayacán: el cocimiento, así del leño como de la corteza, esta con menos actividad, es un eficaz atenuante; se toma para curar la hidropesía y obstrucciones, y para mover largamente la orina y el sudor. También se aplica en los reumatismos, erupciones y destilaciones y para sanar los catarros, los flatos, las hinchazones y dolores causados por el venéreo; para esta penosa enfermedad se confecciona un jarabe agregándole las rasuras de guayacán, solas y asociadas con la zarza, el polipodio y otros específicos. Puesto un pedazo de leño en el agua de beber, la purifica, le quita la crudeza y aumenta su tonicidad. 


229. Helecho: la raíz en cocimiento fuerte se aconseja para expeler las lombrices; también se administra en polvo de dosis de dos dracmas en una onza de aceite de ricino o té tartago. Con este remedio se ha conseguido la expulsión de una prolongada solitaria. La cataplasma de las hojas machacadas se pone en las picadas o mordeduras de culebra, en los cánceres y en las inflamaciones de cualquier especie.

230. Hidrópica: planta que nace y se cría en las lagunas y tiene las hojas gruesas, formando con ellas la misma figura de las rosas. Su cocimiento se aplica para baños en las hinchazones de los hidrópicos.

231. Hierro: es este uno de los minerales más preciosos en la Medicina por la multitud de males a que se aplica con un éxito admirable. El hierro es un poderoso agente para dar tonicidad al estómago y nervios, para arreglar o excitar el menstruo, para la clorosis, las flores blancas, las lombrices, los flatos intestinales, la hipocondría y en las afecciones de las vísceras abdominales. Para obtener la curación de estos males, se toma el hierro de mil maneras: en infusión de agua natural, en tintura, en píldoras, pulverizado, etc., solo o asociado con otros ingredientes. No obstante, las aplicaciones que en los diversos casos anotados corresponden a los facultativos, apuntaré la dosis de algunos de estos medicamentos, a fin de que estén al alcance de todos. Puestas ocho onzas de hierro en veinticuatro botellas de agua natural, se le agregarán tres onzas de alquitrán bien lavado, y de esta infusión, que es la más eficaz para curar el mal de orina, comenzará a hacerse uso desde el cuarto día tomándola por agua ordinaria, y para ponerla en el vino de las comidas. El agua que se tome diariamente se repondrá todas las noches, y de este modo puede durar la infusión tres o cuatro meses, rehaciéndola cuatro días antes de concluirse el período. Las alimañas de hierro se usan en píldoras de doce a quince granos y más, que pueden reiterar varias veces en un mismo día. De la tintura se pueden tomar de diez a veinte gotas en dos o tres onzas de agua natural, en ayunas y antes de las comidas. El carbonato de hierro se aconseja en dosis de doce a veinticuatro granos en un vehículo conveniente. Cuatro onzas de moho de hierro se ponen en una botella de vino blanco superior y se toma desde el cuarto día una copita en ayunas, que se repetirá al acostarse. Esto hará recuperar las fuerzas a los órganos de la generación en su impotencia. Para otras aplicaciones del hierro, véase acero.

232. Higuera: la hoja de esta planta pasada por agua caliente se aplica a los callos para destruirlos. El cocimiento del fruto pasado se toma en gargarismos, o bien la pulpa, para la irritaciones de la mucosa pulmonar. La leche de higuera se pone en algodón en las muelas o dientes cariados que duelan, y en las verrugas y clavos para curarlos. La cataplasma de higos pasados con leche es anodina y muy eficaz en ciertas irritaciones. Para la hinchazón o dolores en las mamas se ponen fomentos tibios del cocimiento de higos y cardosanto con miel. El emplasto de higos pasados cura los lobanillos.

233. Higuerote: la cataplasma de la corteza de este árbol se aplica en las heridas recientes. El jugo lácteo que produce el tronco se pone en hilas para soldar las hernias y contraer los huesos dislocados. Untado en las verrugas, las destruye; asociado con sebo extrae los clavos y, según lo expresa el señor licenciado Benítez en su obra ya citada: (…) es el cautchus o goma elástica, sustancia cuyo descubrimiento ha sido, es y será de gran importancia a las artes y a la Medicina; ella se encuentra en el higuerote, en el haevea cautchue, en el jatropha elástica, en el art ocarpus integrifoloa, y en otros muchos de nuestros vegetales.

234. Hinojo: semilla muy estomacal y diurética. Su cocimiento es muy bueno, tomado bien caliente, para expeler los flatos y para las demás incomodidades del estómago por causa de frío o indigestión. Cortadas unas flores al anochecer, se colocará azúcar pulverizada en los canutos a que ellas están adaptadas y se ponen al sereno; al amanecer se recoge la miel que hayan producido y se pone en un frasquito para instilar una gota de ella en el ojo con nube tres o cuatro veces al día. Para las demás enfermedades de los ojos se les aplica el cocimiento de las semillas o de las hojas. Para el mismo fin se machaca la raíz y con unas ramas de ruda se ponen en partes iguales de vino blanco y de orines de niño al Sol por tres días. El zumo instilado en los oídos hace expeler los gusanos que en ellos se aposentan. Un puño de las semillas y media dracma de las de ortiga hervidas en una botella de vino blanco en un medicamento que, tomado diversas veces al día en dosis de una copita, excita o aumenta la leche de las paridas. El hinojo entra en muchas composiciones medicinales, especialmente pulverizado.

235. Hormigas: molidas una buena porción con sal, que quede a manera de ungüento, se unta en los empeines para curarlos y en las manchas de la cara para que desaparezcan. Los huevos de hormigas majados y mezclados con zumo de cebolla son muy eficaz remedio en la sordera instilándolos en los oídos. Para el mismo mal se aplican de otro modo los huevos de hormigas (véase).

236. Huele-huele: es una planta que nace a las orillas del mar y cuya raíz es un excelente tónico, aplicable a todos los males del vientre e intestinos, tomado en forma de té.

237. Huevo de gato: he preferido a la mía, la explicación que hace de las propiedades medicinales de esta planta el señor licenciado Benítez en su obra titulada Principios para la materia médica del país. Ella dice así: El cocimiento de la raíz se aplica a la hemotisis, hematemesis y al flujo hemorroidal. Se usa como diurético en las retenciones de orina y en las hidropesías. El cocimiento fuerte hecho con dos dracmas de la raíz en una libra de agua, hasta quedar en ocho onzas y endulzado con miel de abejas, tomado a mañana y tarde, en cantidad de dos onzas, por quince días, obra como emenagogo, hace correr el menstruo y dispone a la concepción; él es también útil en la odontología o dolor de muelas, usándose en el tétano de los recién nacidos.

238. Huevo de gallina: aparte de su propiedad alimenticia que todos conocemos, los huevos de gallina son utilísimos a la Medicina. Las claras batidas en agua natural endulzada, refrescan los pulmones y calman la tos. Poniéndose tres o cuatro en una botella de agua rosada endulzada con  azúcar, y agregándole seis u ocho cucharadas de aceite de almendras, es un medicamento apropiado en la diarrea, disentería, pujos y toses rebeldes, tomando frecuentemente una copita. La albúmina, que regularmente se compone de los mismos ingredientes, menos el aceite, con variión del agua que puede ser hasta natural, es un buen refrigerante en los mismos males y sirve también de alimento. Dos claras de huevos batidas y mezcladas con un poco de harina de trigo y sangre de gallina, sirven para aplicarlas en emplasto a las venas hinchadas. Si hubiera dolor, se pondrá caliente. Una clara de huevo batida en un vaso de agua de linaza con agregación de cuatro cucharadas de aguardiente de caña, sirve para fomentaciones en los oídos, tapándolos luego con un algodón embebido en el mismo líquido, en las sorderas y dolores de estos órganos; siendo recientes, también se aplica como colirio y para defensivo en las inflamaciones de los ojos. Batidas tres claras de huevaco en una botella de aguardiente de caña en que se colocarán después cuatro onzas de arroz pulverizado y cernido, se usan para quitar las manchas de la cara y para hermosear el cutis. Batidas ocho yemas con cuatro cucharadas de aceite violado se tibian y por tres mañanas consecutivas se pondrá una lavativa para el dolor de los riñones, tomándose a pasto el cocimiento de flores o semillas de hinojo. Para el mismo mal se toman los huevos crudos, y pronto desaparece el dolor, como igualmente el de la vejiga en el mal de orina, haciendo que esta salga fácilmente. En una yema de huevo se ponen dos dracmas de trementina bien lavada y un poco de azúcar en polvo, o en lugar de trementina una dracma de bálsamo de copaiba o aceite de palo, para tomarla en ayunas y curar la gonorrea. Esta misma medicina, diluida en cocimiento de llantén y rosas, se pone en lavativas para las afecciones del recto. Sirven las yemas de huevos para la tisis, poniendo cuatro de ellas en un vaso de vino de Málaga con más de dos dracmas de aceite de palo. Bien removido todo y endulzado con jarabe de violetas, se toma una cucharada cada dos horas, bebiendo encima unos tragos de agua de lechuga o de saúco. Exteriormente se aplican las yemas mezcladas con aceite rosado y vino de Málaga, para poner este bálsamo digestivo en planchuelas y curar las úlceras y heridas. A doce o más huevos sancochados que queden duros se les quita la cáscara, se parten por mitad, se les sacan las yemas, en cuyo lugar se coloca azúcar cande bien molida y, en defecto de esta, de la común; se vuelven a unir las mitades, se ponen en un enrejadito de madera o caña, de modo que en cada cuadrito entre una parte de cada huevo; se coloca el enrejado en una vasija cóncava, procurándose que quede a una distancia del fondo o asiento de ella y, así arreglado el aparato, se pone al sereno por toda una noche; por la mañana, en ayunas, se tomará una cucharada del líquido que haya destilado y otra al acostarse, con cuyo medicamento se curan las toses rebeldes y otras afecciones del pecho. Tomados los mismos huevos sancochados y quitadas las claras, se ponen las yemas dentro de un saquito o talego de tela de hilo, bien tupida y poniéndolas entre dos planchas apartadas del fuego y que estén en un grado regular de calor, se obtendrá con la presión, suave al principio, el precioso aceite de huevo, tan celebrado para destruir los chancros, para las quemaduras y para todas las enfermedades en que sea necesario aplicar un resolutivo eficaz. Mezclada la clara con cal viva, solda los vidrios, mármoles, lozas, etc., de modo que nunca fallan por la pegadura. Los huevos crudos se aconseja tomar a las personas debilitadas, bebiendo encima medio vaso de buen vino añejo. También conduce al fin de restablecer las fuerzas perdidas, batir bien unos huevos crudos en bastante cantidad, ponerlos en una vasija y sentar en ella al enfermo por media hora. Puestas doce yemas de huevo bien batidas en agua de cardosanto, se toman para la pleuritis. Para la hinchazón de las encías, se pone una yema de huevo que esté dura en un pañito y se frotan con ella. Para el dolor de ijada se aplica una tortilla bien frita en aceite, colocada en un paño, en el empeine. Si no se quitare pronto el dolor, se vuelve a freír y se pone de nuevo sin dejarla enfriar. Los huevos sirven para muchos otros remedios que no es posible enumerar aquí.

239. Huevo de hormiga: para curar la sordera se majan y, con ruda y lombrices de tierra también molidas, se fríen en aceite de olivas, del cual se pondrán unas gotas en los oídos que se taparán con un algodón embebido en el mismo aceite. También se pone en dicho órgano para quitar el dolor, los huevos de hormiga amasados con leche de perra.

240. Huevo de pavo: tomados unos huevos y quemados y pulverizados se mezclan con vinagre, y del bálsamo que resulta se hace uso como un probado remedio para matar la sarna, la tiña y cualquier otra afección cutánea.

241. Huevo de sapo: planta pequeña que produce unas frutitas redondas y amarillas del tamaño de un garbanzo. Sus ramas y cogollos puestos en una botella de agua al fuego y tomado este cocimiento por cuartas partes en el día, se aplica para detener los vómitos y curar el cólera asiático. Al efecto, se ponen al mismo tiempo en el ombligo unas hojas machacadas y calientes de la misma planta y se aplican lavativas de dicho cocimiento, agregándole fregosa y hojas de toco de láudano. En el caso de arrojarse la primera dosis de la bebida, se repetirá otra inmediatamente; si los vómitos se detienen, se suspenderá aquella, a menos que siga la diarrea colérica. Las lavativas pueden componerse también de cáscaras de granada y cortezas de merey (tomado de una receta del señor Ignacio Briceño Méndez, de Cuidad Bolívar). 

242. Iguana: la grasa de este animal es eficaz remedio para aplicar a las hinchazones y para los dolores ciáticos, poniéndole un poco de aceite de sasafrás. La piedra que se extrae de ella se pulveriza y se aplican los polvos para el mal de orina. El hueso del rabo sirve para el dolor de oídos.

243. Indio desnudo: el cocimiento de la corteza de un puño de hojas de albahaca silvestre es excelente remedio aplicado en baños calientes, para curar la perlesía y los dolores venéreos, y para fortificar los miembros debilitados. Haciéndose en el tronco de este árbol una incisión y poniéndole fuego en la parte opuesta, produce la resina denominada almáciga, que es tan útil a la Medicina. Tomando el cocimiento de la corteza, es un eficaz antiespasmódico (véase almáciga).

244. Incienso: un grano regular de esta resina, tragado al acostarse, tomándose en ayunas media onza de azúcar rosado y encima un vasito de agua de flores de saúco con unas gotas de la de azahares, es un apreciable buen remedio para curar el catarro o la tos provenientes de un resfriado. Aplícase también el incienso mezclado con sebo para los dolores reumáticos de la cara, y se pone en las muelas cariadas para quitar o evitar los dolores. Pulverizado, se pone en una clara de huevo para defensivos en la frente y sienes en la inflamación de los ojos o fuertes dolores de cabeza. El sahumerio se usa para desinfectar las piezas o lugares en que se absorbe un aire impuro, y también en las disenterías o pujos, recibiéndose el humo por el ano. Fórmase con el incienso una cola superior para pegar cristales y vidrios. Al intento, se ponen partes iguales de esta resina, albayalde, cera blanca y almáciga, todo molido y derretido. Para usarla se calienta la pieza que se ha de pegar. Para los pujos se pone dentro de una vasija un tiesto con unas brasas, en las cuales se riegan unos granos de incienso y se recibe el humo por el ano. Si con la primera aplicación no desapareciere el mal, se repetirá hasta conseguirlo.

245. Incienso macho (véase tacamahaca).

246. Issocá: los conquistadores la denominaron “espadón” por la figura de sus hojas, aunque estas no exceden de una cuarta de largo. Nace regularmente en las sabanas y en las tierras altas de temperamento frío; es una especie de achicoria de un sabor sumamente amargo, con cuyo motivo la llaman también amargosa, que es la traducción de la palabra ‘issocá’. El cocimiento de seis u ocho hojas de esta planta machacadas es un poderoso medicamento en el dolor de costado, tomándolo varias veces al día y aplicando al mismo tiempo las cataplasmas de las mismas hojas que sirven para el cocimiento, con aguardiente de caña y aceite de almendras. Cuando las hojas están secas se dobla la dosis y surten el mismo efecto (véase chicoria).

247. Jabón: el común, con preferencia el negro, se usa para lavar y restregar con él fuertemente a los que padecen de sarna, tiña y otras erupciones cutáneas, antes de hacerse otros medicamentos exteriores. El jabón sirve para emplastos en algunos tumores e hinchazones asociado con azúcar o papelón, con aceite y otros medicamentos. El agua de jabón se aconseja en pediluvios y fomentaciones en ciertas enfermedades de la epidermis, y como derivativo de otras. El jabón preparado, que se encuentra en todas las boticas, se aplica en píldoras de doce a quince granos para ciertas afecciones gástricas, y como un resolutivo que con otras drogas se receta en la curación de diversos males. También se aconseja en emplasto el denominado Códex. El jabón de Castilla, raspado en dos cucharadas con otras dos de aceite de olivas, dos de zumo de tabaco verde y otras dos del de pazote, se pone al fuego en vasija apropiada, y la pomada que resulte cuando dé el primer hervor, se unta fría en el hígado para desobstruirlo y curarlo en sus desarreglos. El jabón negro puesto en el ombligo, especialmente de los niños, poniendo encima un papel de estraza, se aplica en las astricciones de vientre y cólicos.

248. Jabillo: la fruta contiene una almendra agradable al gusto; pero tan purgativa o más que las de los piñones. Bastará comer dos o tres de ellas para evacuar largamente. Se cree por algunos que es esta la celebrada nuez vómica, pues su aplicación en la parálisis produce los mismos efectos que aquella. Aquí hemos visto un físico curarse comiendo esta fruta sin saber lo que hacía, sin conocer sus efectos. Las hojas quitan los dolores de cabeza y otros musculares o nerviosos.

249. Jazmín encarnado: el polvo de la raíz se usa como purgante y para matar los gusanos. Las flores se aplican para curar ciertas herpes y efélides, frotando con ellas las partes afectadas. Estrujadas las flores en agua natural y tomada esta dos veces al día, contiene los flujos uterinos y los abortos, poniendo cada media hora un fomento en las caderas de aguardiente de caña, fríos. Debe guardarse cama.

250. Jazmín real: el zumo de las hojas de esta planta se usa para curar las úlceras de la boca y el escorbuto, mezclándose una pequeña parte de miel rosada; la aplicación se hará con hisopo bien acondicionado. Las flores sirven para colirios de los ojos, haciéndose este remedio mucho más eficaz si en la infusión entran las rosas, la ruda, las flores de saúco con un polvo de azúcar y un poquito de aguardiente de caña.

251. Jobo: el cocimiento de la corteza de este árbol en lavativas purga y cicatriza las úlceras rebeldes, si ellas no provienen de venéreo; y aun en este caso, concurre al fin indicado con los demás medicamentos internos para sanar el mal principal. La raspadura de la misma corteza con papelón,se aconseja para la curación de las heridas. El cocimiento fuerte y bien caliente de la expresada corteza se aplica en baños para la perlesía y en unciones para el tétano.

252. Juan de la calle: el cocimiento de las hojas de esta yerba se usa en fomentaciones para el reumatismo agudo y demás enfermedades nerviosas; también se aplica en baños calientes a las partes que sufren por causa fría. En fomentos y cataplasmas se usa igualmente para los tumores e hinchazones, en cuyos casos es más conveniente que el cocimiento se haga en leche.

253. Juan Zamora: yerba descubierta hace pocos años por la persona cuyo nombre lleva. Ella es de un sabor amargo y el antiespasmódico más eficaz que se conoce. Dícese que a su virtud debió la vida el descubridor encontrándose pasmado y sin recursos en un camino, en uno de su viajes. El tomó, mascó y tragó la saliva sin conocerla, así es que no tiene otro nombre. 
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254. Lavandera (véase botonera).

255. Lagartijos: se asegura que bebiéndose ordinariamente el agua serenada en que se hayan puesto lagartijos, y tomándolos por toda comida asados o cocidos, se cura el horroroso mal de la elefancía. Tomados los lagartijos en buena porción, se les cortan las cabezas, colas y dedos, se les sacan las entrañas y luego se echan en vinagre fuerte por cuarenta y ocho horas; extraídos y puestos a secar al Sol o al aire, luego que lo estén se vuelven a colocar en otra dosis de vinagre por otro tanto tiempo; y vueltos a secar, poniéndolos al horno si fuera necesario, se pulverizan. De los polvos se toma una onza que, incorporada con cuatro de miel virgen, antes bien despumada, se da esta mixtura a los escrofulosos, en dosis de doce granos si es niño y, a adultos, de veinticuatro a cuarenta y ocho.

256. Lágrimas de San Pedro: las semillas son de un color azul claro y de figura piramidal, muy solicitadas para la formación de sartales. Se colocan al cuello para curar el reuma y para quitar los frecuentes dolores de muelas que este produce.

257. Leche: la de vaca tiene las propiedades alimenticias, refrigerantes y anodinas. Tómese terciada con el cocimiento de cebada para refrescar la sangre, para lo cual es aún más eficaz el suero. Asociada con otro tanto de zumo de berros, se aconseja en la tisis pulmonar y demás afecciones del pecho. La leche de vacas o de cabras, cocida hasta que se reduzca a la tercera parte, se aplica con éxito admirable para la disentería y pujos del hígado, tomando medio vaso tres veces al día con una cucharada de agua de cal. Para estos males es preferible la de cabras por su propiedad astringente y fortificante. La de burra es más fresca y dulcificante que las otras y se toma en ayunas, haciendo en seguida algún ejercicio a pie. También se aplica para arrojar el veneno que haya tomado, habiendo bebido antes medio vaso de aceite de olivas. Para el tenesmo o pujos, se toma botella y media de leche de vacas o de cabras y se pone al fuego; luego que hierva, se apea, se cuela y se le incorporan dos cucharadas de miel rosada y dos yemas de huevo. Este remedio se tomará tres veces al día y servirá de único alimento; si continuare el mal después del tercer día, será necesario tomar un vomitivo de ipecacuana y reiterarlo después de este. También se toma para el mismo mal la leche hervida hasta que se reduzca a la mitad, quedando en dosis de una copa, y otra de cocimiento de cebada, reducida también a la mitad. Se incorporan las dos cosas para tomarlas dos veces al día. Para el mal venéreo se confecciona un jarabe de leche que siempre ha producido los mejores efectos. He aquí el procedimiento: se ponen al fuego en vasija vidriada, nueve botellas de leche, a las cuales se les incorporará una libra de zarza muy seca y pilada hasta que quede bien quebrantada; déjase cocer hasta que se reduzca a la tercera parte; luego se cuela el cocimiento y se guarda en botellas para tomar de él medio vaso por la mañana y otro a la noche. El bagazo se pondrá a secar y su nuevo cocimiento servirá de agua ordinaria en los nueve días de la medicina. La leche de vaca se usa en pequeñas lavativas en las ulceraciones del recto, añadiéndole una cucharadita de miel de abejas; en algunos casos es conducente la agregación del carbón preparado o de una cucharada de agua de cal; esta agua se pone también en la leche que se toma interiormente para las afecciones intestinales. Las lavativas de leche con una cuarta parte de vino blanco son muy celebradas en el mal de orina. Para la disentería, se aplican las lavativas de leche de cabras en dosis de una botella al día, con media dracma de vitriolo blanco pulverizado. En la tisis pulmonar son muy conducentes las unciones en toda la médula espinal, o sea, el espinazo, de manteca de leche con unas gotas de limón agrio o vinagre. La cataplasma compuesta de leche, migajón de pan y azafrán, es eficacísima en todas las irritaciones. ara curar el asma, se toma una botella de leche de cabras y se cuece hasta reducirla a la tercera parte; se le pone azúcar muy molida, se bebe y se hacen gárgaras diariamente de agua de flores de saúco con almidón. Esta leche, con miel y azúcar, conviene para los estómagos debilitados. El suero en suficiente cantidad se hierve con lechugas, llantén y verdolaga, y colado se le agregan cuatro cucharadas de melado y sirve, tomado largamente, para curar el escorbuto y demás enfermedades de la sangre. Aplicadas las lavativas de este cocimiento, sirven para toda irritación del recto o cualquier otra. La leche de yegua se propina a los epilépticos para curarlos, en dosis de medio vaso diariamente. La de mujer, con una hiel de cabra, un poquito de mirra y miel, se introduce en el oído para curar la sordera. Para el mismo mal se aplican los remedios siguientes: la leche de mujer con el zumo de orégano o la misma con el de cebolla blanca.

258. Lecherote: “El bejuco de esta planta se usa en lugar de regaliza para las toses y ardores de orina. Cuando él está fresco, contiene gran cantidad de un jugo lacticinoso y dulce, casi análogo en el sabor al de la leche de vaca.”

259. Lechuga: el cocimiento teiforme de las hojas es muy usado para los males de pecho por sus propiedades calmantes y pectorales; el zumo es especial medicamento para los mismos males, tomándolo engomado o terciado con leche. Las semillas se aplican en cataplasma a los mismos fines y para el hígado; y así, el zumo de estas como el de las hojas puesto con un algodón en las muelas, hace desaparecer sus dolores. El jarabe es muy pectoral, y el zumo, con el de una cabeza de apio y el azúcar suficiente, se aplica a la frente y sienes para el insomnio. Para los niños es excelente medicamento en sus desvelos.

260. Lechuza: los huevos, bien batidos en el licor que acostumbre el que se embriaga y dado a beber en ayunas, le hará aborrecer la bebida.

261. Lejía: la cataplasma de pan y lejía puesta en los bubones venéreos recientes, los resuelve prontamente; añádase algunas veces a este medicamento el aceite de coco; al mismo tiempo que está obrando este remedio, debe purgarse el paciente y repetir los purgantes resuelto que sea el tumor o tumores. La lejía se aconseja para pediluvios en las retenciones del menstruo, en la fiebre tifoidea y muchos otros casos. La cataplasma arriba dicha, con aceite de coco y flores de manzanilla, se aplica en toda clase de tumores, especialmente en los escrofulosos.

262. Llantén: es astringente y un estomacal de los más eficaces; se usa interiormente para enfermedades intestinales, en la dentición de los niños y para las hemorragias, así el cocimiento fuerte como el zumo. Para esta última afección son más eficaces las semillas e infusión fuerte, asociándoles las rosas o los polvos de aquellas en dosis de una o dos dracmas en el mismo cocimiento fuerte de rosas o de suelda-con-suelda. Los mismos polvos, incorporados en dosis de una dracma al cocimiento de pazote y yerbabuena y tomado dos veces al día, hace expulsar las lombrices. El zumo de las hojas, aplicado con miel rosada a las úlceras de la boca, las cura pronto y eficazmente. El mismo, con azúcar cande o miel de abejas, se aconseja en la tisis, hemoptisis, disenterías, diarreas crónicas y pujos, y aún son más eficaces para estos casos las semillas tostadas y pulverizadas con claras de huevo. Exteriormente se usa el cocimiento para lavatorio o fomentaciones de las úlceras, tumores, escoriaciones e inflamaciones. A los mismos fines se aplica también en cataplasmas y lavativas o inyecciones, asociándole ya el agua blanca, ya el vinagre, ya el láudano, etc. Los polvos muy sutiles de las hojas de llantén se usan con éxito para encarnar y cicatrizar las úlceras venéreas de las partes genitales y en cualquier otra, después de lavadas con el cocimiento de las mismas hojas y un poco de aguardiente de caña. La absorción del zumo purifica la cabeza del reuma; y la hoja, empapada en vinagre, quita los dolores de aquella. La raíz machacada se unta en las verrugas y cadillos para quitarlos. Para las enfermedades de los niños, es el cocimiento de llantén la bebida más adecuada. En los casos de heridas de las mujeres embarazadas que son siempre muy peligrosas, se les hará guardar cama y se les administrará por nueve días media dracma de semillas de llantén pulverizadas, en huevo fresco. ara los ojos y sus enfermedades, se toma el zumo, se le agrega un poco de almidón y de vino, y se hace la aplicación en gotas tres o cuatro veces al día. Puede agregarse una polvada de azúcar.

263. Lima: el zumo de esta fruta, mezclado con aceite de almendras o de coco, se aplica para unciones al hígado en sus irritaciones y para cualquier otro caso inflamatorio. El zumo solo se usa para limpiar la caspa de la cabeza, y para curar la tiña se le asocia el zumo de tabaco verde. La corteza, en cocimiento teiforme, se aconseja para expeler los flatos, en los cólicos causados por estos o por indigestiones, y en todos los demás casos en que debe hacerse uso de un tónico. Para los cólicos, se toma media lima, se le quita lo de adentro y, poniendo en su lugar manteca de vaca, se calienta al rescoldo hasta que hierva; se aparta y se unta la grasa tibia, cubriéndola con unas hojas de tabaco curado. Prefiérese a la dulce la lima ácida.

264. Limón agrio: el cocimiento teiforme del suco hasta darle un gusto agradable, es el refrigerante más apropiado para todos los casos de irritación en que convengan los ácidos; algunas gotas del mismo suco se ponen en los cocimientos de linaza, cebada, arroz, etc., para hacerlos más eficaces; cuando la limonada se quiere hacer a la vez tónica, se agregará a la infusión caliente un pedacito de la corteza; de esta manera se aplica en las diarreas y pujos. El jarabe que se prepara con este ácido se usa así para los males indicados como para vehículo de otras medicinas. La corteza es sumamente apreciada por los que conocen sus virtudes médicas. Ella se toma en infusión caliente para entonar el estómago y expeler los flatos, agregándole algunos granos de anís, se coloca en el caldo, el atol, el vino, etc., a los mismos efectos. En las diarreas y pujos, se pone toda la corteza de un limón grande o dos pequeños en un jarro que contenga cuatro capas de agua de papelón y cuatro claras de huevo, y bien batido todo con molinillo, se toma en pequeñas dosis como de un tercio de vaso hasta que se concluya. A esta misma bebida se le agregan doce cucharadas de vino tinto al acto de batirla, y se hace entonces mucho más eficaz. Para expeler las lombrices de los niños de más de cuatro años, se les da el zumo de limón en dosis de una cucharada con cuatro o seis de aceite de tártago y de ocho a dieciséis de zumo de pazote, para tomar el todo en cuatro días, es decir, una cuarta parte de dicha preparación en cada día y en ayunas; a los de menos edad, se les disminuye la dosis en proporción. Para la nociva enfermedad denominada vulgarmente bicho, bastará colocar en el ano un gajo de limón y tomar frecuentemente limonadas. En las cegueras recientes, se aplica el zumo a los ojos con una plumita, se bañan estos con la limonada endulzada con azúcar o con el cocimiento de rosas y unas gotas del ácido. El limón asado y luego exprimido y asociado el zumo con aceite de almendras o de coco, es una untura eficaz para el hígado y para otras irritaciones. El limón asado se unta con pólvora en la peligrosa erupción denominada culebrilla y la destruye prontamente. Por último, tomadas dos cucharadas de caldo de limón colado y agregándole media onza o una cucharada de aceite de almendras y cuatro de aguardiente de cabeza, se reúne y bate bien todo esto para untarlo con unas plumas en las articulaciones que sufran por el reumatismo, cubriéndose luego las partes doloridas con unas bayetas sahumadas con romero.

265. Limón dulce: esta fruta es agradable y refrigerante; cómese con gusto en los grandes calores. La corteza mascada y tragado el suco, o tomada en cocimiento, expele los flatos y corrobora el estómago. Tomado un limón maduro, descoronado y extraído lo del interior, se rellena con azúcar mezclada con media dracma de polvos de anís y se pone al horno. El jarabe que resulta de la cocción, tomado en cucharadas, es eficaz remedio para los flatos y cólicos ventosos. La corteza se toma también a los mismos fines. El suco de limón dulce, aplicado con aceite de coco y claras de huevo al hígado y en cualquier otra irritación, es eficacísimo. Para los dolores de cabeza bastará pasarlo con unas plumas por las sienes y la frente, y aun al cerebro, si también doliese. Para los barros, las almorranas, fluxiones de ojos y pujos, se aplica dicho suco colado o en pequeñas inyecciones, según el caso.

266. Lirio: esta planta tiene las mismas propiedades y aplicaciones que la azucena (véase). Además, el suco de la raíz se aplica como un eficaz colirio en las enfermedades de los ojos. Para la de la matriz, se fríe la raíz machacada en aceite y se coloca de modo que llegue a la boca de aquel órgano. Para curar las escrófulas y cualquier otra irritación de las glándulas, se pone una cataplasma de la raíz, linaza y estiércol de palomas, rociado con vinagre. El zumo de las hojas con vinagre se aplica a las quemaduras.

267. Lombricera: es una yerbita que regularmente nace con abundancia en los cacahuales y demás lugares sombríos; tiene como una cuarta o menos de altura, con cuatro hojitas en lo alto y unas florecitas moradas adaptadas al pedúnculo que parte del centro, como tres pulgadas de tamaño. La figura del tallo es la misma de una lombriz, y basta tomar el cocimiento o la infusión fría de esta planta por veinticuatro horas, o una dracma o más de las semillas pulverizadas en jarabe violado para expeler las lombrices que haya en el cuerpo. También se confecciona una conserva al mismo fin con sus hojas y tallos.

268. Lombrices: pulverizadas después de bien lavadas y tostadas, las que se hayan expelido del cuerpo, y tomados diariamente los polvos en peso de una dracma en cocimiento de pazote o yerbabuena, hace evacuar todas las demás. Las lombrices de tierra, bien lavadas y asociadas con una cuarta parte de su peso de huevos de hormigas, se majan, se ponen al fuego con alguna grasa, y al primer hervor se cuelan y exprimen. Este remedio, untado en las partes afectadas por irritación o causa fría, es eficacísimo; úsase de él en las hidropesías. Los polvos de lombrices en cantidad de una dracma, tomados por tres días en cocimiento de achicoria, sirven para curar la epilepsia. Este medicamento se tomará en los primeros días de la Luna nueva. En las boticas se encuentra el celebrado aceite de lombrices, que se receta para calmar los dolores nerviosos, los espasmos recientes de los nervios y las convulsiones.

269. Maguey (véase cocuiza).

270. Maíz: tostado y puesto en el agua de beber, es un astringente apropiado para las diarreas. El cocimiento del maíz sin tostar con goma arábiga y azúcar cande, sirve para las afecciones del pecho, la blenorrea y los ardores de orina. Del morado se hace una mazamorra, que con un polvo de nuez moscada es muy apropiada para fortificar a las personas debilitadas por los desarreglos de la edad juvenil o por enfermedades largas y laboriosas. El atol de maíz blanco, o de cualquier otro, con unos cogollitos de ruda colocados en él, bien desmenuzados al apearlo del fuego, es remedio eficaz para el histerismo. El cocimiento de la caña se aplica en las retenciones de orina y la nefritis. El de la espiga es sudorífico. La masa de maíz sancochado se pone en los tumores para extirparlos; y mezclada con aceite de Castilla y papelón, se aplica a las úlceras, heridas, porrazos, etc. Del maíz se saca un aguardiente de mucho mérito y una chicha que en buen punto equivale al mejor vino.

271. Majagua: la corteza puesta en agua produce un mucílago que se aplica a la cabeza para hacer crecer y hermosear el cabello, peinándose luego; también se da dicha agua en bebida para el asma y en la bronquitis. Si causare vómitos, el éxito será infalible.

272. Malojillo: el té de las hojas es un excelente estomacal en todas las afecciones gástricas. La raíz se aplica para limpiarse con ella los dientes, así por el sabor aromático que tiene como porque ella forma una suave escobilla a poco de estarla masticando. También sirve para corroborar el estómago tragando el suco o tomando su cocimiento.

273. Malojo: un pedazo de la caña partido en cruz, se cuece y se toma el cocimiento en las constipaciones de la vejiga. Al poco tiempo, la orina quedará expedita, o por lo menos a la segunda toma; la del morado es la mejor. De las cañas de malojo se saca un exquisito aguardiente.

274. Malva: el cocimiento de las flores es muy usado en toda clase de irritaciones. El de las hojas es también apreciado con el mismo fin, muy particularmente en las enfermedades venéreas por su propiedad mucilaginosa y diurética, aplicándose en ellas así interior como exteriormente. Las cataplasmas son excelentes en las inflamaciones del hígado y otras, y al intento se asocia alguna grasa, aguardiente de caña y agua blanca. Las lavativas de malva y otros ingredientes son muy usados en todos los casos inflamatorios. La raíz en cocimiento es todavía más eficaz para curar los males indicados; ella es un emoliente soberano y, como tal, entra en algunos jarabes.

275. Mamey: la almendra de esta fruta, molida y mezclada con cualquier otra grasa, mata la sarna y con especialidad las niguas, impidiendo que entren otras por algún tiempo; al intento se ha de untar en los lugares en que existan los insectos. El carato hecho de la misma almendra y regado en la pieza o lugar en que haya pulgas, las hace desaparecer lo mismo que cualquier otro insecto perjudicial. La resina que produce el tronco del árbol se aplica a los mismos males y puede servir para otros usos medicinales.

276. Mamón: la almendra que contiene la fruta, asada y comida, o bien tomada la emulsión o carato hecho de ella, es astringente y se aplica para las diarreas recientes. Las hojas lo son igualmente y su cocimiento lo usan en los campos en lavativas en la misma enfermedad. Las hojas regadas en las casas en que haya muchas pulgas, las atraen y salen con ellas cuando barren; algunos aseguran que las matan.

277. Manatí: el hueso que a semejanza de una piedra se encuentre entre la nuca de este pez, llamado por otro nombre vaca marina, se usa pulverizado en dosis de una a dos dracmas en cocimiento de ortigas, llantén o rosas, para detener los flujos de sangre. También se aconseja poner el mismo hueso en las caderas o en la parte superior a la que produce la hemorragia. Comida la carne, desaparecerá toda enfermedad venérea; bastando el hecho para limpiar el cuerpo de humores tan dañinos. Para las hemorragias, se aplican también los huesos del espinazo o costillas de dicho animal, atados a la cintura o al cuello, según el órgano que las produce.

278. Mango: el cocimiento de la corteza seca del fruto se toma como un excelente pectoral; al mismo fin se aplica también la resina que produce el tronco del árbol. La fruta, cuando no está bien sazonada, no debe comerse porque es perjudicial a la salud, probado como está que produce indigestiones, diarreas y fiebres; tampoco conviene tomarla en abundancia aun cuando esté sazonada, por su complexión cálida. Siempre que se coma, se aconseja beber agua encima.

279. Maní: esta semilla es de complexión cálida y astringente; se usa en emulsión como alimento. Es, además, un buen estimulante de los órganos genitales. El zumo de las hojas tomado en dosis de medio vaso y aplicado esta al mismo tiempo a las caderas, detiene el aborto.
La emulsión o carato de las semillas crudas contiene los flujos uterinos y se aplica en la diabetes o el prurito de orinar. El aceite que se extrae de la almendra es finísimo y se usa como el mejor de los oleosos en muchas enfermedades; sirve también para el cabello y el alumbrado. Dícese que este aceite es de más mérito que todos los demás.

280. Manire: se asegura que el cocimiento de la corteza, separada la parte exterior, es eficaz remedio en la hidropesía. Es esta una de las frutas de otoño en nuestro país, y aunque es dulce y agradable, se digiere mal por ser dura.

281. Manteca: se usa como vehículo de muchos medicamentos, y en especial de los aromáticos. La de cerdo es muy recomendada para unciones en los cólicos, los porrazos recientes y la sarna, incorporándole azufre ( véase esta medicina ). La de vaca se administra interiormente en dosis de dos cucharadas, tomándose encima unos tragos de orines propios para curar el asma y los cólicos. Mezclada con aguardiente de caña, se unta para calmar las irritaciones o dolores; siendo preferible al efecto el unto fresco. Para las palpitaciones del corazón se compone un ungüento, que es remedio seguro, de la manera siguiente: En una libra de unto sin sal, se ponen cuatro cebollas blancas picadas y se le agregan unas palmas de ruda, unos berros, unas flores de manzanilla, un puñito de anís, un poquito de hiel de vaca y otro de papelón raspado. Puesto todo al fuego en olla vidriada, una vez cocido, se apea, se exprime por un paño y se guarda para dar unciones mañana y noche en el corazón o dondequiera que esté la palpitación o dolor por flatos o causa fría, y se cubre con un papel de seda. Para la perlesía, además de los remedios internos, ayuda mucho a la curación radical el siguiente: se toman de manteca de vaca fresca dos onzas y, puestas en vasija vidriada a fuego lento luego que esté derretida y antes que hierva, se le va echando poco a poco aguardiente de 36º, meneándolo sin cesar con paleta o cuchara de madera hasta que se consuma el aguardiente, que será en dosis como de tres dedos de un vaso regular. Apartado del fuego, se le pondrá una cucharada de aceite de sasafrás, y se hará uso del remedio tibio de la manera siguiente: se tendrán preparados unos lienzos de hilo usado, que antes se hayan hervido en lejía, y, bien secos, lo cual se practicará por cada vez que se aplique el medicamento; se tomará uno de estos paños proporcionado como para cubrir la parte enferma, se embebe en la manteca ya preparada y se coloca sobre ella; por encima se pondrá otro de la misma manera arreglado y siempre tibio, y luego se cubre el todo con una bayeta. Esta operación se hará por la mañana y por la noche, y necesita un resguardo cada vez de cuatro horas. La manteca de caimán se administra a los que comen tierra y para otros empachos; también se aplica en algodón a los oídos para curar la sordera (véase caimán). Puestas en un vaso seis cucharadas de manteca de vaca bien preparada, se le incorporan otras seis de jarabe de altea y se toman cuatro en ayunas, cuatro al acostarse y las otras cuatro al levantarse al siguiente día; bebiendo encima de cada dosis media copa de cocimiento de guásimo colorado y escorzonera. Este remedio es muy eficaz para prevenir los abortos. Para los males del bazo, se mezclan partes iguales de unto fresco y ungüento de altea, y se le agrega un polvo de sal. Esto, bien reunido, se unta poniendo encima una tela de lana, a ser posible que no esté lavada, o un papel de seda o estraza.

282. Manzana: una manzana rellena con incienso pulverizado y luego envuelta en un papel y asada al rescoldo, se come para el dolor de costado y de ijada. La misma fruta rellena con azúcar cande, un polvo de pez común y flores de azufre, se asa al rescoldo envuelta antes en un papel y luego se come para los males del pulmón. La carne de la manzana asada, molida y mezclada con azúcar, se envuelve en un pañito y con ella se untan por la noche los barros de la cara para quitarla lavándose por la mañana con agua tibia. Puesta una cataplasma de manzana en la frente con un poco de aceite de coco, se quita el dolor de cabeza. Mondadas algunas de dichas frutas y molidas, se les agrega unto bastante como para formar una pomada a fuego lento. Con ella se untará el hígado dos veces al día, cubriéndose con una hoja de capacho o de parcha. Al mismo tiempo se aplicarán en tres distintas ocasiones, tres pequeñas inyecciones de limonada cruda no muy cargada de ácido, lo cual se repetirá día por día, tomándose por refresco la misma limonada con media cucharada de almidón, endulzada con jarabe de goma.

283. Manzanilla: la infusión teiforme de las flores es un tónico de los más poderosos; ella es también sudorífica. Tómase con muy buen éxito en las indigestiones y demás afecciones estomacales, especialmente en los flatos. El cocimiento de las mismas, con las de saúco y malva, se aplica en fomentaciones en las partes inflamadas y también entran en algunas cataplasmas. El té de manzanilla que, además de ser agradable, es tan medicinal, está ahora en desuso. Bien pudieran los señores profesores reintegrarlo al mérito que debidamente se conquistara en los pasados tiempos.

284. Mapurite: árbol que se encuentra en las montañas primitivas. El cocimiento de la corteza o esta en infusión por ocho días en aguardiente de ginebra, es un eficaz emenagogo. Tómase para arreglar o excitar el menstruo, administrándose antes baños a la corriente y vomitivos de tártago emético. La raíz se toma también en cocimiento para curar las fiebres intermitentes. Los baños calientes del cocimiento de la corteza son especiales en el reumatismo y dolores ciáticos, y también para excitar el menstruo. El animal que también se llama mapurite es medicinal, y sus virtudes se encontrarán bajo el nombre de zorrino.

285. Mara: raíz odorífera que sirve para el espasmo; regularmente se usa mascando un pedacito y bebiendo encima unos tragos de agua tibia o de vino; también se toma en cocimiento. Este específico es, además, un contraveneno de los más acreditados, por lo cual lo llevan consigo las gentes del campo.

286. Maro: es un árbol grande que produce una resina que se aplica para curar las llagas, vómicas, tumores y toda enfermedad de irritación, poniéndola en agua caliente. Los cogollos en cocimiento o las hojas se toman para las diarreas y pujos, y se aplican también en baños en las erupciones cutáneas. La corteza sirve para las quebraduras.

287. Marrubio (véase viravira, que es la misma planta).

288. Mastranto: el cocimiento de las hojas de esta planta se aplica caliente para baños en la perlesía y tullimientos. La cataplasma está acreditada para curar el cáncer, obrando de la misma manera que la amargosa ( véase esta planta ).

289. Mastuerzo: el cocimiento de esta yerba o el jarabe que de ella se confecciona, se administra en las enfermedades del pecho y del estómago, en las retenciones del menstruo y para el escorbuto. Ella entra también en algunas lavativas y cataplasmas para estos mismos males. El zumo, mezclado con harina de trigo, se pone en las mordeduras de animales ponzoñosos, y presto se sanan. También se aconseja el cocimiento de las semillas en las hemorragias, y las cataplasmas de las hojas en los dolores ciáticos y para supurar y arrancar la raíz de los carbunclos. El cocimiento de la raíz es un excelente remedio en las diarreas crónicas y disenterías; para las evacuaciones provenientes de frialdades, se toman los polvos de las hojas o semillas en vino. Las hojas del silvestre majadas y aplicadas al bazo, son muy eficaces para curar sus enfermedades.

290. Mata de miel: produce unas hojas como de seis pulgadas más o menos, que algunos llaman hojas de miel u ojimiel por su dulzura. Tómanse estas en cocimiento para arreglar el menstruo y para las afecciones pulmonares.

291. Mata de queso: es un arbusto que tiene las hojas blanquecinas por el revés y que, aplicadas a las inflamaciones, laceraciones, carbunclos, etc., produce los mejores y más prontos efectos.

292. Matejea: es una planta de las más preciosas entre los estomacales; basta la infusión teiforme o mascar unas hojas y tragar la saliva para curar el cólico o cualquier otra enfermedad en que sea conveniente la aplicación de un tónico.

293. Mato de agua: este anfibio que se cría a orillas de los ríos y de los lagos nos ofrece la especialidad de que su piel se seca, y colocada en tamaño como de tres pulgadas en cuadro en una botella de aguardiente doble o de ginebra, cura los dolores de los riñones y el cólico nefrítico, poniéndose un lienzo embebido en el licor que se remudará cuando se seque. Es creíble que pueda aplicarse con éxito en otras dolencias.

294. Maya: produce esta planta una fruta ácida de agradable sabor, la cual, comida después de pasada por agua caliente o bien tomada en emulsión, hace expeler lombrices en gran cantidad. Su complexión es cálida y no es conveniente tomarla sin que al mismo tiempo se administre algún refrigerante apropiado. Si al comerla cruda se muerde la corteza, se rajan los labios; si se toma en gran cantidad, se irritan los intestinos.

295. Mechoacán (véase pasaña o batatilla, que es la misma planta).

296. Mejorana: es un aromático de los más apreciados. El cocimiento de unas ramas en vino blanco sirve para tomar buches en los dolores de muelas por causa fría, y también para fomentaciones o unturas en los huesos de la cara provenientes de la reuma. Como estornutatoria, se toma pulverizada para descargar la cabeza de la pituita, en ciertas cefaleas, oftalmías crónicas y en otras. Las hojas, puestas en los oídos, hacen desaparecer las sorderas recientes o zumbidos. Para restablecer el olfato perdido, se toma media dracma del zumo en ayunas y a la noche. Para curar el dolor de ijada, se toma el té de las hojas mañana y noche.

297. Melón: las semillas son muy estimadas para emulsiones en todos los casos de irritación. Para los males del pecho, especialmente, se aconseja aquellas en agua de flores de saúco, solas o con una cucharada de aceite de almendras. La corteza se aplica en cataplasmas para el hígado, agregándoles aceite de coco. Para la tisis se tomará un melón maduro y, cortado en la parte superior, se le saca todo lo de adentro y en su lugar se coloca media libra de pasas sin semillas, media libra de azúcar rosada, media libra de azúcar y una dracma de mechoacán o pazaña pulverizada.Se vuelve a poner la parte cortada asegurándola con unos palitos en forma de clavos, y luego se pone a hornear en vasija apropiada hasta que esté bien cocido; entonces se saca y del jarabe que resulta después de colado, se toma un vasito en cada mañana. De seguro que la fiebre desaparece.

298. Membrillo: es un eficaz astringente. El cocimiento de algunas rebanadas de la fruta se toma en las diarreas por agua común, y aun la misma fruta comida conduce a curarlas. Cuando esta afección es crónica, se pone al horno un membrillo al cual se le haya sacado el corazón por uno de sus extremos y reemplazándolo con cera blanca. Luego que esté bien cocido, se come en pedacitos y se toma encima medio vaso de vino tinto. El jarabe que se hace de esta fruta es muy agradable y se toma como astringente y aun como pectoral en los males que requieren esta clase de medicinas. Para las afecciones del pecho se toman veinticuatro pepitas de membrillo, unas flores de violetas y unas fresas; y todo esto mantenido en infusión por doce horas en tres botellas de agua, se hierve luego hasta consumirse la mitad; apeado el cocimiento se cuela y se vuelve a poner al fuego con una onza de azúcar cande, otra de papelón y otra de aceite de almendras, hasta que esté todo bien reunido. Se toman dos cucharadas de este lamedor tibio de cuando en cuando, esencialmente al acostarse. Al membrillo limpio por dentro y cocido con vinagre, se le agregan unos polvos de mostaza y se pone caliente en forma de emplasto para los males del estómago por relajación. En los flujos de vientre, especialmente cuando se evacúe lo que se come sin ninguna cocción, se toman como tres cucharadas de conserva de membrillo, se le agregan otras tres de azúcar rosada y tres dracmas de buena triaca y, bien incorporado todo en un mortero, se le añade un poco de jarabe de membrillo o de rosas, de cuya opiata tomará el enfermo una cucharada en ayunas y otra un poco antes de cada comida.

299. Merey: el cocimiento de la corteza de este árbol ataja las diarreas, lienterías y disenterías; no siendo inveteradas, bastará mojarla y aplicarla con vinagre al abdomen. El fruto comido o tomado el suco en cantidad de cuatro cucharadas, basta muchas veces para curar las diarreas recientes. La corteza de la almendra que está adaptada a la fruta es un poderoso cáustico. Con ella se sanan los empeines rebeldes, machacándola y untándolos suavemente. Mezclada con otros simples, se usa en la apoplejía, dolores ciáticos y demás casos en que se aconsejan excitativos de la epidermis. Para hacer uso de esta medicina ha de graduarse de modo que no se ulcere demasiado la parte a que ella se aplica.

300. Miel de abejas: es sumamente útil a la Medicina. Por sí sola es purgativa, y obra exclusivamente sobre la matriz y en los órganos intestinales. La miel, asociada al aceite de almendras y agua rosada, es remedio eficaz en las diarreas recientes y pujos. Con la miel reunida a la trementina bien lavada y agregándole como la cuarta parte de incienso en polvo, se forma un ungüento muy apropiado para encarnar las úlceras y curarlas.
Como se verá en muchas recetas anotadas en esta obra, la miel de abejas figura en ellas con otras medicinas para la curación de los males del pecho, en jarabes, lamedores, etc., y en pociones e inyecciones para las mucosas gástricas e intestinales, para las retenciones del menstruo y, en fin, para diferentes enfermedades que sería largo describir. Con esta miel en dosis de dos libras, otras dos de azúcar y una botella de vinagre, puesto todo al fuego en vasija de barro y despumarlo hasta darle punto, se hace el ojimiel simple, que es tan bueno para arrojar la flema y limpiar el estómago. Para los corrimientos se untan las encías con un hisopo que lleve el siguiente medicamento: miel mezclada con polvos de piedra alumbre, piedra lipis y cardenillo, partes iguales. Para curar prontamente toda especie de tumores, se reúne a la miel papelón raspado y sebo, lo cual se aplica en forma de cataplasma hasta la completa curación del tumor.

301. Miel de caña: es purgativa y mucho más eficaz la que arroja el azúcar al principiarse su purificación en la oficina. Las mujeres que acostumbran a tomarla diariamente se mantienen bien arregladas en sus menstruos y dispuestas para la concepción; esta clase de miel limpia y purifica en ellas la matriz, así como en los hombres la vejiga, facilitándoles la orina a los que experimentan supresiones; en este caso, se toma hervida asimismo para endulzar los medicamentos, en los cuales obra con sus propiedades naturales; al efecto sirve también la de abejas. La miel fría se unta en el corazón en las palpitaciones. Para los demás casos en que se aplica como medicinal la miel de caña, véase papelón; y respecto de la miel rosada, véase rosas.

302. Millo (por otro nombre mijo): de una cucharada de las semillas bien tostadas y pulverizadas se hace un té muy apropiado para curar las diarreas, haciéndose más eficaz si se le agrega un pedacito de corteza de limón agrio. Para el mismo mal se cuece la harina del millo con una hoja de col y, después de colado, se tomará tres veces al día.

303. Mirasol (véase girasol).

304. Moco de pavo: el cocimiento fuerte de las flores y cogollos se toma para curar la ictericia endulzado con azúcar. Es, además, un eficaz refrigerante antibilioso.

305. Mono: los pelos de este animal puestos en una bolsita y aplicada esta con cinta o cordón a la ollita del que padece de asma o ahogos recientes, los hace desaparecer dentro de poco tiempo. Esta medicina es un antiespasmódico muy acreditado y se usa en otros varios casos con éxito, por más que algunos incrédulos lo rechacen. Yo también lo hice así en años pasados y tuve muy luego que arrepentirme (véase coco de mono).

306. Morrocoy: la sangre recogida en dosis de medio vaso y lleno este de vino tinto bueno, se toma para la epilepsia o mal de corazón. También sirve la concha pulverizada después de carbonizada al fuego, poniendo los polvos en vino blanco en dosis de una cucharada. Uno y otro remedio se toman en los tres últimos días de la menguante de la Luna.

307. Moscas: tostadas y pulverizadas, se pone de los polvos lo que cojan los tres dedos en una mazamorra sin aderezo alguno para curar el ahogo.

308. Mosqueta: la blanca, de hojas sencillas y muy odorífera, es medicinal. Con las flores se hace una conserva de la que tomándose cuatro o seis cucharadas y bebiéndose encima un poco de agua tibia, es un purgante suave y antibilioso de los más apreciados. El cocimiento de las mismas sirve de vehículo para otros purgantes y medicinas. A falta de esta clase de mosqueta se hace uso de las otras en mayor dosis, prefiriéndose las blancas y rosadas.

309. Mostaza: las semillas, pulverizadas y mezcladas con rapé, se toman para purgar la cabeza de la reuma haciendo hasta derramar lágrimas. Con los polvos mezclados en una onza de buen vinagre, tres de cocimiento de llantén y una de azúcar blanca, se compone un excelente gargarismo que tomado repetidamente en la esquinencia, la cura con prontitud; si esta medicina provocase el vómito sería mucho mejor. Tomado el cocimiento ligero de las semillas, desopila el hígado y el bazo, aclara la voz enronquecida, quita los resfriados del pecho y deshace las piedras de la vejiga. Del humo de la semilla huyen las sabandijas, los animales ponzoñosos y también los murciélagos. El vaho recibido por abajo excita el menstruo y limpia el útero y la matriz. En el mal de orina y en las fiebres cuartanas aprovecha también tomar la infusión. Tomada diariamente una cucharada de las semillas con un poco de cocimiento de cogollos de retama, cura la hidropesía. El zumo de las hojas en fricciones mata la sarna, la tiña, los herpes y otras erupciones, reiterándolas algunas veces. El polvo de la semilla se aplica comúnmente para sinapismos y es un poderoso antiescorbútico. Dos dracmas de los polvos en un vaso de vino blanco tomado por la mañana, es remedio probado en el dolor de costado o pleurítico. Puestas unas brasas en una vasija, se espolvorea en ellas la mostaza y se recibe el vaho para curar las hemorroides. De los polvos mezclados con higos pasados se forma un taponcito que, colocado en los oídos, hará que desaparezcan los zumbidos. Puestas onza y media de la mostaza en polvo en dos vasos de aguardiente rectificado, se cuela al tercer día y se usa para fortalecer las partes debilitadas, haciéndose fricciones dos veces al día. Para preservarse de la apoplejía, se toma todas las mañanas en ayunas siete granos de mostaza. Para los dolores, hinchazones y demás afecciones del bazo, se pone en cuatro cucharadas de unto derretido, una cucharadita del polvo y se unta cubriendo el órgano con una franela o papel de seda o estraza.

310. Naranjo: la fruta del dulce tiene un ácido agradable, el cual es al mismo tiempo antibilioso. La corteza en forma de té es estomacal y hace expeler los flatos. Del zumo de las agrias se compone la bebida que denominamos naranjada la que, además de ser un buen refrigerante, se hace tónica y aperitiva añadiéndole la corteza. Una rueda de naranja ácida con la corteza, puesta en la infusión caliente de una copa de agua endulzada en que hayan hervido una onza o dos de goma arábiga y tomada cuando esté tibia, es poderoso remedio en las afecciones intestinales.
De una media naranja ácida exprimida y frita en aceite común, se pone un pedazo en cada sien para que desaparezca la jaqueca. La misma, exprimida y cocida en vino, se cuela este y se toma con azúcar para curar las flores blancas. Raspada la corteza de una naranja agria y verde, mezclada la raspadura con un poco de manteca de vaca o de cerdo y un poco de sal, se remueve todo hasta formar una pomada que se aplica para curar la sarna. La corteza en polvo se toma en dosis de una dracma puesta en un poco de vino blanco bueno, por tres mañanas consecutivas para curar las lombrices. El té de los cogollos de la fruta ácida se toma dos veces al día para la retención de la orina. Puestas las ruedas de dos naranjas ácidas peladas en un plato, se las espolvorea con sen y sal, se pone aquel al sereno y por la mañana en ayunas se comen dichas ruedas, se bebe el líquido que ellas hayan destilado y encima se toman unos tragos de agua natural, saliendo luego el enfermo a hacer ejercicio. Este remedio es eficacísimo para las fiebres tercianas o cuartanas, destruye las obstrucciones que ellas hayan producido y cura la ictericia. Las hojas de naranjo se usan en cocimiento para pediluvios como un excitativo del menstruo, en algunas fiebres y para calmar los fuertes dolores de cabeza. El té de las mismas se toma para el hígado, para expeler los flatos, para otros accidentes del estómago y los nervios. Las hojas tibias pasadas por el fuego y puestas en las molleras de los niños, hará desaparecer el embarazo de la respiración por causa fría.

311. Nabos: para curar los sabañones, se lavan estos con el cocimiento de esta raíz cuanto más caliente se pueda.

312. Necha: esta planta produce un aceite que por otro nombre se llama secua. Esta produce un aceite que se destina a conservar el acero sin tomarse. Molida y mezclada con agua, se hace una horchata que es un antídoto contra varias sustancias venenosas como la yuca amarga, el manzanillo, rhus, teoxciodendron, la nuez vómica.

313. Nigua: el zumo de esta planta, tomado con un polvo grueso de sal común en dosis de medio vaso regular, es un purgante muy eficaz para purificar la sangre repitiéndose periódicamente, con él se evacuan los humores venéreos y se consigue el restablecimiento del menstruo. Restregando con el expresado zumo y sal los lugares en que existan empeines, sarna o cualquier otra erupción, hace que desaparezcan de ellos tan dañosas enfermedades.

314. Níspero: la fruta se aplica en cataplasmas en inflamaciones del hígado, mezclándose un poco de aceite de almendras o coco. Las semillas majadas y puestas en vino y agua son un contraveneno muy eficaz, y cura la hidrofobia o mordedura de perro rabioso. Las mismas, en dosis de una dracma, añadiéndole una onza de corteza de rábano, todo bien majado y puesto en un vaso de vino blanco por ocho horas y colado después, son un seguro remedio para la piedra de la vejiga. 

315. Ñaragato (véase arañagato).

316. Ñongué: se usa exteriormente como un poderoso calmante. El cocimiento de las hojas se aplica en lavatorios y fomentos en la irritación, y demás enfermedades de las hemorroides; también se curan estas con el zumo de aquellas, aplicado exteriormente o bien poniéndoles la hoja tibia después del lavatorio (compréndase bien que no se habla de lavativas, porque estas son perjudiciales). La cataplasma de las hojas con leche de vaca se aplica a los tumores inflamatorios con muy buen suceso; la raíz picada menudamente y fumada en una pipa como se hiciera con el tabaco, alivia los accesos del asma; y puesta en vino, así esta como las semillas, provocan el sueño con solo lavarse con ello la cara. Para curar el asma radicalmente, se confecciona un jarabe con cuatro onzas de la raíz picada menudamente y puesta al fuego en cuatro botellas de agua y el papelón suficiente. Primero se hará el cocimiento hasta reducirse a la mitad, luego se cuela, se pone el dulce y se vuelve al fuego hasta darle punto. De este jarabe se tomará una cucharada en ayunas y otra al acostarse, bebiendo encima unos tragos de cocimiento de flores de saúco. La infusión de las semillas en vinagre de yema se aplica para curar los herpes y las erisipelas crónicas. La hoja puesta en cualquier hinchazón, tumor o irritación, con unto o aceite de coco, los cura con prontitud. También se aplica al cuello en las anginas, en forma de cataplasma.

317. Ocumo: los polvos de la raíz o su cocimiento se aplican en el asma, catarros crónicos y tisis. La cataplasma hecha con la raíz fresca y miel se usa en la gota y en las úlceras corrosivas. Su zumo con miel se ordena en fístulas, el pólipo ulceroso, el cáncer de la nariz y en los albarazos. El zumo, instilado en los ojos, cura las nubes y las opacidades de la córnea. Las hojas cocidas en vino se aconsejan en los sabañones, aplicadas en forma de cataplasma. Se asegura que las hojas del ocumo preservan de las mordeduras de culebras restregándose con ellas los pies y manos. La raíz de esta planta se usa como alimenticia porque contiene casi la mitad de su peso de una fécula hermosa que se separa del principio cáustico o irritante que contiene por medio de la cocción, o por lavatorios repetidos después de rallada.

318. Ojo de zamuro: la almendra pulverizada y tomada en dosis de una pulgada en dos dedos de vino o agua tibia repetida cada cuarto de hora, hace desaparecer el cólico espasmódico y lo cura radicalmente; también se aplica en las demás enfermedades del estómago en que convenga la aplicación de un antiespasmódico. Se usa también, así como el cocimiento de las hojas, en lavativas o inyecciones, en las diarreas y pujos. Machacadas las frutas y rociadas con el zumo de llantén, se ponen en un saquito, el cual se atará a las caderas para curar las hemorroides y detener el aborto y el flujo de sangre uterino; también se usan para estos males las fomentaciones de la emulsión hecha en cocimiento fuerte de rosas y suelda-con-suelda. Para curar las paperas y el ahogo, se ponen al cuello, ensartadas con un cordón, cinco frutas jojotas, las cuales se remudarán siempre que se sequen. Las frutas secas se ponen en la cintura en las afecciones hemorroidales. En las mordeduras de culebra o picadas de cualquier animal ponzoñoso se aplica en ellas una de las dos partes de la almendra. El zumo de las hojas produce una hermosa tinta de escribir, que también se aplica batida con aceite de almendras para curar las hemorroides y los callos. Bastará untarlo al efecto con una pluma varias veces al día.

319. Olivo: árbol copudo que en este país no produce fruto. Las hojas se ponen pulverizadas, o bien el suco, en las úlceras de la boca, mezcladas con azúcar rosada.

320. Ollita de mono: es una fruta que tiene la semejanza de una vasijita, la cual, puesta en una jarra de agua por la noche, se toma de esta al día siguiente para curar el asma o ahogo. Es un árbol grande el que produce esta fruta.

321. Onoto (véase achote).

322. Orégano: esta planta es un aromático estomacal y antiespasmódico. La infusión teiforme de sus hojas con una cucharada de miel de abejas, tomada dos veces al día, provoca el menstruo; y sin la miel se aplica, endulzada con azúcar, para las indigestiones y como un excelente aperitivo. También se propina para el menstruo la inyección de vino en que se hayan cocido unas hojas. Para curar el mal de orina y predisponer las mujeres a la concepción, se ordenan las cataplasmas de las hojas con la leche en el abdomen y, compuesta con vinagre y sal, para resolver los tumores fríos. En las toses crónicas y ronqueras se toma el té de las hojas con azúcar cande. El zumo, mezclado con leche o una clara de huevo, se instila en los oídos para curar sus dolores y sorderas. Puestos los polvos en vino, se toma este por tres días en ayunas para aclarar la vista. El cocimiento en baños se manda en el prurito o comezón de la piel, en la sarna, efélides o ictericia. Parece que el olor del orégano ahuyenta las culebras, por cuya razón algunos acostumbran a barrer la casa con sus ramas.

323. Orina: es eficacísima para muchas enfermedades. Tomados diariamente tres tragos al levantarse, se quitará el mal aliento. Cocida en ella la artemisa, se ponen fomentaciones en los dolores ciáticos y otros. Para las indigestiones, se bebe en ayunas y se unta en el vientre caliente. Tomada la de mujer embarazada y mezclada con harina de trigo, se hace un panecillo, se pone este a medio cocer al rescoldo y se aplica tibio a las escrófulas que no tengan materias, para curarlas. La orina propia alivia los accesos del asma. En los partos difíciles, tomará la mujer la orina del marido y pronto parirá. En la estipticidad o estreñimiento, se ponen lavativas de orina con papelón raspado. Puesta en lugar de la clara de los huevos que la noche antes se haya colocado en agua al sereno, y tomada esta bien removida en ayunas, sirve para la ictericia. Si se toma la orina de un enfermo grave y se le ponen unas gotas de leche de pecho, se observará que si estas sobrenadan el enfermo no está de muerte, y lo contrario si la leche se asienta o se disuelve. El sedimento que deja la orina en la vasija en que se haya dejado en reposo por un día, se aplica para curar la tiña rebelde de la cabeza, cubriéndola después de untada con un hule y lavándola al siguiente día con lejía.

324. Orosús: la raíz es un eficaz emoliente aplicable en diversas formas para las afecciones del pecho y otras venéreas. A una onza de rasuras puestas en una botella de agua hervida en vasija vidriada hasta su reducción a la mitad, se le añade después de colada media libra de azúcar y vuelta al fuego hasta darle consistencia de jarabe, se aparta y se guarda para tomar de él dos cucharadas por mañana y noche en las toses y romadizos. Para los mismos males, la tisis y el asma, se toman unas píldoras con una dracma del polvo y otra de trementina preparada. De ella se toman tres al acostarse y otras tres al levantarse, bebiendo encima unos tragos de agua natural quebrantada o dormida. La hoja resuelve los tumores e hinchazones, aplicada con aceite de coco.

325. Ortiga: hay dos clases. Las hojas de la hortense, que son pequeñas, llenas y cristalinas, se toman en infusión para las hemorragias pulmonares y otras, y para corregir la sangre. A los mismos efectos se confecciona con ellas un jarabe añadiéndole flores de saúco y hojas o semillas de lechuga. Tomadas media onza de semillas de ortiga, media de almáciga en lágrimas y dos de harina de centeno, se maja bien cada cosa de por sí, se mezclan luego y agregándoles agua tibia se hace una pasta de la que se formarán siete u ocho torticas, de las cuales tomará una por la noche el que se orine en la cama. El emplasto de las hojas con la sal se aplica caliente para los dolores de las piernas. La otra ortiga, que es hasta de dos varas de alta, tiene las hojas peludas y con espinas por el reverso. La raíz se aplica con un éxito extraordinario para toda clase de hemorragias, especialmente para las del útero; bastará tomar, al intento, del cocimiento fuerte, un vaso por la mañana y otro al acostarse. Aplícase también con un éxito sorprendente en las gonorreas en la misma forma que para las hemorragias, e igualmente que para curar las flores blancas. Esta planta nace con abundancia en los cacahuales y la llaman comúnmente guaritoto (véase).

326. Paja brava: es una gramínea de la figura de la grama, pero más alta. El cocimiento de la raíz aprovecha mucho a los que experimentan dolores nefríticos y de ijada, y hace arrojar la piedra y arenas de la vejiga. Ella entra también en los jarabes que se confeccionan para la curación de las enfermedades anotadas.

327. Palo de cruz (véase rosa de montaña).

328. Panallo: es una especie de creta o cabonald calcáreo endurecido; su sílice se aplica desleída en un vehículo apropiado para curar las erisipelas. Se produce en la provincia de Maracaibo.

329. Palomo: la molleja o cuajo de esta ave se tuesta, se pulveriza y se toma para curar la piedra de la vejiga.

330. Papaya: esta fruta es grata al paladar y refrigerante. Comida en ayunas poniéndole un polvito de sal y bebiendo encima unos tragos de agua quebrantada, afloja el vientre en los casos de estreñimiento. Cuando se come esta fruta de sazón, causa indigestión y otros males. El jugo lacticinoso extraído del fruto verde, del tronco y de las hojas, se aplica para matar las lombrices desleído en leche o en agua de yerbabuena o verdolaga. El cocimiento fuerte de las hojas produce los mismos efectos.

331. Papelón: disuelto en agua natural es un refresco agradable; cuando se carga la dosis es un laxante al principio, convirtiéndose con la continuación en un suave astringente. Para las diarreas y pujos es excelente remedio (véase limón agrio). En lavativas se aplica también a los mismos males, agregando almidón o carbón de coco con un poco de vinagre de buena calidad. Para la astricción de vientre y otros casos en que se quiera provocar la evacuación, se ponen también las lavativas de papelón con la sal de higuera o con aceite de coco y sal común. Las raspaduras del mismo, puestas en aceite de olivas o amasadas con sebo, son el mejor bálsamo para las heridas y contusiones. En las caídas y porrazos se toma también como pócima el agua de papelón, agregándole sal, y también se pone en cataplasmas. Para curar la tiña y otras erupciones cutáneas, úsanse las fricciones de papelón disuelto en poca agua de llantén o en zumo de las hojas de auyama. El guarapo fuerte, mezclado con zumo de yerbabuena, es un buen remedio en la diarrea simple. El papelón quemado y puesto en agua de flores de saúco con tres cucharadas de aguardiente de caña, es excelente para los catarros que caen al pecho.
El papelón cura también en los jarabes para el menstruo y otros antivenéreos (véase miel de caña). 

332. Paramán: se usa especialmente para soldar los huesos quebrados y contraer los dislocados; además, se aplica como antiespasmódico en los ataques nerviosos por causa de espasmos y malos aires.
 
333. Parcha: la fruta denominada también granadina es refrescante; agregándole al líquido y semillas (que contiene un ácido de los más apreciables) un poco de azúcar, vino blanco y nuez moscada, es una bebida fresca y deliciosa. La corteza sirve para cataplasmas antinogástricas, agregándole un poco de aceite de coco o de almendras; también se confecciona con ellas un dulce de almíbar muy particular. Las hojas de esta planta son solicitadas para aplicarlas al hígado en sus alteraciones con aceite de almendras y aguardiente de caña, y sirven también para los dolores de cabeza.

334. Parra: las hojas se aplican a las sienes y frente en los dolores de cabeza, humedecidas en aguardiente de caña o agua rosada con vinagre; asimismo se ponen en otras irritaciones. Los sarmientos cocidos son un buen refrigerante y a la vez astringente: úsase este cocimiento en las diarreas y pujos. Las uvas, comidas en ayunas cuando están pintonas o tomando el zumo de estas en dosis de dos cucharadas, hacen expeler las lombrices. De la ceniza de los sarmientos de la parra blanca, se toman tres onzas después de pasada por tamiz, se echan en vaso y medio de agua hirviendo, se revuelven bien, se cubre la vasija y se deja reposar la infusión por dos horas; luego se vacía suavemente pasándola por un colador tupido y se le da por la mañana al que padezca de la orina, haciendo enseguida un pausado ejercicio por dos horas. De vuelta a la casa, tomará el enfermo un caldo y se pondrá en reposo; este remedio se reiterará hasta obtener la curación. El zumo que destilan las vides cuando se podan se da en dosis de dos onzas en el vino o aguardiente del que acostumbra embriagarse y lo aborrecerá. La cataplasma de las hojas majadas se aplica a las quemaduras y las sana prontamente. También el vino tinto o blanco untado en ellas inmediatamente evita las ampollas y las cura repitiéndolo.

335. Pasaña (véase batatilla).

336. Papilla: las propiedades medicinales de esta fruta son las mismas del melón (véase).

337. Pazote: en algunas partes denominan a esta planta yerba sagrada. Es un tónico muy acreditado, que se aplica con éxito a las indigestiones y demás afecciones estomacales por debilidad o causa fría, tomado en infusión; así es que se aplica a los resfriados, cólicos ventosos y diarreas. El zumo, asociado con aceite de tártago, hace expeler las lombrices; al efecto, véase limón agrio. Al mismo fin, se administran las semillas pulverizadas en dosis de media onza en agua de verdolaga. En los porrazos y dislocaciones de los huesos, pónese la cataplasma de las hojas con aguardiente amoniacal o alcanforado. Puestas las hojas solas en un colchoncito de tela no muy tupida y aplicado con unas cintas al hígado, lo cura radicalmente; ha de tenerse cuidado de renovar las hojas cuando se sequen. Este es un remedio admirable e infalible; pero ha de evacuarse periódicamente el enfermo con aceite de tártago.

338. Pegapega: las flores de esta planta están contenidas en una pequeña espiga que se pega a la ropa a manera de abrojo. Su cocimiento es un eficaz sudorífico, y la raíz se usa en las diarreas y demás afecciones de la mucosa intestinal. Úsase también el cocimiento de toda planta, con su raíz, en las fiebres inflamatorias.

339. Peonía: la raíz pulverizada es un calmante y a la vez un antiespasmódico muy recomendable, tomados los polvos en dosis de un escrúpulo o más, en un vehículo apropiado. Ellos sirven también para curar la epilepsia, la alferecía de los niños, el histérico y los cólicos nerviosos, tomados en la dosis expresada. En la epilepsia conviene mucho tomar este remedio de la manera siguiente: en dos botellas de vino blanco se pone una onza y media de hojas de artemisa; se cuece todo a fuego lento hasta que se reduzca a la mitad, se cuela y embotella para tomar un vaso por la mañana y otro por la noche, o cuando se conozca que quiere acometer el acceso. Las semillas se llevan al cuello para quitar las manchas provenientes del hígado; y pulverizadas, la toman también los epilépticos hasta en dosis de una dracma, si es posible, poco antes del acceso.

340. Pepa de cola: se pone esta fruta, que es mucilaginosa, en agua natural, para tomar esta siempre que haya sed y en las comidas, a fin de refrescar la sangre y en las afecciones del hígado.

341. Pepino: los silvestres, que algunos llaman concombros, se dan en cocimiento para las irritaciones; también se aplican en cataplasmas para el hígado. Las hojas en infusión de vinagre o mezclado a este el zumo de aquellas con un poco de sal, sirven para curar los empeines y la tiña; también se usa para este mal el zumo con miel. Los pepinos cocidos en vino y luego colado este, se dan en copitas para la hidropesía; conduce asimismo a la curación de este mal la raíz pulverizada y tomada en dosis de veinticuatro granos del polvo en dos cucharadas de miel, bebiendo encima medio vaso de cocimiento de raíz de perejil. El zumo de las hojas en vino quita las manchas en la cara. Los pepinos hortenses se usan en cataplasmas en todos los casos de irritación. 342. Pepitas de San Cristóbal: con estas semillas, cuya figura y su color de aste las hace apreciadas, se forman sartales que se colocan al cuello para el reuma, dolores de muelas y otras enfermedades provenientes de causa fría.

343. Pepitas de Perijá: se produce la planta en el cantón de este nombre en la provincia de Maracaibo. Las semillas tienen la esencial cualidad de servir de vomitivo y también como purgante solamente. Al efecto, se quebrantan las almendras de tres pepas y se les incorpora una cucharada de almíbar. Como purgante, se tomará una taza de caldo pasada una hora. Para que obre como vomitivo, en lugar del caldo se tomará agua tibia a los treinta minutos.

344. Perejil: el cocimiento de la raíz es un diurético muy acreditado, que, por lo regular, se aconseja a los hidrópicos y a los que padecen hinchazones y de la orina. El de las hojas es un tónico eficaz y un excitativo de la mucosa intestinal. En los partos difíciles, el perejil majado y puesto en la vulva hace milagros. También es eficaz el cocimiento fuerte de esparto o sereta bien caliente tomado en dosis de medio vaso. Las fomentaciones del cocimiento de la raíz de perejil se aplican en las erisipelas. El zumo cura las úlceras de la boca y, agregándole a una cucharada otra de leche de mujer y veinte granos de cominos en polvo, se da en las toses de los niños en una, dos o tres partes, según la edad. La raíz entra también con otras medicinas en las lavativas que tienen por objeto la excitación del menstruo.

345. Pereza: la piel de este cuadrúpedo se acondiciona y coloca en el asiento (bien sea de casa o de montar a caballo) de la persona que padece de las hemorroides, y se asegura que contribuye poderosamente a su curación.

346. Pezuña de ganado vacuno: carbonizada y triturada hasta convertirla en polvos finos, se aplica en dosis de una cucharada en agua de cardosanto o simplemente tibia, al entrar el frío de las calenturas intermitentes, de seguro, que no pasa de la tercera o cuarta dosis sin estar curada aquella enfermedad. Debe estar bien arropado el enfermo al tomar el remedio.

347. Picapica: la especie de fruta lanuginosa que produce esta planta o bejuco, es sumamente picante en cualquier parte del cuerpo que se fije alguna partícula. De ella se hace conserva, o bien se pone en almíbar, para dársela a los niños en pequeñas dosis a fin de hacerles expulsar las lombrices, tomando encima y por agua ordinaria la de verdolaga.

348. Pico de frasco: el ave es así llamada porque su pico es de un enorme tamaño en proporción del cuerpo, contiene en él un eficaz medicamento para la epilepsia, tomando los polvos en dosis de media dracma dos veces al día, puestos en vino blanco de buena calidad o en otro vehículo apropiado al mal.

349. Piedra de águila: llámanla así porque el águila las conduce a su nido para preservar a sus polluelos de los animales dañinos. Llámanla otros piedra preñada porque lleva dentro otra piedra pequeña que al mover aquella se siente sonar; algunas contienen en lugar de otra piedra, arenas de varios colores. El de la principal es el mismo de la nuez, o pavoneada tirando un poco a amarillo. Esta piedra es un contraveneno eficaz, por lo cual la llevan algunos consigo; en caso de que alguna persona tenga indicios o síntomas de haber tomado algún tósigo, bastará para expelerlo la aplicación de los polvos en agua natural o en vino. En los partos difíciles, se ata la piedra al interior del muslo derecho y brevemente se realizará el alumbramiento si no hay otro grave inconveniente. Para expulsar la placenta retenida, se tomarán los polvos que interiormente contiene la piedra y se saldrá pronto del cuidado. Para las afecciones de la matriz, opilaciones, orina y esquinencia, se tomarán los dichos polvos disueltos en agua. Aplicada la piedra al dolor de ijada o cólico uterino, desaparece este instantáneamente, tomándose al mismo tiempo los polvos de la manera indicada. También es eficaz remedio para soldar las quebraduras, atar la piedra a ellas. Traída al cuello junto con las semillas de peonía, favorece la curación de los epilépticos. Como puede parecer increíble cuanto viene expuesto, debo manifestar aquí que está en mi poder una de esas piedras, y he tenido, por tanto, la oportunidad de experimentar algunos de los remedios expresados, los cuales han producido en diversas ocasiones sus buenos efectos.

350. Piedra de iguana: pulverizada y tomada una pequeña dosis en un vehículo conveniente, facilita brevemente la orina retenida, curándose este grave mal con la continuación del remedio.

351. Piedra oriental (véase cuerno de ciervo).

352. Piña: con el zumo de esta fruta privilegiada se hace una emulsión refrigerante y antibiliosa que se aplica para la sangre en las afecciones del hígado, las fiebres biliosas, la ictericia y otras muchas enfermedades; la emulsión es más eficaz para estos casos cuando se le asocia la goma arábiga. Para el mal de orina, se aconseja tomar el cocimiento de esta fruta, y el mismo con miel de abejas para gargarismos en las anginas. El cocimiento de la corteza con unos cogollos de romero hasta reducirse a la tercera parte, es un excelente lavatorio en las abocaciones del recto, el cual se enjuta luego con un paño fino, se le aplican unos polvos de pez bien molidos y cernidos, y se empuja suavemente para que se introduzca. Este remedio se repite cuantas veces sea necesario hasta obtener la curación. De la piña se confecciona un jarabe muy agradable y medicinal. La corteza de la piña restregada en los lugares donde hay chinches, las destruye prontamente, lo mismo sucede con las pulgas regándolas donde ellas existen.

353. Piñones: la almendra que contiene la fruta de esta planta es sumamente purgativa. La gente de los campos, cuando quieren evacuar, toman de cinco a nueve de ellas, según la edad y robustez de la persona, y hace el efecto de un vomipurgativo o de un purgante fuerte. Cuando se quieren detener sus efectos se bebe agua fría si las almendras se tomaron en vino, o viceversa, si fueron comidas: cesa la operación con una u otra cosa. También se ponen las almendras en cualquier otro vehículo, y aun se hace con ellas una emulsión agradable. Para esto y cuando se quiera comer sin el objeto de purgarse, bastará extraer de cada semilla una película del fruto que contiene en el centro, que es el que le da la propiedad purgativa, con cuya operación se hace uso de ellas como si fueran almendras de Europa. El jugo lácteo que produce el tronco se aplica para curar las hemorroides, las úlceras y las quemaduras. El aceite que se extrae de las almendras tiene las mismas virtudes que el de tártago, se aconseja para las fricciones en el estómago y vientre de los hidrópicos y de los que padecen por causa de humores fríos, tomando al mismo tiempo diez o doce gotas en vino. Para los ruidos y dolores en los oídos, se instila en ellos algunas gotas y muy pronto se experimentará un notable alivio que conducirá a una próxima curación radical. Aplícase también este aceite a las constricturas de los miembros y para resolver las obstrucciones. El cocimiento de la raíz es un excelente remedio en los pujos disentéricos y otras enfermedades intestinales.

354. Pira: se usan las hojas y tallos picados menudamente para las comidas, particularmente por los campesinos. El cocimiento de la raíz se tomará dos veces al día para curar los empachos y astricciones de vientre, haciéndose más eficaz si se le asocia la raíz de escobilla. También se aplica el cocimiento de la raíz de pira por agua común en las hidropesías.

355. Pitahaya: esta planta, de la familia de los cardos, es fresca; tómase en cocimiento o en infusión de agua fría, bastando para ello un pedacito machacado de aquella. La raíz es diurética y se aplica también para la disentería y pujos poniéndola al sereno en agua natural.

356. Poleo: el cocimiento de las hojas y flores endulzado con azúcar rosada es un excelente pectoral; tómase en los catarros pulmonares, en las ronqueras y otras afecciones del pecho; también se aplica a estas dolencias la cataplasma de las hojas machacadas o de los polvos de estas amasados con sebo. De uno y otro modo se usa para el dolor de ijada y otros provenientes de causa fría. El remedio más eficaz para curar el asma o ahogo de los niños, y también de los adultos, es tomar una horchata de almendras hecha en cocimiento frío de poleo en dosis de medio vaso cuatro veces al día. Al mismo tiempo se pondrán al cuello, en el lugar llamado vulgarmente la ollita, las hojas de poleo frías en aceite de Castilla. El vino en que se haya cocido el poleo, o este en cocimiento fuerte, se aconseja en las retenciones del menstruo y para los epilépticos. Las hojas, puestas en el oído, hacen desaparecer los ruidos y sorderas. En muchos jarabes antivenéreos o emenagogos entra también esta planta. Para la blenorrea se hace el cocimiento de tres raíces para cuatro botellas de agua hasta su reducción a la mitad, tomándose un vaso por la mañana y otro por la noche. La cataplasma de las hojas cocidas en vino blanco hasta que este se consuma, se pone en el estómago en sus flaquezas y especialmente en el histérico.

357. Polipodio: la raíz es purgativa y entra en la composición de los jarabes antivenéreos. El cocimiento es un exquisito vehículo para los purgantes y para expeler los malos humores. Machacada y puesta con unos vendajes a los pies de la mujer de parto cuando este se dificulta, lo acelera y favorece, aun en el caso de que esté muerta la criatura. Los polvos en dosis de una dracma y tomados en vino o con miel en las menguantes de la Luna, curan las paperas o cotos.

358. Pucherí: es una fruta semejante y con el sabor de la nuez moscada, que el vulgo llama todaespecie. Mascado y tragado un pedacito o raspado en vino u otro vehículo, es eficaz remedio para los cólicos, indigestiones y demás enfermedades del estómago, muy especialmente en los flatos o ventosidades y también para los espasmos. Gran copia de esta fruta admirable producen las provincias de Guayana y Maracaibo.

359. Quebebes: algunos llaman a esta planta quebedes. Las hojas se asemejan a las del sauce, aunque un poco mayores y son de un verde claro, lustrosas por el anverso y ásperas por el reverso. El cocimiento de la corteza se aplica para baños en la hidropesía, los cuales causarán una comezón en todo el cuerpo, también se toma interiormente para el mismo mal, que quedará curado en pocos días, obrando por la transpiración y por el curso de una manera maravillosa.

360. Quemadura: yerba cuyo sabor es picante. Las hojas se aplican en cataplasma para el hígado en sus inflamaciones, tomándose al mismo tiempo en cocimiento teiforme. El zumo se ordena para la curación de las úlceras rebeldes y chancros de la boca, asociado con la miel rosada.

361. Queso: el cocimiento de un pedacito de esta pasta alimenticia que se hace con la leche de vacas, cabras u ovejas, se toma en buches en los dolores de muelas. Pónese también en cataplasmas en las descomposturas o dislocaciones de los huesos, en los porrazos, contusiones y aun en las heridas o rompeduras, asociados con el papelón. Bastará tomar el queso sobre cualquier potaje o comida de difícil digestión para que esta se verifique pronta y fácilmente.


362. Quimbombó: la cataplasma de la fruta es un eficaz remedio para el hígado, comiéndola al mismo tiempo todos los días cocida o en ensalada. De las semillas tostadas y pulverizadas se hace un café muy semejante al natural en color y en sabor, el cual se aconseja también para los males del hígado y de los intestinos.

363. Quina: es un poderoso tónico, febrífugo y antipútrido. La farmacia ha mejorado mucho este medicamento presentándolo en diversas formas, algunas muy selectas, como la denominada quinina. El vino preparado con buena quina pulverizada, en razón de una onza por botella o con veinte granos de quinina, además de ser un específico para la curación de las fiebres después de administrados los evacuantes, es un fortificante sin igual para el estómago y para el sistema en general; él se aconseja regularmente después de largas y laboriosas enfermedades; con él se cura también la jaqueca. Para los mismos males se aplica la quinina en píldoras, tinturas y papeletas. Úsase este medicamento para las úlceras cancerosas interiores; y en lavatorios y fomentos, para otras muchas enfermedades. Siendo tan conocido este medicamento, me abstengo de hacer otras descripciones. La quina se cría con abundancia en la provincia de Guayana.

364. Quinchoncho: arbusto cuyas semillas, contenidas en unas vainitas, son alimenticias y semejantes a la del frijol. El cocimiento de los cogollos se da en baños calientes; y en fomentaciones y cataplasmas, para los dolores reumáticos o venéreos, especialmente de la cabeza y la cara. El cocimiento de la raíz o de las hojas, se toma para la retención de orina, cálculos en la vejiga, blenorrea y toses crónicas. Para los dolores de muelas, se toman buches, haciéndose el cocimiento en vino.

365. Quipito (véase cruceta real).

366. Quiripití: esta planta es lacticinosa y se aconseja su jugo para aplicarlo a las quebraduras, esencialmente de los niños. Para la blenorragia y flores blancas, se ponen cuatro o seis hojas en una vasija con otras tantas de salvaje y una de raíz de yuquilla machacada, o dos, si son pequeñas; y echándose ocho botellas de agua y un pedazo de papelón negro para endulzarlo, se pone al Sol y al sereno por tres días; al cuarto se comienza a tomar esta medicina en dosis de dos vasos por día, observándose la más ajustada dieta de ácidos, picantes, salazones, sereno, etc. El guarapo de quiripití sirve también para el menstruo, tomado por nueve días a dos vasos por cada uno. 

367. Rábano: esta raíz es muy diurética y, bien sea comida o tomado el zumo con algún vehículo, se aconseja para todas aquellas enfermedades en que sea necesario extraer los humores por la orina. Las hojas dan un jugo que se aplica a los porrazos y contusiones con sal, o para que desaparezcan los moreteados que estos dejan. El vino en que por la noche se hayan puesto unas rebanadas de rábano, se toma en ayunas para deshacer y expulsar la piedra de la vejiga (véase níspero). El zumo con aceite de almendras se instila en los oídos para curar la sordera. Las hojas cocidas en el puchero y comidas, bebiéndose también el caldo, es remedio excelente para el hígado. Puestas en cocimiento con una mata de perejil con su raíz y un puño de hojas de berros, se endulza con azúcar cande y se toma una copa para el mal de orina. Las hojas de este mismo cocimiento se fríen con manteca y se aplican en emplasto al empeine para el mismo mal. Al cesar el accidente, se suspende el remedio.

368. Rabo de alacrán: es de la familia de la borraja y la llaman algunos borrajón. Su complexión es sudorífica y se toman las flores en cocimiento para los resfriados, las pulmonías y en todos los casos en que hubiere de aplicarse la borraja (véase). Además, se usa el zumo de las hojas para matar la sarna, agregándole un polvo de sal común.
Se aplica como resolutivo de las contusiones y dislocaciones de las coyunturas, y en la gota en forma de cataplasma. El cocimiento de sus hojas se administra como purgante colagogo, y se asegura que es un eficaz remedio para combatir las disenterías biliosas. Se dice que las cataplasmas de sus hojas aplicadas al pubis y vulva de las mujeres, provocan el menstruo y el parto, y que el zumo tomado interiormente contiene los flujos de sangre. El peso de cuatro granos de sus semillas pulverizadas y disueltas en vino, tomado una hora antes del paroxismo, suspende los accesos de las fiebres intermitentes. Se asegura igualmente que las cataplasmas de sus semillas puestas sobre las verrugas, las destruye.
El cocimiento de la raíz se toma con éxito en los espasmos.

369. Rabo de iguana: es una especie de cordón de tipo pequeño y muy mucilaginoso, y cuya planta machacada se pone en cataplasmas para las irritaciones. Sirve también para lavarse con ella la cabeza y hacer salir y afirmar el pelo.


370. Rabo de zorro: El zumo de las hojas se da interiormente en la disentería gangrenosa, llamada vulgarmente bicho, y en el flujo de sangre del estómago o del pecho; y cuando este viene por el ano o la matriz, se aplican cataplasmas sobre el pubis y región sacrolumbar. Se dice que el mismo zumo, tomado en la acción del frío, cura las fiebres intermitentes, y que el rocío que se encuentra por la mañana depositado en las hojas, es útil en las oftalmías aplicándolo sobre los párpados.  El cocimiento de toda una mata tomado en la accesión del frío en las fiebres intermitentes, obra como sudorífico o como vomitivo, y conduce a su pronta curación. Al efecto se tomará un vaso cada cuarto de hora. El rocío que cae sobre las hojas de esta planta, o estas en infusión fría machacadas antes y puestas al sereno con unas rosas, se usa en forma de colirio para curar las oftalmías.  En los reumatismos crónicos, en los dolores venéreos, en las toses crónicas, en las parálisis, en la debilidad de los músculos, en el histérico, y en todos los casos en que están indicados los excitantes, antiespasmódicos y sudoríficos.

371. Rabo de cachicamo: El cocimiento o infusión de la raíz se celebraeste mismo licor se untan los sobacos y demás partes sudosas que despiden un olor desagradable. En el cólera asiático, se ha aplicado con un éxito admirable esta preciosa raíz poniendo dos onzas machacadas en una botella de vino blanco o aguardiente, y dejándola expuesta al Sol por tres días o bien al fuego lento por algunas horas, si fuere urgente su uso. Para ello se tomará a la invasión del mal una o dos cucharadas, según esté de avanzado, cuya dosis se repetirá en el caso de no suspenderse las diarreas o vómitos una hora después. También se hace uso de este licor exteriormente dando fricciones en el vientre, el cual se cubrirá luego con una franela o bayeta. Yo he hecho uso de esta raíz en el cólera de la manera siguiente: puesta en vino con el torco, la raíz de tusilla y la semilla de covalonga pulverizada, he mezclado aquel con la infusión, también en vino, de flores de manzanilla, hojas de yerbabuena y de pazote, y unas raíces de jengibre; de todo esto, partes iguales. Reunidos ambos licores, mitad de cada uno, he aplicado una cucharada cada media hora y dos en los casos de apuro, tomando encima el enfermo agua fría y arropándose en el acto con una frazada. Ni un solo caso se desgració de los atendidos oportunamente con este remedio, pero es necesario estar prevenido para administrar la misma salina, los caratos de piña o fuertes limonadas tan luego como aparezca la sed (véase tusilla).


372. Raíz de mato: es tónico eficaz y se da para contener los vómitos en todas las enfermedades de debilidad, en la inapetencia, afecciones estomacales y en el término de las fiebres, especialmente en la tifoidea. Es un contraveneno de culebras de los más acreditados. Para curar el tétanos y otras enfermedades espasmódicas, se ha aplicado con suceso esta preciosa raíz, ya tomando sus polvos, ya extractándola en alcohol, ya poniéndola en vino, machacada. Para el mal aliento, se toma una copita de vino en que se haya puesto la raspadura de la raíz, por mañana y noche. 

373. Raíz de lagartijo: es un antiespasmódico. Tómase su cocimiento en todos los casos de resfriados, espasmo, epilepsia y aun de tétanos. En estas dos últimas enfermedades, cuya curación es todavía un problema, un objeto de estudio de todos los profesores, ha producido esta preciosa raíz maravillosos efectos administrada en cocimiento fuerte así interior como exteriormente; también se ha usado con éxito pulverizada y puesta en infusión caliente de vino. En las diarreas y pujos crónicos, se ha aplicado el cocimiento interiormente con el mejor suceso, y también administrando los polvos en fricciones oleosas en el abdomen y en la región sacrolumbar.

374. Ranas: el agua en que se pongan unas ranas, bebida por el que padezca de la orina, le hará desahogar la vejiga en las retenciones que sobrevengan. Colocándose tres ranas vivas por veinticuatro horas en dos botellas de licor que acostumbra beber la persona entregada al asqueroso vicio de la embriaguez, y administrando este remedio por tres días sin limitación, aborrecerá la bebida para siempre. Con las ranas se confecciona el precioso ungüento que lleva su nombre, el cual es un poderoso resolutivo. El aceite en que se ponga a freír una rana es un excelente remedio contra los dolores de la gota. Los hígados de las ranas lavados en vino, secos al Sol o cerca del fuego y pulverizados, se usan poniendo una dracma de los polvos en agua de toronjil para tomarlos en muchas mañanas y curar con esto la epilepsia. Puestas al horno tres ranas y pulverizadas, se colocan los polvos en un saquito y, al que los lleve al cuello o a la cintura, se le suspenderá cualquier hemorragia que padezca, por inveterada que sea.

375. Ratón: el estiércol pulverizado y puesto en dosis de una dracma en caldo, que se tomará por tres mañanas seguidas, cura a los que se orinan en la cama; también es bueno comer la carne horneada o guisada. Una dracma de dichos polvos en cocimiento de llantén, se receta para los esputos de sangre. El estiércol expresado es un astringente de los más eficaces.

376. Repollo: el cocimiento de la hoja sirve para absorciones en las irritaciones o ulceraciones del conducto nasal. Aplícase también en los cólicos espolvoreado con ceniza caliente, y en cataplasmas en todos los casos en que convengan los anodinos. Para los asmáticos o personas fatigadas de la tos, se confecciona un jarabe del modo siguiente: Se toma una botella de zumo de repollo y se clarifica con la clara y concha de un huevo; se añade a esto otra botella de miel y, puesto al fuego en vasija apropiada, se deja hasta que hierva bien; se despuma y luego se le agregan una y media dracma de azafrán y diez onzas de azúcar fina. Vuélvase a cocer hasta que tenga punto de jarabe, del cual se tomarán dos cucharadas en ayunas y dos al acostarse, bebiendo encima unos tragos de orina propia. Los paños embebidos en el cocimiento de repollo, se aplican a la cabeza y huesos de la cara para quitar los dolores provenientes del reuma. Este mal se conoce más cuando aquellos se fijan en uno de los lados y varían del uno para el otro. También se ponen al mismo fin las cataplasmas de migajón de pan con el zumo.

377. Resina de copey: además de los benéficos medicamentos que ofrece el árbol que la produce, como se verá en el lugar correspondiente, se aplica la resina para curar los callos poniéndole en un pellejo de cuero curtido.

378. Resina de mamey: se aplica untada en unos cordones a las articulaciones de los pies o piernas para impedir que suban las pulgas. Para las demás aplicaciones de la fruta de ese árbol, véase este en la letra 

379. Retama: las hojas pulverizadas y puestos los polvos en infusión de vino por tres días, es remedio a propósito para curar la hidropesía, tomándose una cucharada tres veces al día. Para el mismo mal, se toma una onza de la ceniza o polvo de las hojas, y otra de las de ajenjo, y puestas en vino blanco con media onza de azafrán por veinticuatro horas, se toma una copita tres veces al día. Se asegura que las frutas o semillas verdes agujereadas y atadas con un cordón a la cintura, curan las almorranas introduciéndose al mismo tiempo en el recto un pedacito de aceite de cacao dos o tres veces al día. De las semillas pulverizadas se toman cuatro adarmes y, puestos en un cuarto de botella de vino por veinticuatro horas con un rábano pequeño en pedazos y unas gotas de limón, es eficaz remedio, tomado el vino, para destruir la piedra de la vejiga por grande que sea. En algunos casos, este medicamento ha causado vómitos, lo cual no debe extrañarse.


380. Romero: su cocimiento es muy astringente y corroborante del estómago; se aplica en lavatorios y unturas para afirmar y fortificar la dentadura, las carnes y demás partes debilitadas del cuerpo. Puesto en vino al Sol por tres días o a fuego lento, es especial medicamento para confortar al estómago y abrir el apetito, tomado en dosis de una onza, en ayunas; en fomentos o unciones, se aconseja para quitar los dolores de la cara provenientes del reuma, para los de cabeza a causa de malos aires, para las fluxiones crónicas de los ojos y para fortificar la vista debilitada; en los dolores de muelas y úlceras de las encías, se toman buches. Para las oftalmías crónicas, se pone el vino de romero con una rama de ruda y una rosa de Alejandría al sereno, en vasija de cobre o en cualquier otra, agregándole un pedazo de dicho metal; y de este colirio se instilan en los ojos unas gotas, tres veces al día. El zumo mezclado con azúcar y tomado en ayunas, sirve para el ahogo, las ventosidades y otros males del epigastrio. Los polvos mezclados en vino y tomado este en ayunas, detienen la orina en la diabetes. Las hojas y raíces se cuecen en vino tinto y se toma este en los dolores y flujos intestinales, aunque sean antiguos. Las mismas, cocidas en vinagre, quitan los dolores de las piernas por cansancio. El cocimiento de las hojas con un poco de vinagre, sirve para curar la caspa, y fortifica la memoria untándolo en la cabeza y peinándose con él. Las hojas y flores comidas con frecuencia por las que crían les hace abundar la leche. Los polvos mezclados con los de agallas bien cernidos, se aplican al recto en sus abocaciones, lavado antes con cocimiento de rosas y de llantén. Los polvos de romero tomados como rapé purgan copiosamente el reuma; y si se asocian a los de bretónica, se hace más eficaz el remedio. Muchas enfermedades de los ojos se han curado con él; los mismos polvos de romero bien cernidos, se aplican para curar el ombligo de los recién nacidos, para disecar algunas úlceras y escoriaciones, y para otros muchos casos. El humo de romero quemado ahuyenta las sabandijas. El cocimiento de romero es excelente para contener la caída del pelo y hacerlo crecer y prolongar; también se usa la pomada compuesta de alguna grasa con polvos de romero puesta al Sol y colada a los tres días. De las flores de romero cocidas en partes iguales de vino blanco y miel, se hace un lamedor para curar las ronqueras, tomándose cuatro cucharadas por día. Las cataplasmas de las hojas majadas se usan para soldar las quebraduras. Las hojas cocidas en vino y aplicadas a las hemorroides, quitan sus dolores repitiendo este remedio por tres veces. Para el catarro es eficaz remedio recibir el humo de la corteza. Para el histérico se tomará una cucharadita de los polvos de las hojas verdes, bien unidos, y otro de sal común e, incorporados, se toman bebiendo encima unos tragos de vino generoso; después se comerá un pedazo de pan de centeno bien tostado y se tomará otro poco del mismo vino.

381. Rompesaragüelo: el cocimiento teiforme de los cogollos se toma para acelerar los partos cuando se demoran llegada la oportunidad; también es excelente remedio para expulsar la placenta retenida, para excitar o facilitar el menstruo, para corregir el mal de orina y para las inflamaciones del hígado. Su zumo, en cantidad de media onza, se aplica en los retortijones de tripa y en el tétanos; mezclado con vinagre, se ordena en el vómito de sangre y en los infartos del bazo. La cataplasma de sus hojas resuelve toda especie de tumor, y las fricciones con las mismas, majadas, curan la sarna.
También es eficaz remedio para los dolores reumáticos, usándolo en baños calientes o en friegas del zumo con aguardiente de caña, aplicando luego una franela a la parte dolorida. Para los zumbidos de los oídos, se ponen en ellos las hojas y desaparecen prontamente.

382. Rosa: las de Alejandría, que son las más medicinales, entran en la composición de muchos medicamentos. El agua rosada y, en su defecto, el cocimiento de rosas, se aplica como un colirio apropiado para los ojos, solas, con un polvo de vitriolo o con otros ingredientes. Tómase interiormente en las diarreas, disenterías y pujos, asociados al aceite de almendras, clara de huevo y azúcar; también se usa como vehículo de muchos purgantes. El cocimiento fuerte de buena cantidad de las encarnadas, se da en las hemorragias para contener los abortos y en los demás casos en que convenga la aplicación de un fuerte astringente. La conserva de rosas tomadas en ayunas y bebiéndose encima un poco de agua tibia, es un purgante suave, fresco y muy eficaz para evacuar las bilis. También se aconseja el cocimiento en lavativas en las afecciones intestinales. El vinagre y el aguardiente rosados son utilísimos en fomentaciones para los porrazos, contusiones y en muchos otros casos. La manteca y el aceite rosado se usan, en fricciones, para las inflamaciones del vientre, para la resolución de algunos tumores e hinchazones, etc. El azúcar y la miel rosados se indican como purgativos que regularmente se asocian a otras medicinas, y para diversas enfermedades. Para contener los vómitos, se refriega el estómago con miel rosada y polvos de yerbabuena, o bien mezclados y tibios. Los polvos de rosa se aplican para ciertas úlceras y en las heridas y laceraciones. Las hojas de la planta se ponen en las sienes y frente para calmar los dolores de cabeza. Las hojas de rosa seca hervidas en vino sirven para lavatorios en las abocaciones del sieso.

383. Rosa de Berbería: esta planta se tiene vulgarmente por venenosa, pero debe ser muy útil a la terapéutica. Hasta ahora solo ha llegado a mí noticia que las flores majadas y mezcladas con sebo, se aplican en cataplasmas para la curación de los clavos que se forman en los pies por resultas de las bubas venéreas.

384. Rosa de montaña (llámase también palo de cruz): el cocimiento de la flor o del leño es un poderoso astringente, muy usado en otros tiempos para curar las diarreas, disenterías y pujos, que son tan perseverantes en esta capital. Aplicada la corteza o un pedazo de leño a cualquier herida reciente, por profunda que sea o a sus inmediaciones, estanca luego la sangre. Lo mismo acontece con todas las demás hemorragias; para los flujos uterinos o menstruales inmódicos de las mujeres, acostumbran las de los campos colgarse a la cintura unos pedacitos del leño, contentándose otras con llevar en la mano un bastón cortado del árbol; también lo llevan las personas de ambos sexos acometidas de otras hemorragias. Puede esto ponerse en duda por algunos, pero a presencia de los hechos no hay razonamiento que valga. Lo que debieran hacer los señores profesores de la ciencia médica es no ser indiferentes a las preciosas medicinas que nos ofrece la flora venezolana; familiarizarse con ellas, examinarlas, mejorarlas y aplicarlas, con lo cual harían un bien a nuestra patria y a la humanidad. El señor licenciado José María Benítez dice así en su obra: Esta planta se reputa como astringente, por cuya razón se administra el cocimiento de su flor y de las rasuras de su tronco en las diarreas y disenterías crónicas. El polvo impalpable de la corteza y tronco tomado interiormente se usa para contener los flujos de sangre. Se dice que aplicando un pedazo del tronco sobre una herida cualquiera, restaña inmediatamente la sangre, y que puesto sobre la región sacrolumbar, contiene la hemorragia uterina. El cocimiento de las astillas del tronco se ordena en ciertas ictericias.

385. Ruda: el cocimiento de unos cogollitos de esta planta o estos desmenuzados en una mazamorra de maíz o cualquier otra emulsión, aprovechan mucho en el histérico. Las hojas en infusión de vino blanco al Sol por tres días, asociándole flores de saúco y rosas, es excelente remedio para las fluxiones de los ojos o para la vista debilitada; si se quiere hacer más eficaz este remedio, se le añadirán semillas de hinojo, cogollos de verbena y hojas de alhucema. La cataplasma de las hojas cocidas se aplica para el abocamiento del recto y en el epigastrio en los males del estómago; para los resfriados del pecho o cabeza, se aconsejan fricciones de las hojas entibiadas en aguardiente de uvas. Los polvos de las mismas en dosis de una cucharadita de las de café, tomados en ayunas en un vaso de cocimiento de raíz de brusca u otro vehículo apropiado, son un excelente emenagogo, que muy pronto dejará arreglada la menstruación de la mujer obstruida. La ruda, puesta en los oídos, alivia estos órganos de los ruidos y sorderas. El cocimiento de una rama con semillas de eneldo seco, y a la vez los fomentos fríos de leche de cabra con miel, remudados cuando se sequen, es un poderoso medicamento para el dolor de costado. El zumo se aplica al sieso en los pujos o en sus abocaciones. Se asegura que para conservar la salud todo el año han de comerse los cogollos de ruda en el mes de septiembre, en ayunas. Las lavativas del cocimiento de ruda, manzanilla, hinojo y eneldo hecho en vino y coladas, agregándoles aceite y puestas tibias, curan el dolor de ijada. Para este mismo mal y para el de costado, se aplica la cataplasma de ruda frita en aceite de Castilla, y también una tortilla de dos huevos frita en aceite de dicha planta.

386. Saúco: el zumo de las hojas en cantidad de tres cucharadas, obra como vomipurgativo; si se toman dos, hacen un efecto de purgante, repitiéndose la misma dosis si a la media hora no hubiere comenzado la operación. El té de las flores es un eficaz sudorífico y se aplica caliente en los resfriados y en la confección de los colirios para los ojos, en las cataplasmas antiflogísticas y en las fomentaciones de las partes inflamadas. Tomado un pedazo de la raíz como del tamaño de un pie y quitado una especie de filamento que contiene en medio, se machaca y se pone en infusión en un vaso de vino tinto, para tomarlo a las veinticuatro horas después de colado; con este remedio se curan las calenturas intermitentes. Para la hidropesía, se toma el cocimiento de la corteza interior del saúco en leche o agua hasta que se reduzca a la mitad. Los efectos serán los de un vomipurgativo.

387. Sal común: es purgativa y resolutiva. Puesta en agua en dosis de cuatro cucharadas, obrará como purgante; y en fomentaciones servirá para resolver y madurar las hinchazones y tumores; al intento se pondrá sal bien molida y cernida con miel cruda y una yema de huevo, y se aplicará en emplasto. La sal con saliva en ayunas resuelve pronto cualquier tumor o lobanillo. La salmuera con vinagre es una excelente pócima en las caídas y porrazos, y entra en una multitud de medicamentos, como se observará en algunos de los que dejamos apuntados. Tomada con exceso en las comidas, irrita y daña la sangre, y es por esto que causa tantas enfermedades el frecuente uso de los salazones. La salmuera caliente en ayunas se toma para el dolor de costado; úsase también a cualquier hora que apure el dolor. La salmuera con dos tantos de aguardiente alcanforado, quita los dolores nerviosos de la cabeza, poniéndola en la coronilla y cubriendo aquella.

388. Salvaje: el cocimiento de las hojas o bien estas estrujadas en agua natural, se toma para corregir la sangre y para todos los casos de irritación. Administrado en cocimiento bien caliente, obra como sudorífico y pectoral; y asociándole un poquito de sal molida, se da en las caídas y porrazos como una de las mejores pócimas. Para el asma se toma en forma de té dos o tres veces al día. En muchos casos ha bastado este sencillo medicamento para desterrar el mal.

389. Salvia: el té de las hojas se usa en todos los casos de espasmos o enfriamiento; y aplicadas exteriormente solas o humedecidas en vino, son excelentes en los ataques perláticos, malos aires, etc. La infusión fría por una noche de un manojillo de hojas en un vaso de agua natural, a la cual se agregará al tomarlas en ayunas cuatro cucharadas de miel rosada, es un medicamento probado para curar la jaqueca. Las semillas se queman y se sahúma un lienzo para ponerlo en la parte resfriada o que haya recibido un mal aire. También se extrae de ellas un finísimo aceite para el mismo efecto y para tomarlo como purgativo en gotas de cuatro en adelante; las semillas solas, en número de doce o más, hacen el mismo efecto purgativo. La infusión de sus hojas en agua hirviendo se administra interiormente en la retención de la orina y para provocar el parto. También en los dolores crónicos de los miembros, en la debilidad de los músculos y articulaciones, y en ciertas afecciones cerebrales como la epilepsia, se ordena interiormente y en baños. En el prurito de las partes pudendas se aplica su cocimiento en vino en forma de lavatorios. El zumo de las hojas con miel de abejas se usa en la tisis y hemoptisis crónicas. En los partos laboriosos y cuando el feto ha muerto en el útero, se ordena la cataplasma de salvia en la vulva y el zumo interiormente. En el tétanos se acostumbra poner sobre las mandíbulas, cerviz y columna vertebral las hojas calientes, y untar estas mismas partes con aceite caliente en que se hubiere hervido la salvia. Dicen que el zumo con sal dispone a la concepción. También aplican el zumo para ennegrecer los cabellos. A los balbucientes les ponen un pedazo de hoja debajo de la lengua.

390. Samuro: el tuétano que se extrae de la canilla de este volátil se aplica en una mechita a cualquier fístula y se curará en cuatro o seis días. El corazón, puesto por veinticuatro horas en infusión de aguardiente y tomado diariamente por el enviciado en la bebida, hará que la aborrezca. Del corazón y entrañas horneadas y pulverizadas, se aplica en dosis de una cucharillita en agua de cardosanto o en vino blanco para curar la epilepsia. Debe tomarse en la menguante de la Luna. El hueso de la canilla que llaman “rey de los samuros” se corta en pedacitos como de una pulgada y se ensartarán estos en un cordón para ponerlos en la cintura del que padezca de almorranas, y para curar el asma o ahogo.

391. Sangre de drago: la resina que produce este árbol es un poderoso ngente que con éxito admirable se aplica pulverizada y puesta en un vaso de cocimiento de llantén para curar las hemorragias de los órganos y heridas, y en los flujos de sangre pasivos; adminístrase también interior y exteriormente en las diarreas crónicas; en el primer caso, en dosis de un dracma y, en el segundo, disuelta en un líquido adecuado para usarlo en lavativas o fomentaciones. Para afirmar los dientes y muelas se toman en buches o se mantiene la resina en la boca. Untada con unas plumas en las marcas que dejan las viruelas u otras enfermedades, las hace desaparecer. En las úlceras antiguas con pérdidas de sustancia se humedecen planchuelas de hila en el jugo recientemente extraído y se aplican dejando el aparato por algunos días, en cuyo tiempo las hace encarnar y disponer a la cicatrización. En los flujos hemorroidales y vaginales se introducen pesarios o torundas de dos o tres pulgadas de largo para contenerlos. Un pedazo de esta gomorresina mantenido en la boca afirma los dientes flojos; lo mismo que los polvos reducen la prosidencia del recto aplicados sobre esta parte. Se hace con ella una tinta hermosa cuando está fresca, que es cuando se disuelve y mezcla con el agua; sus pastriolvos pueden ser útiles para los barnices.

392. Sanguinaria (llámanla también mata de sangre y otros corregüela): con las hojas de esta yerba, estrujadas en agua natural, cuya operación la hace aparecer como la misma sangre, acostumbran los habitantes de los campos refrescarse cuando están irritados, endulzándola con azúcar o papelón.
Para las cámaras de sangre, demás enfermedades de los intestinos y para la hemorragia nasal, se usa el zumo agregándole goma arábiga, y para lavativas en las mismas afecciones, el cocimiento con almidón. Asegúrase que es un especial remedio para el hígado, bebiendo el agua como se indica al principio y poniéndose en este órgano la cataplasma de las hojas.Para curar las almorranas se pone la yerba en una vasija con brasas y se recibe el humo por el recto; al efecto se colocará aquella de manera que esté a la distancia conveniente y bien cubiertos los costados.

393. Santamaría (véase amargosa): tenemos en el país otra planta denominada santamaría, aunque no parece ser la de que se trata bajo el rubro amargosa; porque las flores de aquella, en lugar de ser encarnadas, son amarillas en el centro y blancas en la circunferencia, en todo parecidas a las de manzanilla. Con referencia a esta diré que se ponen las hojas en los oídos en sus ruidos y sorderas; también en cataplasmas al estómago con vino y nuez moscada en el histérico; y en fricciones al vientre con aceite de tártago para curar las lombrices. Hay otra planta que lleva el mismo nombre, la cual tiene unas hojas muy grandes y redondas que, puestas en la cabeza de modo que la cubran y luego un gorro o pañuelo, se conseguirá que desaparezca cualquier dolor en ella.

394. Sapata: es un arbusto que se asemeja un poco al helecho y se produce en los lugares húmedos. El zumo de las hojas con un polvo de sal de Neiva, y en su defecto de la del Guaranao u otra, instilada en los ojos, cura en breve tiempo las nubes y las opacidades de la córnea, teniendo el cuidado de purgarse con frecuencia.

395. Sapo: los huesos de este animal, disecados y puestos al cuello de los niños les facilita la dentición, libertándolos de los funestos padecimientos que regularmente experimentan en tan peligroso período de la vida. Tomándose un sapo vivo y pasándose la barriga por sobre cualquier inflamación odontológica eripelatosa y otras, cede prontamente, dejando de un color rosado subido la epidermis del animal, el cual muere poco tiempo después. Es bueno también para curar las escrófulas cubrir el tumor o tumores con la piel de la barriga, tomando al mismo tiempo los correspondientes evacuantes. Dicha piel se remuda cada vez que se seque demasiado. Hay también una planta que la denominan sapo y se cría en los parajes fríos, cuya raíz pulverizada se aplica para la curación de las úlceras, sabañones, etc., lo cual se consigue con la mayor prontitud.

396. Sarrapia: la fruta es un exquisito aromático cuyos polvos se aplican en los cólicos y demás indisposiciones del estómago. La dosis es de una pulgarada en vino blanco o en cocimiento de anís. También se toma en forma de té, y el extracto en gotas.

397. Sasafrás: el cocimiento de la corteza de este árbol es un excelente sudorífico y se aplica también en baños para los dolores venéreos, en la perlesía y en las contracciones de nervios. La corteza de la raíz pulverizada se aconseja para las obstrucciones y para expeler el humor venéreo, tomándola en cocimiento fuerte o en infusión caliente de vino; sus efectos se producen por la transpiración, por lo cual es necesario guardar cama tres o cuatro horas después de tomado el medicamento. El aceite o bálsamo que se extrae del tronco del árbol se usa también en fricciones para todas las afecciones nerviosas, y mezclado con una yema de huevo se ponen en una planchuela de hilas para curar las heridas y úlceras; en las pequeñas cortaduras, basta aplicarlo embebido en una cinta. Para aliviar el dolor de los callos se mezcla con cerato y se ponen unos parchitos después de recortados. El aceite esencial de sasafrás que ahora se encuentra en las boticas es mucho mejor; bastarán para media onza de cerato diez o doce gotas. Este precioso árbol de nuestra Guayana merece una privilegiada atención de los botánicos y médicos ilustrados. El puede ofrecerles sazonados frutos que presentar a la humanidad doliente e inmensas riquezas a Venezuela, a la par que la gloria de ostentar más allá de sus mares la hermosura y feracidad de las selvas que la enriquecen.

398. Sauce: El zumo de las hojas se usa en el priapismo, satiriasis, anafrodisia y ninfomanía. El mismo zumo, o los polvos de la corteza, en vino, se ordena en las diarreas crónicas, y mezclado con vinagre, para extirpar las verrugas. El cocimiento de las hojas se aplica en barros en la contracción o encogimiento de los miembros. Se asegura que el cocimiento de la raíz quita la sed de los hidrópicos. Los polvos de la corteza los aconsejan para cicatrizar las úlceras. La corteza interior, quitada la primera, sirve para curar la hidropesía componiéndola del modo siguiente: se toman cuatro puños de la corteza desmenuzada y uno de hojas de ajenjo; y hecho un cocimiento fuerte, se toman cuatro cucharadas por tres veces en el día, las cuales pueden ponerse en buen vino o con leche. Ha de procurarse que las tomas sean antes de comer o cuatro horas después de las comidas. Hay otro remedio para el mismo mal que se encontrará bajo el rubro retama.

399. Sebo: es de propiedad disecativa y se usa en los catarros untándolo tibio en las partes afectadas. Para que los niños de poca edad se conserven sanos del vientre y que la dentición se realice sin enfermedades, son muy útiles las unciones de sebo en la médula espinal, usándolas por mucho tiempo. Para los barros, tumores, escoriaciones y úlceras recientes se aplica con suceso; mezclado con papelón cura las roturas, heridas y panadizos. El sebo de macho se unta en las coyunturas en sus contracciones, lo mismo que en las demás partes afectadas por los males de nervios; también se pone en los chancros para resolverlos, para lo cual, así como para desbaratar tumores, bordes, induraciones y destruir la roña, etc., es eficacísimo el sebo llamado verde por haberse recalentado y enfriado en alguna pieza de cobre. Con el sebo se asocian algunos zumos y otros ingredientes, y es entonces apropiado para la curación de muchos males. El emplasto hecho de sebo, azúcar, jabón de Castilla y aceite de olivas, para cuya confección se pone todo a fuego lento hasta que se incorpore, cura los carbunclos y demás tumores pronta y radicalmente. Puesta una cucharada de sebo derretido en una copa de cocimiento de las flores de saúco, borrajas y hojas de lechuga, cura la tos rebelde proveniente de catarro caído al pecho o de otras causas. También se aplica este remedio para el asma, dándose al mismo tiempo unciones en el cuello y espaldas de un ungüento compuesto de unto y tabaco verde, curado, puesto todo al Sol por tres días o bien a fuego lento. Una media onza de tabaco curado se puede poner (bien desmenuzado o picado) en una taza de unto con el peso de seis onzas; del verde se mezclará el zumo en dosis de dos onzas con la misma de grasa, removiendo esta bien, en uno y otro caso, para que se forme la pomada. Con este remedio se cortó en años pasados en esta capital la peste de tos ferina que tantos niños se llevó al sepulcro. La indicación del específico fue hecha por el que esto escribe a varios profesores, quienes le facultaron pocos días después para publicar sus benéficos resultados, y así se efectuó en el periódico El Liberal, que entonces circulaba con tanto crédito en toda la República. l sebo que cubre muchas veces el cuerpo de los recién nacidos se pone en las marcas de las viruelas para quitarlas. El de cabras, derretido con incienso pulverizado, se aplica para friegas en cualquier dolor. Formada una cala de un pedacito de vela de sebo, lo cual se hace acicalándola según convenga, se introduce en el recto para curar las hemorroides, lo cual se hará más eficaz poniendo en ellas enseguida la cataplasma anotada bajo el rubro tabaco (véase). Tomada una cucharada de sebo derretido, se le agrega otra de brea y, en forma de emplasto, se aplica este para curar los bubones o incordios recientes.

400. Secua o necha: el cocimiento fuerte de la almendra es un eficaz remedio para expeler cualquier veneno que se haya tomado. Puestas en aguardiente, se usan para fricciones en los aires nocivos y también llevándola al cuello. Pulverizada, se usa en dosis de una cucharillita de las de tomar café en vehículo propio, y surte los efectos de un buen vomitivo. El aceite que de ella se extrae se aplica al cuello para curar los cotos y paperas, y en las escrófulas para resolverlas, evacuándose eficazmente en uno y otro caso inmediatamente que se note la disminución.

401. Siempreviva: las flores de la blanca, en cocimiento teiforme, se dan como un sudorífico de los mejores. Con él se calman los cólicos ventosos, haciendo expeler prontamente los flatos. El zumo de las hojas es remedio muy celebrado para aplicarlo en las erisipelas.

402. Suelda-con-suelda: el cocimiento de las hojas y cogollos, añadiéndole rosas y aguardiente de caña, se aplica en baños a la cabeza y la cara para quitar los dolores que causa la reuma. Es mejor hacer la infusión en aguardiente y ponerla al Sol por tres días. El zumo sirve para contener las hemorragias tomado anteriormente y en fomentaciones al exterior; también son muy útiles las cataplasmas, así para esta enfermedad como para las dislocaciones y fracturas de huesos, heridas y contusiones. Las hojas en infusión de vino blanco se aconsejan en la curación de los cólicos (véase barbasco).

403. Supí (véase guamacho). 

404. Tabaco: esta planta es bastante medicinal y mucho más en este país de los espasmos. El zumo de las hojas verdes mezclado con alguna grasa y puesto al Sol o a fuego lento se aplica tibio en los resfriados o espasmos al pubis, el dolor de ijada, las heridas, el tétano, la tos ferina (véase sebo), el abdomen y la región sacrolumbar en las diarreas crónicas, y al ombligo de los niños para las lombrices.
El zumo solo con un polvo de sal es eficaz remedio para algunos herpes y para curar la sarna y el arestín de las bestias; mezclado con leche de almendras se usa para la tiña, y unido al sebo de macho para los chancros. Las hojas puestas en las sienes y frente se aconsejan para el dolor de cabeza proveniente de causa fría, y colocadas en los oídos humedecidas en vino, hacen desaparecer los ruidos y sorderas. En el histerismo se acostumbra también poner la hoja humedecida en aguardiente de uvas en el estómago. A falta de tabaco verde se puede hacer uso del curado, el cual es más a propósito para aplicarlo en la epilepsia compuesto del modo siguiente: se toma una onza de tabaco de buena calidad y, picado en pequeñas fracciones, se coloca en una vasija vidriada que contenga una botella de agua y se pone al fuego; luego que haya hervido, se apea, se cuela y se le incorporan ocho onzas de azúcar, volviéndose a poner al fuego hasta darle punto de jarabe, del cual se tomarán dos cucharadas por la mañana y noche, bebiéndose encima medio vaso de cocimiento de flores de saúco y guardándose cama tres horas por lo menos después de cada toma. Para los que padecen del mal venéreo es muy útil fumar el tabaco, y para los pasmados que se traben, he visto echarles el humo con fuerza por las narices y al instante abren la boca y vuelven en sí. El cocimiento de tabaco se aplica en lavativas en las apoplejías, la asfixia, las fiebres soporosas, los cólicos espasmódicos y en los partos difíciles. Últimamente, el tabaco sirve para las mordeduras de culebras, para dar fricciones en las partes del cuerpo de que se hayan apoderado las garrapatas veraneras, las cuales mueren al momento o dejan el puesto; y sirve igualmente para hacer desaparecer los malos aires que se apoderan de la cabeza y afectan la vista. El polvo de tabaco tomado por las narices purga la reuma y es aún más eficaz mezclado con el de bretónica. El tabaco compuesto de la manera que indicamos al principio, con aceite de olivas por medio del baño de arena, es el celebrado bálsamo nicociano que se aplica a la curación de las enfermedades expresadas en aquel lugar. Hoy se ha adelantado la ciencia a presentar como producto de esta planta el tósigo más eficaz y poderoso que se ha descubierto hasta ahora denominado nicotina. La cataplasma de tabaco que se anota a continuación es un admirable medicamento para curar las hemorroides abocadas y para resolver los tumores y corrimientos. Al efecto, tómese como un vaso de zumo de tabaco y otro de vino catalán, y agréguesele una dracma de algalias pulverizadas; póngase todo en infusión a fuego lento o al Sol por tres días, y colado que sea, se embebe con este licor un migajón de pan de trigo que se aplicará al ano en forma de cataplasma tres veces al día. Para el cólico ventoso bastará untar la parte dolorida con unto tibio sin sal y aplicar a ella una hoja de tabaco curado; humedecida esta en aguardiente de uvas o brandy, también quita el dolor proveniente de frialdades o de malos aires.

405. Tacamahaca (llámese también charpachi o curacaí): la resina que produce el árbol es blanca y bastante aromática; después de seca toma un color amarillo que tira a rojo. Es de propiedad disecante, resolutiva y antiespasmódica, por lo cual se aplica a los tumores para madurarlos y evacuarlos; al intento se le asocia regularmente el aceite de palo. De la misma manera se pone en las heridas de los nervios. Para la reuma es muy útil ponerla en las sienes y detrás de las orejas, con lo cual se curan algunas oftalmías y dolores de cabeza y de muelas; cuando la muela está agujereada se pone un pedacito en el hueco, aunque es más seguro cauterizarla con la resina caliente. En el caso de que sufran dolores en los huesos de la cara, se pone sobre estos bien caliente con una pequeña parte de sebo extendido en una badana o lienzo doble. Hecha doble y mezclada con una clara de huevo, se aplica a las dislocaciones de los huesos y coyunturas, aunque sean antiguas, pues de seguro que hará remover el humor y corregirá la descomposición trayendo aquéllos a su antiguo estado. Puestos unos pedacitos de la resina en brasas y recibido el humo por el recto, cura los pujos y la disentería, lo cual se hace también con incienso (véase esta resina). Este mismo remedio se aplica por algunos agregándole, al ponerlo en las brasas, el estiércol de perro.

406. Tamarindo: el ácido de esa fruta se toma en forma de limonada para refrescar la sangre y corregir la bilis. La pulpa en dosis de dos onzas es un laxante suave y antibilioso, haciéndose más eficaz con la agregación de dos cucharadas de crémor tártaro. Para las enfermedades del hígado y en la ictericia son muy a propósito estos medicamentos; también conduce mucho poner unas semillas de esta fruta en el agua de beber; y, según otros, echar esta en una vasija labrada del tronco del árbol. El mejor remedio para estos males es el que recetaba el señor doctor Vargas, que se confecciona así: a una botella de agua hirviendo se le agrega una onza de hojas de sen, se deja enfriar y se cuela; a este líquido se le incorporan cuatro puños de tamarindos sin concha, los gajos limpios de cuatro naranjas ácidas, maduras y una media libra de azúcar. Puesto todo al fuego en vasija apropiada, se cuece hasta darle consistencia de conserva; se clarifica y al apearse se le agrega una cucharada grande de sal de nitro o tres de crémor tártaro y una de ruibarbo, batiéndose todo hasta que los ingredientes queden bien incorporados. De esta conserva se tomarán tres cucharadas al día: una en ayunas, otra al mediodía y la última a la noche, solas o disueltas en agua tibia. La dosis se disminuye si hace evacuar mucho. El polvo de las semillas después de tostadas se aplica en suero para las diarreas; y la cataplasma de las hojas, en las erisipelas y tumores inflamatorios. Para los tumores fríos se usa también agregándole sal común. Para los flujos intestinales es un remedio muy celebrado tomar dos veces al día el cocimiento de la fruta jojota machacándola antes de ponerla al fuego. De seguro que no pasa del tercer día la curación, pero antes de tomar este remedio se hace necesario aplicar un vomitivo de ipecacuana.

407. Tártago (llámase también higuereta y, según otros, palmacristi): las hojas de este arbusto, aplicadas a cualquier inflamación externa, solas y amortiguadas antes por el fuego o por el Sol o bien empapadas en vino blanco, la corrigen obrando activamente por medio de la transpiración local. Cuando las hojas se hayan empapado de sudor deben remudarse, y así se continuará hasta que el mal desaparezca. En un pueblo de la Nueva Granada padecía yo un día en 1814 un fuerte y desesperado dolor de muelas, y la patrona de mi alojamiento, que era una india, se apareció en mi cuarto con el designio de curarme con las hojas de tártago que, según me dijo, pensaba ponerme en la cerviz y espalda. Me reí en medio del dolor y rechacé el medicamento como inútil, diciendo a la buena mujer que lo que me dolía era una muela; pero habiendo ella insistido, asegurándome el éxito, consentí por pura atención: tomó entonces sus hojas, que serían tres como de regular tamaño, y habiendo hecho a cada una de ellas una cruz en el punto en que había sido cortado el tallo o pecíolo, me las colocó en el lugar indicado; púseme la camisa y luego la chaqueta de paño por exigencia de la curandera y, habiéndome echado en la cama, me dormí prontamente, permaneciendo así unas cuantas horas, al cabo de las cuales desperté ya sin el dolor. Las hojas, extraordinariamente sudadas, fueron reemplazadas por pura precaución, y yo, al encontrarme curado de tan raro modo y con tanta facilidad, me sentí avergonzado de haber pretendido saber más que una gente cuyo hábil y benéfico instinto médico parece guiado por la poderosa mano de la Naturaleza.
Las dichas hojas se aplican también del modo expresado a los dolores reumáticos, cólicos y otros. Tomándose de dieciséis a veinticuatro semillas de tártago majadas, obrarán como el más eficaz purgante, bebiéndose encima un poco de agua tibia. El aceite que de ellas se extrae y que la farmacia denomina ricino, es utilísimo en la Medicina; tres o cuatro cucharadas sobre otras tantas de agua natural y dos de ginebra, incorporadas suavemente en un vaso, evitando que se mezclan las unas con las otras, es un purgante muy eficaz que no tiene mal sabor al tomarlo. Untado el aceite en el vientre de los niños que sufren de lombrices por varias noches consecutivas, ayuda mucho a la expulsión de estas, lo cual se consigue tomando el mismo aceite unido al pazote (véase). En los lamedores pectorales entra también como uno de los ingredientes más importantes. Veamos lo que sobre el tártago dice el señor licenciado Benítez: El aceite extraído de sus semillas se aplica en unturas para las inflamaciones crónicas y dureza de los órganos; para los dolores de cualquier parte del cuerpo por causa fría, y para la timpanitis o hidropesía de aire, untado al vientre y tomando algunas gotas en vino. Del mismo modo se ordena en el cólico miserere, en los infartos u obstrucciones del bazo, estómago y en el anquilosis, contracción o encogimiento de los miembros. Se unta también en el epigastrio, en la astricción del vientre y para arrojar las lombrices tomando algunas gotas en leche. Se instila en los oídos para la sordera. Se aplica en la cara para los barros y cicatrices. La cataplasma de sus hojas se ordena en los tumores lácteos y dureza de las mamas. Sus hojas calientes se usan para combatir el reumatismo y los tumores crónicos, abrigando las partes con ellas, y remudándolas con otras nuevas, varias veces al día. Se cuelgan al cuello los pecíolos de las hojas cortados en pedazos y ensartados para disminuir la leche a las recién paridas y para curar ciertas anginas y dolores de garganta. El aceite se da en cantidad de una o dos onzas en los casos en que se necesitan los purgantes suaves.

408. Tebenque: es una planta aromática cuyas hojas tomadas en forma de té se aplican para el mal de orina. Pónese también en cataplasmas al empeine para el mismo mal; y para las afecciones intestinales en el bajo vientre, usándose al mismo tiempo inyecciones del cocimiento. Para cortar una calentura de frío, se toma el tebenque en infusión caliente repetidas veces, y no hay remedio más eficaz.

409. Tegüe: planta muy semejante al ocumo. La raíz es alimenticia desaguándola antes de hacer uso de ella. Tiene las mismas propiedades medicinales que aquella (véase ocumo). Las hojas, restregadas en las manos y en los pies, son un preservativo de las mordeduras de culebra.

410. Temblador: es un pez del tamaño y semejanza de la anguila, y algunos mucho mayores, el cual se encuentra en algunos ríos de nuestras llanuras, especialmente en el Orinoco. Tiene este pez tal fuerza eléctrica que con solo tocar de paso a cualquier persona la hace estremecer, perder la acción y ahogarse instantáneamente. Puesta la raspadura de los huesos de este animal en un poco de vino o cualquier otro vehículo, y tomado este por la mujer que experimente las angustias y dolores de un parto difícil, hará que se realice prontamente. En muchos otros casos puede el temblador ser útil a la Medicina; yo por mi parte desearía que los señores profesores de la ciencia se contrajesen a su estudio y examen.

411. Testículo de caballo: cortados en rebanadas y lavados en vino blanco, se ponen a tostar al horno y luego se pulverizan. Daránse de estos polvos dos dracmas en vino blanco a los escrofulosos por quince o veinte días para curarlos. Este remedio hará escupir los malos humores que ocasiona esta enfermedad. Ellos son también maravillosos en los partos difíciles y para echar las parias, dando una pulgarada en vino blanco, la cual se reiterará y aumentará en caso que la primera no surta efecto. Cúranse también con este remedio las paperas o cotos, tomándose la misma dosis anotada arriba para las escrófulas.

412. Tigre: puesto el colmillo de este animal en el cuello de un niño durante la dentición, pasará este período sin ningún accidente. La piel es muy fresca y se pone en la cama de los éticos y de los que padecen de la sangre para mitigar los ardores de esta.

413. Toda-especie (véase pucherí): además, aplícase la corteza en cocimiento o pulverizada para las mismas enfermedades anotadas en el artículo sobre aquella planta, y cuya curación se contrae solo a las semillas o almendras.

414. Tomate: el zumo de la fruta verde se aplica para curar la caspa, sarna, tiña y otras enfermedades cutáneas restregándolas con él, con agregación de un polvo de sal. La madura es muy fresca y, además del uso que se hace generalmente de su ácido para condimentar las comidas, se aconseja mezclado con aceite de almendras para unciones en el hígado, a las sienes en los fuertes dolores de cabeza y para otras irritaciones. El mismo líquido colado y endulzado con azúcar se toma en buches para los chancros de la boca recientes. Los cogollos se aplican en cataplasmas en las inflamaciones, solos o asociados con las hojas de malva y llantén, y las flores de saúco, manzanilla, etc.

415. Tomillo: es uno de nuestros más exquisitos aromáticos, se usa en las comidas y como fortificante se pone en aguardiente, agregándole alhucema y romero para dar fricciones en la parte que se quiera confortar. La raíz cocida en vino, blanquea y fortalece la dentadura, quita el dolor de las encías, las muelas y los dientes, tomándose al intento pequeños buches; lavándose la boca con este vino una vez por semana, la conserva con buen olor.

416. Topotopo (véase huevo de sapo).

417. Torco: la corteza de este árbol nos ofrece el antiespasmódico más selecto de los que aquí se conocen. Basta una pulgarada de la raspadura de dicha corteza puesta en vino, en caldo o en cualquier otro líquido, para que inmediatamente desaparezca la afección. Tómase asimismo en decocción para las enfermedades del estómago como corroborante y también para resolver las obstrucciones y para corregir las indigestiones.

418. Toronjil: el cocimiento teiforme de este aromático es un eficaz corroborante del estómago y a la vez sudorífico; tómase esencialmente para expeler los flatos, calmar los accesos del histérico, al fin de las diarreas y disenterías, en ciertos cólicos y como vehículo de otras medicinas. Con esta planta se fabrica la preciosa agua de melisa, tan celebrada para el estómago, los flatos, la melancolía y otras enfermedades (véase claveles). Poniéndose en un vaso de aguardiente de 30º una tercera parte de agua de melisa o toronjil y otro tanto de la de azahares, se le agrega una onza de canela fina machacada y tres de azúcar en polvo; todo lo cual se deja en infusión por doce horas y luego se filtra por papel y se embotella para tomar de dos a cuatro cucharadas en los accesos histéricos, o fuera de ellos para que no den.

419. Tostón: yerba que se destina comúnmente para el mantenimiento de los cerdos y, cuyas hojas sancochadas y luego molidas, se vuelven a poner al fuego con leche y un poco de aceite de coco, lo cual se pone al hígado en cataplasma, remudándola en el día; al mismo tiempo se tomará por dos veces al día un té de conchas de naranja dulce, que no esté madura si es posible. Este remedio produce el sorprendente efecto de quitar las dolencias del hígado dentro de tres o cuatro días. Tómase también interiormente el cocimiento de las hojas para detener los flujos de las paridas y cualquier otro caso de hemorragia.

420. Totumo: el cocimiento de un pedazo como de tres onzas de la parte interior de la fruta jojota, se toma en las fuertes caídas para evitar sus malas consecuencias. Al mismo fin se aconseja el zumo, después de asada la fruta, endulzado con azúcar. De uno u otro modo, se usa con el mayor éxito para curar los pujos, la blenorrea, la tisis ulcerosa, las vómicas y apostemas internas. Para excitar el menstruo, provocar el parto y expeler el feto muerto, se da con miel de abejas. El cocimiento de la raíz o de la corteza del árbol por la parte que mira al naciente, se aplica también para el menstruo con muy buen suceso. De esta fruta se confecciona un jarabe muy exquisito para la curación de los males anotados.

421. Trigo: las flores de trigo, secas a la sombra y pulverizadas, se dan en dosis de una dracma a los que acostumbran embriagarse en el licor que más les agrada, y no volverán a beber este ni ningún otro, no podrán ni siquiera olerlos.
Para disecar y consumir los catarros se toman cuatro libras de harina cernida y se amasa con partes iguales de agua y vino blanco, dejando la levadura como para el pan; luego se le mezclará una libra de azúcar bien pulverizada, un puño de anís y otro de hinojo; se amasa bien todo esto y se forma un pan, el cual medio cocido se corta en pedazos y vuelve a ponerse al horno. De estos bizcochos se tomarán dos onzas todas las mañanas antes del desayuno y otras dos por la noche antes de acostarse.
Para los zumbidos de los oídos y sorderas se toma un pan recién sacado del horno, se descorteza, se echa a remojar en espíritu de vino y se aplica bien caliente al oído, de modo que el vapor penetre en él. Con el migajón de pan de trigo puesto en leche o agua blanca, se hacen cataplasmas aplicables a las irritaciones, añadiéndoles alguna grasa fresca y azafrán. Para el alimento de los enfermos, se deslíe el migajón en agua caliente, se cuela y se le pone un poco de azúcar y unas gotas de agua de azahares. Una rueda de pan quemado y luego apagado en el agua de beber hasta que tome color, la hace astringente y muy eficaz en las diarreas y desentonos del estómago. El carbón de pan de trigo es excelente para aplicarlo a las úlceras cancerosas y para ponerlo en las inyecciones del recto en los pujos y demás afecciones intestinales. El afrecho sirve de cocimiento para lavativas en la disentería, agregándole semillas de linaza. La levadura se pone en los callos para facilitar su extracción. La harina con miel y agua se toma por algunos días para confortar el estómago. Caliente al Sol o al fuego y envuelta en una bayeta, se pone de asiento a la mujer que esté con flujos de sangre, a fin de que reciba el calor, y sanará. El afrecho lavado y mezclado con ruda y vinagre, se pone en cataplasma para la hinchazón de los pechos.
La flor del trigo en dosis como lo que cojan los tres dedos, se pone en leche y agua, se hierve y se da para las lombrices. Tomando un pan bien caliente se coloca entre dos platos o vasijas, que quede bien tapado, y el sudor que arroje se instila en los oídos para curar la sordera. Para las fiebres malignas se toma una libra de trigo mondado y se cuece en cantidad suficiente de agua hasta que reviente. Tomase este cocimiento en dosis de cuatro dedos de un vaso, agregándole una cucharada de aguardiente de caña bien caliente para hacer sudar; debe repetirse esta dosis cada media hora si las anteriores no han producido el efecto. Para curar los tumores se les aplicará la levadura con sal. Para la astricción de vientre se toma igual peso de harina y sal, y bien amasados se forman unas calas, se dejan secar y se guardan. Cuando se haya de hacer uso de ellas se untan de aceite y se introducen por el ano.

422. Triquitraqui (véase valeriana).

423. Trompillo: las hojas se ponen con aceite de coco en los corrimientos y otras irritaciones, como igualmente en los tumores o hinchazones.

424. Tuatúa: el cocimiento fuerte de las hojas con un poco de sal, obra como un purgante suave aplicable en las crudezas e indigestiones del estómago, y en las fiebres y otras alteraciones de la bilis. A los mismos fines, se toma este purgante de otra manera que lo hace más fácil y agradable, y es la siguiente: tómanse tantas hojas cuantas deposiciones quieran hacerse; se pican en forma de ensalada y, como a esta, se le pone aceite, vinagre y sal; y todo bien mezclado se tomará en lugar de cena al tiempo de acostarse, bebiendo encima unos tragos de agua quebrantada. El resultado de esta medicina será que, a la madrugada o al levantarse, se harán las deposiciones anunciadas y el enfermo quedará resuelto a repetirlo cuantas veces se encuentre indispuesto por consecuencia de los males expresados. Dícese que si las hojas se arrancan tirando para abajo, obrarán como purgante; si para arriba, como vomitivo y, si de uno y otro modo, como vomipurgativo. Yo lo que puedo asegurar es que obran como purgante y que es cierto que el número de las hojas es el de las deposiciones que se hagan. El cocimiento de la raíz se toma en los empachos, y es excelente para las hidropesías. Cortados unos cogollos y puesto a destilar el suco lacticinoso que contienen, se aplica este a las úlceras de la boca, de cualquier especie que sean, y se verán prontamente curadas, muy especialmente las que llaman sapitos en los niños.

425. Tuna: la fruta es sumamente fresca y astringente. La penca pelada, majada y mezclada con aceite de almendras o de coco, se aplica en forma de cataplasma, así al hígado en sus irritaciones como en cualquier otra del cuerpo. La misma penca pelada, lavada y cortada en pedacitos, se pone en un jarro de agua natural al sereno y se toma de ella el siguiente día para cortar los pujos recientes. El cocimiento de la raíz se usa para curar las diarreas y disenterías incorporándole unas hojas de rosa de Alejandría o de montaña. Para lavativas en las afecciones intestinales, se pone la penca de tuna en agua hasta que haya producido bastante mucílago, se endulza este con azúcar y se aplica. El zumo de la misma penca endulzado se toma en los males de pecho con aceite de almendras, por cucharadas cada tres horas; también se administra en las fiebres ardientes, en cantidad de medio vaso, tres veces al día. Unos pedacitos de la penca pelada, puestos en una vasija con agua natural por una noche, sirven para aplicar esta al siguiente día a los paños de la cara y otras manchas del cutis para que desaparezcan.

426. Tusilla (llámase también contrayerba): la figura de la raíz, que es de la que se hace uso, es oblonga, del tamaño de un dedo, nudosa y cubierta de fibras y raicillas que la fijan en la tierra. Esta planta es semejante a la de espinaca, sin tallo alguno y se cría en los montes frondosos y frescos. Dicha raíz es diaforética, tónica, febrífuga y un contraveneno muy eficaz. Con el cocimiento de ella, o los polvos tomados en vino o en otro líquido apropiado, se curan las fiebres malignas, se detienen los flujos disentéricos y los pujos, se expelen los flatos y desaparecen los resfriados y espasmos. A los que están acometidos de viruelas o sarampión, se les administra este remedio con un éxito extraordinario, y lo mismo a los epilépticos o tetánicos. Con él se curan la hidropesía y las mordeduras de culebra y de otros animales ponzoñosos. Para el cólera asiático se ha aplicado con éxito esta raíz machacada y puesta en vino blanco por tres días, o bien a fuego lento por una hora si el caso lo requiere. La dosis será de tres cucharadas cada hora, disminuyéndose el tiempo si fuere necesario. Puede darse también el cocimiento fuerte en la misma dosis. Este remedio se suspenderá cuando cesen la diarrea y el vómito, y luego será necesario propinar la mixtura salina o copitas de agua fría (véase raíz de mato).

427. Tuturutu: esta planta levanta sus vástagos sin echar hoja alguna, y es en el extremo de cada uno que produce las flores que son encarnadas y verdes, por lo cual la llaman otros periquita. Por cualquier parte que se corte destila un licor lácteo, el cual, recogido en dosis como de un dedal y disuelto en dos o tres dedos de agua natural, o en cocimiento de alguna otra planta, es un eficaz vomitivo. Cuando la leche se seca, se convierte en unos polvitos blancos como los de tártaro emético, los cuales se aplican al mismo fin expresado.

428. Uvero: las hojas se usan para calmar ciertos dolores de cabeza y para aplicarlas en algunos tumores o hinchazones con aceite de coco. La fruta contiene un ácido astringente que, según se ha experimentado, conviene tomarlo como un buen correctivo de las diarreas y otras enfermedades de los intestinos. 

429. Vainilla: el cocimiento fuerte de la fruta se aplica en dosis moderadas en la curación de las fiebres graves, o en polvo en cantidad de dos o tres granos. La raíz es, como la fruta, antifebrífuga y antiespasmódica. Aplícase en diferentes formas: ya sola, ya asociada con otras drogas farmacéuticas.

430. Valeriana (llámase también triquitraqui): el cocimiento de la raíz es un poderoso sedativo del sistema nervioso. Se aplica en la epilepsia en dosis de una dracma o algo más, hasta tomar una onza en veinticuatro horas, y se usa en lavativas y como vehículo de otros medicamentos. Se administra también pulverizada en cantidad de una o dos dracmas en un vaso de leche, o en píldoras, así en el mal expresado como en la apoplejía, la blenorragia, las retenciones del menstruo y otras obstrucciones. Machacada la raíz y puesta en agua natural, de modo que se forme como un carato, se toma dos o tres veces al día en el reumatismo venéreo. Se compone de una vez como para cuatro días y se comienza a tomar desde el segundo.

431. Venado: del buche de este cuadrúpedo tómese la suciedad que contiene, deslíase en vino y désele a beber al que padece de gota coral al acometerle el acceso, o cuando sienta los síntomas, y a pocas veces sanará.

432. Verbena: es un astringente suave cuyo cocimiento se aplica en las fiebres efímeras y en las intermitentes. El zumo se toma con sal en calidad de pócima en las contusiones y porrazos, aplicándose también exteriormente, así en estos como en algunos tumores y apostemas, y en las erisipelas. Tomado el cocimiento, que es bastante amargo, hace sudar copiosamente y otras veces excita repetidos vómitos.
Cuatro onzas de agua destilada con cuatro gotas de espíritu de vitriolo tomadas con frecuencia, quitan los dolores de cabeza. Para curar las anginas, se ponen en cataplasmas a la garganta con aceite de coco.
El cocimiento de la raíz y las hojas, se aplica en la diátesis ulcerosa y en la elefancía (poniendo sobre las úlceras cataplasmas de la misma), en ciertas ictericias, en las fiebres intermitentes, en la hipocondría y para promover los menstruos. También se usa el mismo cocimiento en gargarismos para las úlceras atónicas de la boca. La cataplasma de sus tallos y hojas, se ordena en los tumores e hinchazones crónicas, y en las úlceras antiguas. En la enteritis gangrenosa llamada bicho, se aplica en forma de cala molida con la fregosa, añil y sal común. En el infarto intestinal llamado empacho, se usa en lavativas.
Se ha aplicado el zumo en pequeñas dosis, y las inyecciones para curar la fiebre amarilla y el vómito negro con el mejor éxito. Las dosis son las siguientes: para un vaso de zumo, se ponen tres cucharadas de sal común y de esta poción se toma cuatro cucharadas cada tres horas. Para las inyecciones se toma el zumo con otro tanto de agua y se le agrega azúcar. Se deben aplicar a la vez que la bebida.

433. Verdolaga: el cocimiento es muy usado para los niños que padecen de lombrices por sus propiedades refrigerantes y vermífugas. Las semillas pulverizadas se dan en dosis de dos dracmas en cocimiento de yerbabuena para hacérselas echar; asociadas a las de pazote son mucho más eficaces. En cualquier irritación, así interior como exterior, se toma con éxito el té de verdolaga con una cucharillita de carbón de coco y se aplican
 cataplasmas de la planta, sola o asociada con otras. El agua de verdolaga es mucho mejor restregando esta en aquella o poniéndola machacada en infusión. Para el hígado, se pone en este órgano una cataplasma molida con las claras de dos huevos de gallina y un poco de azúcar, añadiéndole al acto de ponerle un poquito de aceite de coco. Para la vista y otras enfermedades de los ojos, se les aplica el zumo colado con azúcar cande. Para las lombrices, se da el zumo con unas gotas de limón ácido. Para el dolor de cabeza, se aplica a la frente el zumo incorporado con el de la raíz de apio, en un paño embebido, el cual remudará cuando se seque. Prefiérese para estos medicamentos la que se cría en las tapias o escombros.

434. Verdolaga de cabra: el zumo es sumamente fresco; se aconseja en las irritaciones de sangre, para las caídas y porrazos, tomado con sal y para fomentos en el exterior. También se usa el cocimiento para estos mismos males, así interior como exteriormente. En cataplasmas, se pone también sobre algunas inflamaciones, tumores, contusiones, etc.

435. Verdolaguilla: yerba de hojas muy menudas y parecidas a las de la verdolaga, la cual se extiende mucho y prontamente en su circunferencia, echando unas florecillas moradas. El cocimiento de las hojas y tallos en forma de té, se toma como un exquisito sudorífico en los resfriados y demás casos en que convenga excitar la transpiración.

436. Vinagre: es un ácido refrigerante que se toma en cualquier vehículo. En las irritaciones del recto, diarreas, disenterías y pujos, se pone en la competente dosis en las lavativas de malvas, linaza, arroz, etc., que se apliquen. Se usa en defensivos a la frente en los fuertes dolores de cabeza, mezclado con agua rosada. Empapado un lienzo en agua que contenga una tercera parte de buen vinagre, se envuelve con él un ladrillo nuevo bien caliente y, puesto de canto, se hace sentar en él a la persona que padezca de pujos o disentería y obrará como remedio de los más eficaces. El vinagre rosado sirve para fomentos y es un excelente repercusivo; aplícase con éxito en gargarismos en las anginas, excitando la mucosa gutural, a cuyo efecto se pondrán cuatro cucharadas en un vaso de agua endulzada con miel de abejas. Para las caídas y porrazos es una buena pócima poner iguales partes de vinagre y agua, y agregarle cuanto puedan coger los dedos de pez común pulverizado. Asociado con el zumo de las hojas de pepino de monte, sirve para curar los empeines y la tiña. Poniendo iguales partes de vinagre y cola de pegar madera, se usa en las quemaduras de agua caliente y las sana sin ningún mal resultado.

437. Vinagrillo: además de su eficacia para quitar las manchas de la ropa, es un buen astringente. Aplícase el zumo con miel rosada para las úlceras de la boca. Estrujadas las hojas en agua natural y endulzada, es un buen refresco para corregir la sangre. También las aplican en cataplasmas para el hígado.

438. Violetas: el cocimiento teiforme de las flores es un selecto sudorífico y acreditado pectoral. Tómase también en jarabe, esencialmente para las enfermedades del pecho, el cual se confecciona así: en tres botellas de agua se ponen dos o tres docenas de flores y veinticuatro pepitas de membrillo. Después de doce horas en infusión, se hierve en vasija de barro hasta consumirse la tercera parte, se cuela y vuelve al fuego con una libra de azúcar cande, otra de la común y dos onzas de aceite de almendras. Luego que el jarabe esté en punto, se aparta y se deja en reposo. De él se tomarán de cuando en cuando dos cucharadas, en especial al acostarse, bebiendo encima unos tragos de agua de saúco o lechuga que esté quebrantada. El zumo de la raíz se administra para contener las hemorragias, para curar los pujos hemorroidales, las ulceraciones de la boca y los dolores de muelas. Para estos, se ponen en las picaduras o se toma en buches con aguardiente de caña, o los del cocimiento de las flores en vino tinto. Para estas dos últimas afecciones puede tomarse también el cocimiento fuerte.

439. Viravira (por otro nombre, marrubio): es excelente para el menstruo tomar el cocimiento fuerte de hojas por mañana y noche; ellas se colocan también en los jarabes que se confeccionan para esta enfermedad. La raíz es todavía más eficaz en decocción o en polvos; bajo la primera forma, se incorpora en las lavativas estimulantes que se ponen con otros ingredientes para excitar o regularizar la menstruación; bajo la segunda, se usa en infusión de vino para tomarlo por cucharadas en la misma enfermedad.

440. Yagrumo: el cocimiento de las hojas o de las raíces y parte leñosa del tronco del yagrumo blanco, se aplica a la hidropesía y dolores del bazo; y el morado para hacer huir los loquios y menstruos, y para preservar de apostemas a los que hayan sufrido golpes o caídas.

441. Yerbabuena: es estomacal y se toma regularmente en infusión teiforme en todos los casos de indigestión y dolores de estómago por causa fría; tómase también para expeler las lombrices en cocimiento fuerte, solo o asociado con el pazote. Sin este y en dosis de cuatro cucharadas con unos clavillos molidos o con una dracma de aceite de castor, se aplica en las ronqueras tomándose en cada vez una o dos cucharadas. El zumo solo se pone en los oídos en los casos de ruidos o zumbidos, y en las sorderas recientes; tómase también para las lombrices. Asociado a la miel de abejas, es un específico contra toda clase de venéreo. Las hojas se ponen en las sienes y frente para quitar ciertos dolores de cabeza, y en los oídos para la sordera. La yerbabuena pulverizada se usa para los males indicados, poniendo los polvos en vino; y, de la misma manera, entra en multitud de composiciones farmacéuticas como un aromático de los más medicinales. Sirve esta yerba, majada y mezclada con sal, vinagre y aceite, para aplicarla a las mordeduras de perros rabiosos y de otros animales ponzoñosos. Incorporada en la leche, no la deja cuajar. Puestas dos cucharadas del zumo en un vaso de guarapo fuerte y tomado en ayunas por tres días, cura las cámaras; también se toma para este mal el té de yerbabuena con una cucharilla de magnesia calcinada al acostarse. La yerbabuena silvestre se aplica en baños con la corteza de indio desnudo puesta en cocimiento, para curar el reumatismo y también el cáncer del estómago, agregándole para esto la corteza de cují y un pedazo de raíz de cambur.

442. Yerba de clavo: “Se dice que el cocimiento de esta planta es útil en la blenorrea, para hacer fluir los menstruos, y que dispone a la concepción.”

443. Yerba de gomas: la hoja, que es gruesa y contiene interiormente una especie de mucílago, se abre por la mitad y se aplica a las gomas que regularmente se sitúan en las articulaciones, especialmente en las de las manos. A pocos días de la aplicación se verán desaparecer aquellas como por encanto.

444. Yerba de pasmo: el cocimiento de esta yerba se aplica interior y exteriormente para todas las afecciones espasmódicas. En las parálisis, tétanos, reumatismos crónicos, perlesía, etc., se administra en baños calientes e interiormente en cocimiento fuerte, o los polvos de la raíz en vino.

445. Yerba golondrina: nace regularmente en los empedrados de las calles y sirve su cocimiento para el reuma, tomado en buches; estos se usan especialmente para los dolores de muelas por causa fría. Los fomentos se aplican para el mismo mal y para las afecciones de la matriz. El licor lacticinoso que botan sus ramitos, untados en los cadillos, los destruye, surtiendo el mismo efecto aplicado a los callos con constancia.

446. Yerbaluisa: es un celebrado tónico para las afecciones estomacales, tomándose las hojas en infusión teiforme. En las indigestiones, resfriados, cólicos ventosos y al principio de algunas diarreas, este medicamento es singular.

447. Yerbameona: crece en los lugares fríos. Su tamaño es como hasta media vara; produce unos carricillos y en cada uno presenta dos hojitas oblongas como las más chicas del olivo, pero de menos consistencia. Así estas como las ramas, contienen un suco lácteo por lo cual la llaman también lechosa. La raíz cocida presta al agua una eficacia muy celebrada en la curación de la gonorrea y para disecar las úlceras de los riñones, uretra y vejiga; para hacer fluir las gonorreas suspendidas no hay remedio mejor. Celébrase también como un específico muy eficaz en las retenciones de orina y para hacer expeler la piedra o arenas de la vejiga.

448. Yerbamora: el zumo de las hojas se aplica para curar la culebrilla, la sarna, la tiña y otras erupciones cutáneas. Úsase también para destruir los chancros, en especial los de boca cuando son recientes. En los tumores inflamatorios se ponen cataplasmas de las hojas con migajón de pan y miel; y en las erisipelas, el zumo de las mismas con aceite violado, el cual se unta con unas plumas. Interiormente se toman de dos a cuatro cucharadas del zumo para evacuar la bilis y en los males del estómago. Los polvos de la raíz curan las úlceras. El cocimiento de las ramas sirve para baños en las articulaciones que sufren con el reumatismo.
Se instila en las orejas, en el dolor de estas partes. En el flujo inmoderado de los menstruos se introducen en la vagina pesarios empapados en el zumo de yerbamora. Sirve de menstruo en los colirios para las oftalmías crónicas. En el dolor de dientes se usa en gargarismos. La cataplasma de las hojas se ordena en las fístulas lagrimales, en el dolor de cabeza, puesta sobre la frente y sienes, en los dolores de estómago, sobre el epigastrio, y en los tumores inflamatorios, para resolverlos y calmar el dolor.

449. Yerba sagrada (véase pazote).

450. Yuca: la raíz, molida después de cocida, sirve para cataplasmas en las erisipelas y otras inflamaciones exteriores. La cataplasma del casabe (véase) humedecida con aguardiente de caña y vinagre, se usa para las irritaciones del hígado y en los panadizos. Las hojas puestas en la almohada provocan el sueño: a los niños se les ponen en toda la extensión de sus camitas y libertan a las madres de muchos desvelos e insomnios. Colocadas en la frente y sienes, hacen desaparecer los dolores de cabeza. Hay dos clases de yuca: la una, denominada amarga, que contiene principios narcóticos y venenosos, y es a la que me he contraído en lo que precede; y la otra, que se llama dulce y se coloca entre las raíces de uso común en nuestras comidas. Del casabe mohoseado, para lo cual basta guardarlo y envolverlo en hojas de plátanos u otras desde que sale del budare, o bien humedeciendo el ya seco y viejo, hacían los indios su más selecta chicha, la cual puede competir con el mejor vino. Para obtenerla se hace pedazos el casabe y se pone con un poco de dulce en agua tibia, dejándolo en las tinajas en que se hace esta operación hasta que fermente.

451. Yuquilla: tómase el cocimiento de esta raíz, antes machacada, para curar la gonorrea, el asma y los catarros crónicos del pulmón, haciendo en todos los casos expeler el humor por la orina (véase quiripití). Para excitar el flujo uretral suprimido, es eficacísimo medicamento agregándole la zábila. El mismo cocimiento se usa en lavativas para corregir las indigestiones.

452. Zábila: de las pencas u hojas mondadas y lavadas en varias aguas, se obtienen los cristales que entran en la composición de los jarabes para corregir el menstruo o excitarlo. La infusión de los mismos cristales (machacados en lo posible) en leche de vaca, se toma para las úlceras de los riñones y vejiga, y para la blenorragia. La zábila lavada y puesta a destilar sirve para colirios en las inflamaciones de los ojos, agregándole tres o cuatro cucharadas del líquido y un pedacito de piedra lipis hasta que tome un ligero color, el cual se extraerá tan luego como esto se efectúe; de este remedio se instilarán unas gotas en los ojos, tres veces al día. La misma destilación puesta en leche recién ordeñada y endulzada con azúcar o miel, se tomará en cantidad de un vaso en ayunas y otro al acostarse, para las afecciones pulmonares, las gonorreas y flores blancas. En estas enfermedades se administra también el expresado suco en cucharadas por mañana y noche, tomando en el primer caso agua de lechuga o de saúco; en los demás se beberá encima medio vaso de infusión de cardosanto o de almáciga, preparada desde la noche anterior. En la tisis declarada se aconseja también este medicamento como el único que en lo avanzado del mal puede alcanzar su curación; esto es si, además, se observa el régimen conveniente.
La zábila asada, pelada y aplicada con aceite de almendras a una apostema o contusión, la cura prontamente. También es eficaz para curar el cáncer en el estómago (véase cují).
La zábila bien lavada y puesta en pequeños pedazos en un cocimiento caliente de flores de saúco, para hacer un ponche con claras de huevo y un poco de aguardiente de caña, es un buen remedio para el pecho en sus resfriados y toses, y para excitar la gonorrea suprimida. El chocolate de zábila compuesto con unos cristales, una yema de huevo y azúcar, todo bien batido con un molinillo y agregándole agua caliente, es muy eficaz para los mismos males. El cocimiento de la raíz se toma para hacer evacuar los humores intestinales y curar las enfermedades de estos órganos. La zábila, bajo el nombre de áloe, entra en una multitud de medicamentos que en diferentes formas confeccionan los farmacéuticos.

453. Zanahoria: sus tallos se aplican sobre las mamas para detener el flujo de la leche en las paridas.

454. Zarza: esta planta es preciosísima y de mucha utilidad en la Medicina. Ella entra en todos los jarabes antivenéreos. Su cocimiento fuerte, administrado por cucharadas, basta muchas veces para la curación de graves enfermedades, obrando por medio de la transpiración y como un correctivo de los humores pecantes. La infusión simple tomada interiormente o aplicada en fomentaciones, alivia las irritaciones y calma los dolores del reuma, los de las muelas y otros venéreos. Los polvos tomados en dosis de una cucharada por mañana y noche con otra de los de azúcar, y bebiéndose encima una media copa de agua de polipodio, cura el mal venéreo; si se incorporan los polvos a un vaso de leche con la añadidura de dos cucharadas de miel de abejas, se hará más eficaz este remedio.
Entre la multitud de jarabes y otras medicinas que se confeccionan con la zarza, merecen especial mención los polvos antivenéreos de Olivens, que tan benéficos resultados producen a la humanidad, purificando el cuerpo en breve tiempo de los más nocivos y perjudiciales humores. Estos polvos se encuentran en las boticas; pero, no obstante, pondré aquí el modo de prepararlos.
Se toma una onza de zarza, otra de sen, otra de sasafrás y dos y media dracmas de jalapa, todo bien pulverizado y cernido; se forman con estos ingredientes dieciocho papeletas, para tomarlas en nueve días, una en ayunas y otra al acostarse, incorporándose el contenido de cada papeleta a un vaso de cocimiento de zarza y polipodio hecho de esta manera: en tres botellas de agua se ponen dos y media onzas de zarza machacada y cinco de polipodio, y se cuece hasta reducir el líquido a la mitad. Este cocimiento se hace diariamente, así para tomar la expresada papeleta, en cuyo caso puede endulzarse aquel como para beberlo por agua ordinaria. Con estas papeletas tomadas por un novenario y repetidas quince días después, se curan radicalmente las bubas sin que haya que temer resultas de ninguna especie; también sanará cualquier otro mal venéreo por inveterado que sea.
Hay otras papeletas para el venéreo, sumamente apreciadas, que se componen así: tómanse cuatro onzas de cada uno de los siguientes ingredientes: zarza, sen, arroz, almidón y azúcar; estando todo bien pulverizado, reunido y cernido, se comparte en dieciocho papeletas, que se han de tomar en nueve días en cocimiento de zarza y polipodio, una taza en ayunas y otra al acostarse; el cocimiento se hará poniendo los ingredientes en infusión de agua hirviendo hasta que tome color. De ella se tomará comúnmente. El enfermo deberá mantenerse en abrigo.
Se confecciona también una tisana maravillosa para curar todas las enfermedades venéreas, del modo siguiente: se ponen a fuego lento en olla vidriada tres botellas de agua, dos onzas de zarza rajada y en pequeños fragmentos y una onza de corteza de sasafrás, también en pedazos. Cuando haya disminuido el líquido una tercera parte, se apea, se cuela y se le agrega una cucharada grande de crémor tártaro, o sea, media onza. El bagazo con cuatro botellas de agua, vuelve a ponerse al fuego hasta que se reduzca a la mitad, y entonces se hace lo mismo que con el primer cocimiento en todas sus partes; luego se reúnen las cuatro botellas y, cuando la tisana esté fría, se embotella para tomar un vaso cuatro veces al día: el primero, al levantarse; el segundo, a las diez de la mañana; el tercero, a las cuatro de la tarde, y el cuarto, al acostarse, cuidando siempre de que por lo menos hayan pasado tres horas de la anterior comida.

455. Zarahueca: es una especie de bejuco que regularmente se produce a orillas de los ríos y arroyos, o en otros lugares húmedos. Tomado un pedazo y machacado en infusión fría de agua natural, se bebe con el fin de corregir la sangre y disponerla para la administración de otras medicinas. Aun sin este motivo, se toma la bebida muchas veces como un eficaz refrigerante. También se aplica esta para curar las gonorreas y las flores blancas tomándola tres veces al día en infusión fría, bien machacada antes.

456. Zorrino o zorrillo: es el animal que acá llamamos mapurite. El hígado pulverizado y tomados los polvos en dosis de una pulgarada en una taza de agua tibia, es un sudorífico sumamente eficaz y sirve para el espasmo, afecciones del pecho, catarro, fiebres y demás enfermedades en que convenga excitar la transpiración. Los mismos efectos causa el hueso de la cadera del mismo animal pulverizado, y tomado en la dosis ya expresada.
Ha habido casos de fiebre en que este específico ha obrado prodigios.


INDICE ALFABETICO

A
1. Abejas 
2. Avispones 
3. Abrojo 
4. Abrojillo 
5. Acedera 
6. Aceites 
7. Acelga 
8. Aceite de palo o sea bálsamo de copaiba 
9. Acero 
10. Achote 
11. Agallas 
12. Ajenjo 
13. Agua natural 
14. Aguacate 
15. Aguardiente de caña 
16. Ajonjolí 
17. Ajos 
18. Albahaca 
19. Alcornoque 
20. Algalias 
21. Algarrobo 
22. Algodón 
23. Almáciga 
24. Almidón 
25. Alhucema 
26. Amargosa 
27. Amapola 
28. Amores secos 
29. Angelón 
30. Anís 
31. Añil 
32. Apio
33. Arañagato 
34. Artemisa 
35. Arroz 
36. Astroloja 
37. Auyama 
38. Azafrán 
39. Azahares
40. Azajarito 
41. Azogue 
42. Azúcar 
43. Azucena 
44. Azufre
 

45. Bálsamo 
46. Bandolera 
47. Barbasco 
48. Batata 
49. Batatilla 
50. Bejuco de cadena 
51. Bejuco del diablo 
52. Bejuco estrella 
53. Bejuco moreno 
54. Berenjena 
55. Berros 
56. Biznaga 
57. Bola de ganado 
58. Boro 38
59. Borraja 38
60. Borrajón 38
61. Bosta de vaca 38
62. Bosúa 39
63. Botonera 39
64. Bretónicas 40
65. Brusca
 

66. Cabro 
67  Cacao 
68. Cacha de cuchillo 
69. Cachicamo 
70. Cadillo 
71. Cadillo de perro 
72. Café 
73. Caimán 
74. Caimito 
75. Calabaza 
76. Cal 
77. Calahuala 
78. Camasa 
79. Cambures 
80. Campeche 
81. Cancanapire 
82. Cangrejos 
83. Caña dulce 
84. Caña amarga 
85. Caña de malojo 
86. Caña de la India 
87. Cañafístola fructífera 
88. Cañafístola macho 
89. Capacho 
90. Caraña 
91. Carbón 
92. Cardosanto 
93. Cariaquito 
94. Caricarito 
95. Carnero 
96. Carnestolendo 
97. Caro 
98. Caroca 
99. Castigüire 
100. Caturhe 
101. Caujuro 
102. Casabe 
103. Cazabizo 
104. Cebada 
105. Cebadilla 
106. Cebolla 
107. Cebollín 
108. Cedro 
109. Ceibo 
110. Celedonia 
111. Cenicera o cenicienta 
112. Ceniza 
113. Cera 
114. Cereza 
115. Cerraja 
116. Challota o challote 
117. Chicoria 
118. Chiquichique 
119. Chirca 
120. Chirel 
121. Chivatera 
122. Chofita 
123. Chuspa 
124. Cidra 
125. Ciprés 
126. Ciruelo 
127. Ciruelo de fraile 
128. Claveles 
129. Claveles de muerto 
130. Cobalonga 
131. Coco 
132. Coco de mono 
133. Cocuy 
134. Cocuiza 
135. Col 
136. Colombo 
137. Cominos rústicos 
138. Coneja 
139. Conejo 
140. Congolocho negro 
141. Conopia 
142. Contrayerba 
143. Concha de morrocoy 
144. Copey 
145. Coralito 
146. Corazoncillo 
147. Cordoncillo negro 
148. Corocillo 
149. Corozo 
150. Cremón 
151. Cruceta real 
152. Cruceta blanca 
153. Cucaracha 
154. Cuajo 
155. Cuerno de ciervo 
156. Cuerno de ganado vacuno 
157. Cují 
158. Culantrillo 
159. Culantro 
160. Culebra 
161. Cundiamor 
162. Curara 
163. Curbinata 
164. Curía 
165. Currucal 
166. Cusparia
 

167. Danta 
168. Dátiles 
169. Deshinchadera 
170. Dividive 
171. Doradilla 
172. Durazno
 

173. Eneldo 
174. Erizo 
175. Escoba amarga 
176. Escoba babosa 
177. Escobilla 
178. Escorzonera 
179. Espadilla 
180. Espadón 
181. Espárrago 
182. Esponja de mar 
183. Espino 
184. Esponjilla 
185. Estiércol de asno 
186. Estiércol de caballo 
187. Estiércol de cabra 
188. Estiércol de cerdo 
189. Estiércol de gallina 
190. Estiércol de iguana 
191. Estiércol de paloma 
192. Estiércol de pato 
193. Estiércol de pavo
194. Estiércol de perro 
195. Estiércol de ratón 
196. Estiércol de vaca
 

197. Feregosa o fregosa 
198. Fistolera 
199. Floripondio 
200. Fresas 
201. Fruta de burro
 

202. Galápago 
203. Galicosa o bandolera 
204. Gallo 
205. Garbanzos 
206. Jengibre 
207. Jengibrillo 
208. Girasol 
209. Golondrina 
210. Grama 
211. Granada 
212. Greda 
213. Grillo 
214. Guaco 
215. Guaica 
216. Guajira 
217. Guamacho 
218. Guanábano 
219. Guapota 
220. Guapito 
221. Guarataro 
222. Guaritoto 
223. Guarichi 
224. Guásimo 
225. Guatamare 
226. Guayabita arrayán 
227. Guayabo 
228. Guayacán
 

229. Helecho 
230. Hidrópica 
231. Hierro 
232. Higuera 
233. Higuerote 
234. Hinojo 
235. Hormigas 
236. Huele-huele 
237. Huevo de gato
238. Huevo de gallina 
239. Huevo de hormiga 
240. Huevo de pavo 
241. Huevo de sapo
 

242. Iguana 
243. Indio desnudo 
244. Incienso 
245. Incienso macho 
246. Issocá
 
J
247. Jabón 
248. Jabillo 
249. Jazmín encarnado 
250. Jazmín real 
251. Jobo 
252. Juan de la calle 
253. Juan Zamora
 

254. Lavandera 
255. Lagartijos 
256. Lágrimas de San Pedro 
257. Leche 
258. Lecherote 
259. Lechuga 
260. Lechuza 
261. Lejía 
262. Llantén 
263. Lima 
264. Limón agrio 
265. Limón dulce 
266. Lirio 
267. Lombricera 
268. Lombrices
 

269. Maguey 
270. Maíz 
271. Majagua 
272. Malojillo 
273. Malojo 
274. Malva 
275. Mamey 
276. Mamón 
277. Manatí
278. Mango 
279. Maní 
280. Manire 
281. Manteca 
282. Manzana 
283. Manzanilla 
284. Mapurite 
285. Mara 
286. Maro 
287. Marrubio
288. Mastranto 
289. Mastuerzo
290. Mata de miel 
291. Mata de queso 
292. Matejea 
293. Mato de agua 
294. Maya 
295. Mechoacán 
296. Mejorana 
297. Melón 
298. Membrillo 
299. Merey 
300. Miel de abejas 
301. Miel de caña 
302. Millo 
303. Mirasol 
304. Moco de pavo 
305. Mono 
306. Morrocoy 
307. Moscas 
308. Mosqueta 
309. Mostaza 

N
310. Naranjo 
311. Nabos 
312. Necha 
313. Nigua 
314. Níspero
 
Ñ 
315. Ñaragato 
316. Ñongué
 

317. Ocumo 
318. Ojo de zamuro 
319. Olivo 
320. Ollita de mono 
321. Onoto 
322. Orégano 
323. Orina 
324. Orosús 
325. Ortiga
 

326. Paja brava 
327. Palo de cruz 
328. Panallo 
329. Palomo 
330. Papaya 
331. Papelón 
332. Paramán 
333. Parcha 
334. Parra 
335. Pasaña 
336. Papilla 
337. Pazote 
338. Pegapega 
339. Peonía 
340. Pepa de cola 
341. Pepino 
342. Pepitas de San Cristóbal 
343. Pepitas de Perijá 
344. Perejil 
345. Pereza 
346. Pezuña de ganado vacuno 
347. Picapica 
348. Pico de frasco 
349. Piedra de águila 
350. Piedra de iguana 
351. Piedra oriental 
352. Piña 
353. Piñones 
354. Pira 
355. Pitahaya 
356. Poleo 
357. Polipodio 
358. Pucherí 

Q
359. Quebebes 
360. Quemadura 
361. Queso 
362. Quimbombó 
363. Quina 
364. Quinchoncho 
365.Quipito 
366. Quiripití
 

367. Rábano 
368. Rabo de alacrán 
369. Rabo de iguana 
370. Rabo de zorro
371. Rabo de cachicamo 
372. Raíz de mato 
373. Raíz de lagartijo 
374. Ranas 
375. Ratón 
376. Repollo 
377. Resina de copey 
378. Resina de mamey 
379. Retama 
380. Romero 
381. Rompesaragüelo 
382. Rosa 
383. Rosa de Berbería 
384. Rosa de montaña 
385. Ruda

 

386. Saúco 
387. Sal común 
388. Salvaje 
389. Salvia 
390. Samuro 
391. Sangre de drago 
392. Sanguinaria 
393. Santamaría 
394. Sapata 
395. Sapo 
396. Sarrapia 
397. Sasafrás 
398. Sauce 
399. Sebo 
400. Secua o necha 
401. Siempreviva 
402. Suelda-con-suelda 
403. Supí
 

404. Tabaco 
405. Tacamahaca 
406. Tamarindo 
407. Tártago
408. Tebenque 
409. Tegüe 
410. Temblador 
411. Testículo de caballo 
412. Tigre 
413. Toda-especie 
414. Tomate 
415. Tomillo 
416. Topotopo 
417. Torco 
418. Toronjil 
419. Tostón 
420. Totumo 
421. Trigo 
422. Triquitraqui 
423. Trompillo 
424. Tuatúa 
425. Tuna 
426. Tusilla 
427. Tuturutu
 

428. Uvero
 

429. Vainilla 
430. Valeriana 
431. Venado 
432. Verbena 
433. Verdolaga 
434. Verdolaga de cabra 
435. Verdolaguilla 
436. Vinagre 
437. Vinagrillo 
438. Violetas 
439. Viravira
 

440. Yagrumo 
441. Yerbabuena 
442. Yerba de clavo 
443. Yerba de gomas 
444. Yerba de pasmo 
445. Yerba golondrina 
446. Yerbaluisa 
447. Yerbameona 
448. Yerbamora 
449. Yerba sagrada 
450. Yuca 
451. Yuquilla 

Z
452. Zábila 
453. Zanahoria 
454. Zarza 
455. Zarahueca 
456. Zorrino o zorrillo 


Índice de las enfermedades o afecciones (números que hacen referencia a los medicamentos)


A
Afecciones intestinales: 24,28,65,70,73,76,176,211,236,257,262,310 362,380,382,406,408,421 Albarazos: 226,317 
Apostemas internas: 54,108,127,131,185,420,432,452 
Abocaciones del útero (véase órganos genitales) Abortos (prevención): 16,23,89,134,154,249,279,281,318,382 
Almorranas (véase hemorroides) Angina: 24,35,74,110,209,309,316,349,352,407,432,436 Antihelmíntico: 12
Apoplejías: 8,22,95,212,299,309,404,430
Asma: 8,10,13,21,42,44,45,61,72,73,92,131,132,153,158,184,257,271 281,305,307,316,317,318,320,324,356,376,380,388,390,399,451
Astricciones del vientre (véase opilaciones)
Astringentes: 3,11,19,74,80,89,111,114,170,226,257,262,276,279 298,382

B

Barros: 191,200,282,399,407
Bazo: 33,73,122,158,212,227,289,309,381,407,440
Bicho (véase lombrices)
Bilis: 172,218,310,448
Blenorragia (véase gonorrea)
Blenorrea: 3,23,356,364,420,442 238
Boca y sus enfermedades: 3,10,91,207,250,319,344,437,438 
Bronquitis (véase asma) Bubones: 112,131,133,261,399 

C
Cabellos: 14,16,67,76,157,221,226,389 
Cabeza, sus dolores y demás afecciones: 10,13,32,33,43,72,89,135 138,145,150,188,199,244,248,265,282,296,310,333,334,363,382,387 389,393,404,405,414,428,432,433,441,448,450 
Cadillos (véase callos) 
Caídas (véase porrazos) 
Calambres (véase nervios) 
Cálculos de la vejiga (véase vejiga) 
Calenturas (véase fiebres) 
Callos: 6,13,76,84,113,232,233,318,377,383,397,421,445 
Cámaras de sangre: 22,35,137,392 
Cánceres: 26,63,92,157,187,208,229,317,441,452 
Cangro (véase cánceres) 
Carbunclos: 289,291,399 
Caspa: 380,414 
Cataratas (véase ojos) 
Catarros: 13,16,28,29,42,64,113,211,228,244,317,324,356,380,399 421,451,456 
Cefaleas (véase cabeza) 
Chancro: 171,238,299,360,404,414,448 
Clavos (véase callos) 
Cirro (véase tumores) 
Criadoras (lactancia de los niños): 16,32,173,195,205,380,421 
Cólera asiático, cólera morbus: 13,22,26,142,214,241,372,426 
Cólicos: 6,8,12,39,47,56,65,79,88,131,135,137,156,173,177,184,197 202,206,212,247,263,265,281,292,293,318,337,339,349,358,376 396,401,402,404,407,446 Contunsiones (véase porrazos) 
Convulsiones: 8,22,268 
Corazón, sus opresiones y palpitaciones: 34,39,143,211,281,301 
Corrimientos (véase muelas) 
Costado (véase pleuresía) 
Cotos (véase paperas) Culebras (véase mordeduras de animales) 
Culebrilla: 264,448 

Dentadura: 187,201,207,391,415
Dentición de los niños: 37,109,204,262,395,412 
Diabetes: 195,279,380 
Diarreas: 6,10,12,13,14,22,23,24,35,37,41,47,50,52,59,70,73,74,76 79, 80,81,91,101,104,111,114,130,131,136,137,142,148,151,157,158 166,170,177,194,197,205,211,214,218,224,226,227,238,244,257,262 264,276,286,289,298,299,300,302,318,331,334,337,338,355,368 370,373,382,384,391,398,404,405,406,418,421,425,426,436,446 
Dientes (véase dentadura y muelas) 
Disentería (véase diarreas) 
Dislocaciones: 27,84,97,119,144,165,233,332,337,361,368,402,405 
Disuria (véase orina) 
Dolores ciáticos: 242,284,289,299,323 
Dolores de huesos: 155 240 

Elefancía: 84,108,160,255 
Embriaguez: 260,334,374,390,421 Empacho: 135,354,424,432
Empeines: 41,47,92,189,191,238,299,313,341,367,408,436 Encías: 204,238,300,380,415 
Epidermis: 247 
Epilepsia: 14,45,92,130,142,143,155,167,174,193,204,257,268 306,339,348,349,356,373,374,389,390,404,426,430,431 
Erisipela: 2,10,13,24,48,61,84,87,131,139,212,316,328,344,395,401 406,448,450 
Erupciones: 67,147,228,309 
Escaldaduras (véase escoriaciones) 
Escorbuto: 55,250,257 
Escoriaciones: 6,28,226,262,291,380 
Escrófulas: 55,140,255,266,323,395,400,411 
Espasmos: 20,73,90,130,148,153,155,156,206,214,225,243,253,268 285,305,318,332,339,368,371,373,389,404,417,426,429,444,456 
Esputos de sangre (véase pulmones) 
Esquinencias (véase angina) 
Estómago, sus enfermedades: 12,13,30,32,45,56,67,72,124,130,137 148,164,173,177,178,186,201,206,207,231,234,264,265,272,283,289 292,298,300,356,358,372,380,385,396,417,418,421,441,448 
Estreñimiento: 6,13,55,323,330 
Excrecencias: 141 

Fiebres: 10,13,44,47,52,57,59,64,81,86,88,92,93,118,130,136,149,151 158,166,179,208,212,218,261,284,309,310,338,346,352,363,368,370 372,386,404,408,421,424,425,426,429,432,456 
Fístulas: 64,121,134,182,187,317,390,448 
Flatos: 12,17,59,128,142,184,231,234,263,264,265,281,310,358,401 418,426 
Flores blancas: 8,9,11,23,45,87,88,185,222,224,231,310,325,366,452,455 
Flujos de sangre y otros (véase hemorragias) 
Fracturas (véase quebraduras) 

Garganta (véase angina) 
Gastritis (véase estómago) 
Gonorrea: 8,15,63,76,86,88,121,205,222,238,325,447,451,452,455 
Gota (véase epilepsia) 
Gusanos (véase lombrices) 

Hemorragias: 16,50,71,76,93,95,111,134,154,155,157,162,185 187,188,205,222,224,226,231,249,262,277,279,289,318,325,368 370,374,382,384,391,402,419,421,426,438 
Hemorroides: 11,13,15,20,32,44,54,67,73,119,134,152,156,170,183 237,265,309,316,318,345,353,379,380,390,392,399,404,438 
Heridas: 6,8,17,31,42,76,92,113,130,133,134,157,161,233,238,251 262,270,331,361,382,384,391,397,399,402,404,405 
Hernias: 233 
Herpes: 105,172,249,309,316,404 242 
Hidrofobia o mal de rabia: 71,105,130,134 
Hidropesía: 12,43,77,88,101,122,171,177,184,208,227,228,230,268 280,309,341,344,353,359,379,386,398,407,424,426,440 
Hígado: 3,4,7,55,61,64,71,75,83,89,102,103,104,131,158,171,176,200 212,214,218,224,247,257,259,263,264,265,274,282,297,309,310,314 333,339,340,341,352,360,362,367,381,392,406,414,419,425 433,437,450 
Hipo: 155 
Hinchazones: 2,3,61,103,112,134,152,161,169,232,238,242,247,252 316,324,344,387,423,428,432 Hipocondría: 92,128,231,418,432 
Histérico o histerismo: 65,130,148,175,270,339,356,371,380,385 393,404,418 

Ictericia: 10,18,96,126,158,218,221,227,304,310,322,323,352,384 406,432 
Ijada: 8,65,135,137,191,238,282,296,326,349,356,385,404 
Impotencia: 15,231 
Incontinencia: 325,375 
Incordios (véase bubones) 
Indigestiones: 323,337,417,446,451 
Inflamaciones: 3,13,36,48,78,84,87,89,110,115,118,131,262,386 414,434,450 
Insomnio: 32,87,159,199,259,450 
Irritaciones: 5,6,37,169,179,200,211,257,265,274,281,297,316,334 341,369 

Jaqueca (véase cabeza) 

Laceraciones (véase escoriaciones) 
Lombrices: 9,12,15,32,37,41,106,155,172,197,201,211,212,214,215 229,231,249,262,264,267,294,310,330,334,337,347,393,404 407,421,433,441 
Loquios: 65,205,224,440 

Mal aliento: 323,372 
Mamas: 232 
Manchas: 23,35,191,226,235,238,341,407,425 
Matriz: 9,34,146,266,301,349,445
Melancolía (véase hipocondría) 
Menstruo: 5,8,10,14,32,35,40,63,64,65,72,79,88,92,93,98,112,115 125,130,131,133,137,147,149,158,159,171,178,181,185,214,224,231 237,261,284,289,290,300,301,309,310,313,322,331,344,356,366 368,370,381,384,385,420,430,438,439,440,442,448,452 
Muelas: 24,32,47,103,108,130,155,188,221,232,237,244,256,259 296,342,361,364,380,405,407,415,438,445,454 
Mordeduras de animales: 71,73,76,82,130,142,155,201,214,226,229 314,317,318,404,409,426 

Nervios: 6,8,12,13,18,39,47,81,159,184,203,206,231,248,252,268 310,332,397,399,430 244 
Nefritis (véase riñones) 
Nubes (véase ojos) 

Oídos: 6,22,30,33,68,69,73,95,106,107,108,141,153,159,160,226,234 235,238,239,242,257,281,296,309,322,353,356,367,381,385,393 404,407,421,441,448 
Ojos: 3,18,24,42,62,64,73,93,108,110,115,157,226,234,238,244,250 262,265,266,296,317,370,380,382,385,386,394,405,433,448,452 Olfato: 296 
Opilaciones: 12,228,331,349,397,417,430 
Orina: 1,18,22,32,40,45,47,63,65,66,67,72,79,83,84,85,86,87,88,92 93,153,163,176,181,190,195,202,204,205,210,213,221,224,228,231 237,242,257,258,270,273,279,301,309,310,322,323,325,334,344 349,350,352,364,367,374,375,380,389,408,447,451 
Órganos genitales: 38,64,177,187,231,279 
Orzuelos (véase ojos) 

Panadizos (véase tumores) 
Paños (véase manchas) 
Paperas: 22,141,160,182,318,357,400,411
Parálisis (véase perlesía) 
Paridas (véase partos) 
Partos: 34,45,86,108,130,168,186,224,349,357,368,389,404,407,410 411,420,453 
Partes genitales (véase órganos genitales) 
Pecho: 421,425,438,456 
Pectorales: 27,29,37,42,74,83,278,298,388,438 
Perlesía: 8,18,21,81,92,94,130,172,184,191,208,212,214,243,248,251 281,288,389,397,444
Picaduras (véase mordeduras de animales) 
Piedra de la vejiga: 34,66,92,186,191,194,222,309,326,329 367,379
Pituita: 7,64,182,296 
Pleuresía: 8,10,93,186,191,238,246,282,309,385,387 
Porrazos: 6,14,18,19,77,138,161,162,214,270,281,331,361,367,368 382,387,388,432,434,436,440,452 Preñez (véase partos) 
Priapismos (véase satiriasis) 
Pujos: 28,33,50,70,74,79,91,102,104,114,131,187,211,214,238,244 257,262,264,265,286,300,318,331,334,353,355,373,382,384,385 404,420,421,425,426,436 
Pulmones: 5,16,18,21,45,59,87,92,108,168,200,232,238,282,290 325,368,452 
Purgantes: 32,49,67,87,92,131,147,216,248,249,251,300,308,313 331,343,353,387,389,406,407,424 

Quebraduras: 27,160,226,286,349,366 
Quemaduras: 6,10,21,22,27,48,67,76,79,112,144,157,161,238,266,334 353,436 246 

Recto: 8,10,79,91,221,238,257,352,391 
Resfriados: 16,148,156,337,373,385,386,435,446,452 
Reumatismo: 8,13,18,22,23,25,34,36,47,50,51,61,77,81,93,125,127 144,161,164,203,214,228,252,256,262,264,284,296,309,342,364 371,376,380,381,402,405,407,430,441,444,445,448,454 
Riñones: 67,158,208,238,270,293,326 
Romadizo (véase catarros) 
Rompedura (véase quebraduras) 
Ronquera: 27,44,90,322,356,380 

Sabañones: 311,317,395 
Sangre: 257,325,340,388,455 
Sarampión: 142,426 
Sarna y otras enfermedades cutáneas: 31,37,41,44,47,78,84,91,105 110,118,130,158,172,176,192,240,247,263,275,281,309,310,313 322,323,331,341,368,381,404,414,436,448 
Satiriasis: 18,398 
Sífilis (véase venéreas) 
Síncope: 24,175 
Sordera (véase oídos) 
Solitaria (véase lombrices) 
Sudores: 13,39,43,65,92,164,179,270,283,338,370,371,386,397,401 435,438 

Testes (véase órganos genitales) 
Tétano: 8,20,22,45,73,129,142,237,371,372,373,381,389,404,426,444 
Tiña (véase sarna y otras enfermedades cutáneas) 
Tisis: 19,257,262,297,317,324,389,452 Tos: 6,15,29,42,67,113,238,258,324,364,376,399,404,452 Tullimiento (véase perlesía) 
Tumores: 18,23,38,54,84,95,97,103,120,121,131,133,134,141,152,158 162,164 191,247,252,261,262,270,286,300,316,322,324,381,382,387,399 404,405,406,407,421,423,428,432,434,448,450 

Úlceras: 8,19,26,28,31,48,58,61,63,65,72,76,79,84,91,92,96,108,113 119,120,121,126,134,162,211,217,224,238,250,251,262,270,300,317 353,360,363,376,380,382,391,395,397,398,421,424,432,447,452 
Uñeros: 113 Útero: 160,187,222 

Vahídos: 30 
Vejiga: 47,74,153,158,219,314,447 
Venenos (sus contras): 6,34,73,84,124,142,257,285,312,349,372,400 
Venéreas (enfermedades): 41,50,53,65,77,88,112,134,147,171,178,201 202,206,210,228,243,274,430 Ventosidades (véase flatos) 
Verrugas: 76,232,233,262,368,398 
Vientre: 236,298,382 
Viruelas: 142,186,426 
Vómitos: 187,206,241,286,372,382 
Vomitivos (vomipurgativos): 12,14,61,88,92,108,177,184,343,353,386,400 424,427,432







El jengibre

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